Dios salve su estilo

Dios salve su estilo

Angela Kelly cumple 25 años cuidando la imagen de la reina Isabel II, un discutido icono de moda

N o tiene que ser nada fácil elegir la ropa que ha de ponerse cada día una mujer que viste igual en todas sus apariciones públicas desde el 2 de junio de 1953 sin caer en la monotonía. Si a eso se suma que la clienta en cuestión se trata de una reina -Isabel II- y todo un icono de moda -por muchas discrepancias que despierte su personal estilo-, la suerte está echada. A esto se dedica desde hace 25 años Angela Kelly. La asistenta personal de la soberana británica es mucho más que su diseñadora de cabecera. La prensa inglesa la ha descrito como la «confidente», por confiarle todos los detalles de su imagen. Kelly, de 65 años, divorciada tres veces y procedente de una familia muy humilde de Liverpool, aunque ahora resida en un lujoso complejo de apartamentos de Windsor, cerca de la residencia real, trabaja en un asunto casi de Estado. Al servicio de su Majestad desde 1993 y con nula licencia para fallar, no puede permitirse el mínimo error en los momentos clave, que, en realidad, son casi todos, porque no la deja ni a sol ni a sombra. La acompaña también en muchos de sus desplazamientos privados.

Kelly conoce las limitaciones que impone el cargo. Soltó algunas perlas en el libro 'Dressing the Queen: The Jubilee Wardrobe' (Vistiendo a la reina: el guardarropa real), donde advertía desde la necesidad de conocer las connotaciones simbólicas que tiene cada color en los distintos países hasta asegurarse de que siempre utilice paraguas transparentes, para que sus súbditos puedan verle la cara. Si sus faldas nunca han subido por encima de sus rodillas, sus escotes siempre han sido modestos y sus abrigos, perfectamente previsibles, no le queda más opción que reafirmar la corrección y solemnidad como código de estilo. Es la impronta que abandera la monarca, según Eugenia de la Torriente, directora de la edición española de 'Vogue'. «Acaso el mayor rasgo estilístico es su fidelidad. Defiende una fórmula reconocible, basada en colores sólidos y vivos -un estudio reveló que solo lleva estampados un 13% de las veces-, broches y perlas en el cuello y un bolso que parece siempre el mismo». Tira mucho del azul Klein, amarillo pollo, verde lima y rojo pasión. Colores llamativos para ser reconocida fácilmente entre la multitud. «Si vistiese de beige, nadie sabría dónde estoy», suele bromear Isabel II.

Con estas claves, es lógico preguntarse qué margen de maniobra le queda a Kelly, que le ahorra todos los años 250.000 libras esterlinas en vestuario. Un asunto nada baladí para una mujer que gasta fama de austera. Si empezó como una de sus vestidoras hasta convertirse en 2002 en la primera en recibir el rimbombante título de ayudante personal, asesora y comisaria de la reina en joyería, insignias y vestuario es porque han alcanzado un grado de complicidad total. Hoy no solo le ayuda a elegir su ropa. También diseña muchos de sus trajes. Puso su firma, por ejemplo, al conjunto y sombrero amarillos que lució en la boda de los duques de Cambridge, al vestido blanco de gala bordado que llevó en el banquete en honor de los Reyes de España el pasado verano o el modelo de color melocotón con el que deslumbró en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres'2012.

La prueba del ventilador

Pocas opciones, en cualquier caso, porque el estilismo de la reina es de manual. Si acude a un hospital opta por tonos brillantes para que la puedan identificar los pacientes con problemas de visión. Suele vestir zapatos viejos (negros, la mayoría de las veces), porque le resultan más cómodos, y con tacones, como mucho, de cinco centímetros. Sus clásicos bolsos de mano -típica 'it bag' cuadrada y negra- incorporan asas largas para que no se le enganchen en los puños. Tampoco ha cambiado el peinado desde su coronación. Lo lleva así desde hace 65 años para tener la cara «despejada». Y nadie se la imagina sin guantes. A la reina, fiel a los abrigos de cuello redondo y corte recio, no se la toca. Además de meter ropa de luto en la maleta en todos sus viajes, los sombreros nunca le tapan el rostro. Ni son muy altos, para que no le creen problemas cada vez que sube y baja de los coches, ni la parte de atrás muy baja, para que no roce el cuello del abrigo. Si su agenda incluye encuentros con niños, adorna los sombreros con plumas para llamar la atención de los pequeños, mientras que, para resaltar su seriedad, los mangos y bordes de los paraguas se coordinan con el conjunto.

Antes de echárselos encima, vestidos y faldas tienen que pasar la 'prueba del ventilador', para que sean inmunes a las corrientes de aire. Primero testan el movimiento y ligereza de las prendas frente a un ventilador y, si es necesario, se les cosen pequeñas pesas en los dobladillos para evitar que el viento deje al descubierto las piernas reales. Todo con tal de evitarle apuros y que su peor imagen llegue a las portadas de los periódicos.

Este singular y discutido estilo ha inspirado colecciones de los mejores modistos. Firmas como Dolce&Gabbana, Alexander McQueen y Vivienne Westwood, reina del punk, beben de las fuentes de una mujer que se mantiene indiferente a las modas y perpetúa una imagen que no deja indiferente a nadie. «La reina ama la ropa. Es una auténtica experta en materiales. Yo no le he enseñado nada a ella, ha sido al revés. Siempre toma la decisión final sobre cada look», confiesa su fiel Kelly.

La soberana británica fue coronada el 2 de junio de 1953 y ha defendido la personalidad estética.

Sombreros llamativos.
Corona su cabeza con todo tipo de sombreros. Cuando se reúne con niños, los adorna con plumas.
Guantes blancos
No se desprende de ellos. Los luce en todas sus apariciones públicas, aunque a la reina no se la toca.
Perlas
Los collares de perlas forman parte de su estilismo; rancio para unos, elegante para otros

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