Diario Vasco

Ni se tiñe ni se maquilla

Ni se tiñe  ni se maquilla
  • Natacha Ramsay-Levy, la nueva directora creativa de Chloé, rompe moldes con sus cejas salvajes y el pelo lacio

Hay muchas clases de diseñadoras. Está la reflexiva Miuccia Prada, la minimalista Phoebe Philo, alma de Céline; la 'cool' Isabel Marant, con marca propia; la misteriosa Sarah Burton, al frente de Alexander McQueen; la excesiva Donatella Versace, la ecologista Stella McCartney, la romántica Maria Grazia Chiuri, que repite en Dior el éxito de Valentino...

Todas, sin excepción, extreman su puesta en escena. No solo cuidan las casas que dirigen (algunas son de su propiedad), sino la suya propia. Representan una amalgama de mujeres que intentan contrarrestar el poder masculino con una imagen personal contundente y diferente. Natacha Ramsay-Levi ha adquirido una sorprendente relevancia en este singular microcrosmos. No se parece en nada a ninguna de su rivales. Ella es única, distinta a todas. A la francesa le ha tocado un regalo que puede convertirse en un caramelo envenenado. Le han confiado la dirección creativa de Chloé, una de las casas icónicas de Francia. Toma el relevo de la británica Clare Waight Keller, que se fue a Givenchy.

Ramsay-Levi ha abandonado su puesto en Louis Vuitton, donde ha desempeñado una labor fundamental en el organigrama de Nicolas Ghesquière, del que también fue mano derecha en Balenciaga. Presentará su primera colección el próximo mes de septiembre durante la Semana de la Moda de París. Será la primera vez que lleve la voz cantante, ya que siempre había trabajado a la sombra de otras estrellas. Ni a ella ni a sus nuevos jefes parecen asustarles el reto.

Méritos profesionales aparte, destaca su personalidad. Dicen que representa el epítome de la 'parisienne' con «un acicalamiento exiguo». Rompe moldes porque no se tiñe ni se maquilla. Llaman la atención también sus cejas salvajes. Las luce muy parecidas a Cara Delevingne, la icónica modelo y actriz británica. Complementa este sorprendente look con su afición a prescindir a menudo del sujetador. Por si no fueran suficientes tales señas de identidad, es muy amiga de combinar prendas de alta costura con otras que pecan de excéntricas. Quizá por ello se ha empeñado en diseñar piezas que enaltezcan la personalidad de las mujeres que las llevan. Aboga por una moda «capaz de crear un carácter y una actitud, sin tener que imponer un look», sintetiza.

Un estilo descuidado sin lujos

Cuentan que cuando las grandes firmas presentan a sus nuevos fichajes se cuidan muy mucho de acompañar la nota de prensa con las mejores fotos de los elegidos. Con Ramsay-Levi hay problemas. Impulsora del feísmo, cultiva la cultura gótica en Instagram, cuya cuenta está plagada de joyas vintage, retratos de la actriz Anjelica Huston e instantáneas de Corinne Day, la descubridora de Kate Moss que creó y catapultó la estética grunge y el estilo descuidado.

Extremadamente pálida, Natacha rehúye el lujo. En las fotos suyas que recorren las redacciones de moda posa con una camisa vaquera atada hasta el cuello y el pelo lacio. Lo acompaña de un rostro muy serio, sin ninguna concesión a la empatía. Juega, por supuesto, al coqueteo tan habitual en la industria de la moda: el estilo sin género. Incluso deja entrever una cierta inapetencia sexual.

El mensaje de fondo está cuidado al milímetro. Paolo Roversi, el preferido de Yves Saint Laurent, Comme des Garçons y Cerruti, captó el dulce momento de una creativa a la que le va la marcha nocturna. Su vida sentimental también es distinta. Se emparejó en 2005 con el fundador de la revista de culto 'Purple', Olivier Zahm, cinco años después lo dejaron con «un final muy teatral» y más tarde volvieron a cruzar sus caminos. Hasta aireando sus diferencias son distintos: «A todos los amigos anónimos que siguen mi vida en 'Purple', Natacha me dejó. Se ha marchado con su amante, con quien mantenía un romance que yo conocía y aceptaba, para vivir un verano del amor. Ahora mismo estoy hecho un lío, pero espero recuperarme pronto y ofreceros más fotos de amor y sexo». Quienes la conocen a fondo, como Ghesquière, la ponen por las nubes: «Es una mujer inspiradora, con talento y generosa». Y, además, con un estilo que rompe moldes. «Quería convertirme en historiadora. Pero entré en contacto con la moda y quise ser la mujer Balenciaga: joven, 'cool' y andrógina». A fe que lo ha conseguido.

Natacha es radicalmente distinta a las demás diseñadoras con su estilo aparentemente descuidado.

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