El jardín del Edén llega a Balenciaga

El museo acogió la última colección de Jorge Vázquez y una muestra inédita de Isabel Zapardiez

Las mejores imágenes de los desfiles de Jorge Vázquez e Isabel Zapardiez en Balenciaga. /
Las mejores imágenes de los desfiles de Jorge Vázquez e Isabel Zapardiez en Balenciaga.
Estrella Vallejo
ESTRELLA VALLEJO

Christian Dior dijo una vez que la alta costura es como una orquesta cuyo director es Cristobal Balenciaga y los demás modistos son los músicos que siguen las indicaciones que él les dio. Este jueves el maestro de Getaria vio nuevamente su museo transformado en pasarela y volvió a marcar el compás, batuta en mano, durante la actuación de dos grandes solistas: Jorge Vázquez e Isabel Zapardiez, quienes protagonizaron uno de los platos fuertes de una nueva edición de San Sebastián Moda Festival.

Ante la atenta mirada de los 360 invitados que estudiaron al detalle cada conjunto, el diseñador gallego trajo a Donostia la colección mostrada en la Madrid Fashion Week a finales de septiembre. Su última creación avanzó las tendencias que marcarán el estilo en la primavera-verano del próximo año, con las que volvió a deslumbrar en un sofisticado Museo Balenciaga.

Inspirado en un jardín francés, como también pudo comprobarse en la decoración de la pasarela, Vázquez definió las prendas presentadas como «ultrafemeninas», dirigidas «a todas las mujeres que quieren vestir moda atemporal con la que verse guapas y favorecidas».

Estampados florales, tules, flores superpuestas, pañuelos y gafas de sol al puro estilo años 50, con recogidos bajos y prendas femeninas, recordaron a muchos de los invitados a figuras tan representativas en la historia de la moda como Audrey Hepburn o Jackie Kennedy.

Durante algo más de media hora, las modelos fueron mostrando la colección del modisto, quien desfiló por primera vez en Gipuzkoa y confesó que esperaba un buen recibimiento por parte del público. «Deseo que a la gente le guste mi colección y que lo que se vea en GdM Donostia Moda Festival sirva para que en un futuro pueda abrir un punto de venta propio aquí», que se sumaría a la red de tiendas con las que ya cuenta en Madrid, A Coruña y Palma de Mallorca.

Tras un receso, el Museo Balenciaga pasó de ser la bucólica campiña francesa a otro jardín que, en este caso, atesoró los secretos de Isabel Zapardiez. La modista donostiarra celebró los quince años que ha dedicado a la profesión y lo hizo presentando una colección elaborada expresamente para la ocasión bajo el nombre ‘My secret garden’, con una puesta en escena muy elaborada que consiguió trasladar a los invitados a un jardín exótico. Para ello, además de deslumbrar con los 21 looks y los catorce vestidos «emblemáticos», la pasarela se aromatizó en momentos puntuales del desfile, lo que contribuyó a crear el ambiente deseado por la diseñadora.

Haciendo honor a su nombre, la muestra fue uno de los secretos mejor guardados de la noche. Zapardiez ya había advertido de que una parte se trataba de una colección «inédita» y otra, era una representación de los vestidos más representativos que se identifican con momentos relevantes de su vida profesional. «Quizás no sean los más vistosos, pero han marcado un momento concreto de mi vida, han sido un punto de inspiración o de ahí surgieron nuevos proyectos e ideas», explicó.

Entre ellos, los invitados pudieron ver un abrigo de paño verde con cuerpo ajustado, falda capa y mangas importantes, rematado con un bordado floral artesanal, un recuerdo de su primera colección siendo estudiante. Otra pieza especial es el vestido de cierre; un clásico de novia con escote barco, manga francesa y gran cola, inspirado en Balenciaga, un leitmotiv constante en el trabajo de Isabel Zapardiez.

Invitados de excepción

Pero además de la colección elegida, donde predominaron los diseños para invitada y ocasiones especiales, y la apuesta por los complementos como protagonistas de la imagen, en la pasarela también estuvieron presentes algunas de las personas que han acompañado y hecho posible la evolución de la modista, además de todas las mujeres que han pasado por su atelier durante todos estos años.

Así, mientras las modelos avanzaban por la pasarela tatuadas por Félix Plano, los diseños eran completados con el peinado y maquillaje de la estilista Marta G, que también fue la artífice de hacer brillar la colección de Jorge Vázquez, y quien lleva años vinculada al mundo de la moda. Por su parte, Mikel Erentxun fue el encargado de poner la banda sonora, junto con el sonido terapéutico tibetano de Rocío Larrañaga y la guitarra de Joseba Irazoki, entre otros.

Para Zapardiez poder desfilar, como ella dice, en la casa del maestro «es un lujo». Tras pasar recientemente por el museo Yves Saint Laurent y la exposición de Dior, también en París, que le resultaron fantásticos, no le tembló la voz al afirmar que «lo que tenemos nosotros en casa sí que es una pasada». La diseñadora reconoció que estar sobre la pasarela en el Museo Balenciaga «es como respirar parte de esa creación que fue tan brutal y salvaje». Y fue allí, donde precisamente quiso recrear «ese lugar secreto donde germinan las ideas y florecen los proyectos, un lugar de encuentro con personas que hacen posible ser y estar, en lo profesional y en lo personal. Crear marca, empresa y familia», dijo Zapardiez, para quien esta colección ha supuesto bucear en su pasado para hacer «un ejercicio de búsqueda hacia el futuro».

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