Diario Vasco

Esperando a las 'influencers' de la moda

Esperando a las 'influencers' de la moda
  • La llegada de los diseñadores holandeses Viktor&Rolf a Madrid convulsiona el fenómeno de jóvenes que aspiran desde las redes sociales a ser más famosas que modistos y modelos

Una 'influencer' es una persona que cuenta con «cierta credibilidad» sobre un tema concreto y por su presencia e influencia en las redes sociales puede llegar a convertirse en una prescriptora interesante para una marca por su capacidad para movilizar a muchos seguidores. Así es como el mundo de la moda define a este grupo, por lo general, de jóvenes (o muy jóvenes), guapas y con estilo. Entre ellas, el adjetivo que más manejan es el de «mona». Todo es monísimo. La mayoría son mujeres y casi siempre van hasta arriba de logos, exhibiéndolos especialmente en sus bolsos. Algunas, las menos, los tapan y las demás los muestran. Viven de la visibilidad. Muchas veces van etiquetadas con la marca para la que hacen acto de presencia. En momentos 2.0, como los actuales, este heterogéneo sector forma una estruendosa miscelánea. Se dejan ver y sentir. Muchas (casi todas) se consideran más importantes que los protagonistas. No son de las que atosigan a los entrevistados con preguntas incisivas. Muchas de ellas visten de forma gratuita y tampoco se trata de incordiar.

Por eso un encuentro con esta generación periodística es de lo más agradecido para los entrevistados, que pueden relajarse todo lo que quieran, como si viviesen en un balneario. Preguntas del estilo '¿a qué hora os levantáis?' y '¿qué hacéis por la mañana antes de ir al taller?' figuran en el capítulo de exclusivas con las que las influencers buscan contentar a sus miles de seguidores. Con las que interrogaron ayer a modistos como los holandeses, que sólo crean alta costura.

«¡Ah, ya me acuerdo! ¿No coincidimos en lo de...?» Da igual. El ritual siempre es el mismo. Primero llegan los besos protocolarios. Después, toca el turno de las instrucciones. «Oye, Maite, tienes que darles un poquito de coba. Hay que hacerles preguntas, que estos diseñadores (Viktor&Rolf) no hablan mucho precisamente. Luego, es verdad, se lanzan y son muy simpáticos, pero, al principio, resultan un poco sosos. Que sepáis que están muy emocionados. Preguntadles sobre cosas de Madrid. Y también de la colección nupcial que acaban de presentar en Nueva York». Todo vale. «Ah, Rolf es un poco más bajito», les advierten sobre esta pareja de diseñadores que ni son hermanos, aunque se parecen un montón, ni pareja. Las chicas estallan en carcajadas.

Las 'influencers' charlan entre ellas.

Las 'influencers' charlan entre ellas. / Andrés Valentín-Gamazo

Es, claramente, un juego de intereses. Hay algo de pacto. Todos ganan. Como leerán, las 'influencers' (o muchas de ellas) llegan como reporteras al campo de batalla sin saber lo que van a encontrarse. Tampoco se las ve muy preocupadas. A veces se dejan llevar y preguntan lo que les dicen que pregunten. Es admirable ver lo felices y orgullosas que se sienten observando el trato que les dispensan.

«Que sepáis que hacía muchos años que Viktor&Rolf no venían a España», sigue explicando la jefa de prensa. Les comentan que los holandeses llegaron para recoger anoche el premio 'Prize' de la revista 'Marie Claire'.

Mientras, algunas 'influencers' continúan a lo suyo. «¿Sabéis que la semana que viene me voy a la playa? ¿Pero sabéis adónde? No es a Marbella ni a Mallorca. Es a... ¡Isla Mauricio! Voy con la revista...». La publicación es lo de menos, por lo evidente. Es otra de las reglas de este negocio. A muchas de estas chicas las ponen todo tipo de alfombras rojas.

Y siguen los abrazos. «Hombre, aquí llega la pionera». Da igual cómo se llame, porque todas se creen la crème de la crème. «Probad este champán rosado. Va en sintonía con el color de la fragancia», les detallan miembros de la organización. El perfume es 'Flower Bomb', una fragancia icónica lanzada hace diez años y que es un dechado de... ¿Un dechado? «¡Qué va! Es bestial», puntualiza el estilista del evento.

Estas jóvenes influyentes son delgaditas. Pero en cuanto otean el catering reaccionan como los demás periodistas. «Es que tengo el estómago cerrado y necesito...», advierte, con cierto sentido de culpabilidad, una de estas chicas tan solicitadas mientras le da a una minihamburguesita. Deliciosas, por cierto, las que sirven en el Urso, un sofisticado hotel de lujo ubicado en un antiguo palacio, en pleno centro de Madrid, entre el barrio de Chamberí y Justicia.

«Yo mañana voy a un acto de Amici»

En estos encuentros surge lo inevitable. «¿Pero os conocéis?», pregunta sorprendido un invitado. «Sí. Estuvimos juntas en lo de Londres de Lancôme. Y luego también...». También da igual. Sus agendas van tan cargadas que es normal que pierdan la memoria o no acierten a recordar dónde coincidieron por última vez.

Antes de subir, en turnos de cinco, a la luminosa habitación donde atienden los enjutos modistos, se trabajan sus futuras instantáneas para esas hordas de adolescentes que las veneran. Viven pendientes de las imágenes y, como tal, no se cortan. «Sácanos unas fotos», suplican al fotógrafo del evento. Les va la vida en la imagen, que en cuestión de segundos envían a su blog o cuenta de Instagram, donde presumen de contar con miles de seguidores, aunque se desconoce su rentabilidad comercial.

Las 'influencers' y los diseñadores.

Las 'influencers' y los diseñadores. / Andrés Valentín-Gamazo

«Ay, por favor que me acaban de meter en uno de esos 'mails' donde van 8.000 personas», expresa con muy malas pulgas una de estas chicas influencer. «Sobre todo, poneros cómodas. Os queremos dar gracias a todas por estar aquí, más a estas horas de comer», agradecen responsables de L'Oréal, líder mundial en la industria de la belleza. «Hay que jalearles (a los diseñadores) un poco, pero no hay ningún problema. Sabemos que lo vais a hacer perfecto. Vais a estar de acuerdo conmigo en que son de los diseñadores favoritos», insisten desde la organización.

Y sí lo debieron de hacer bien tras citarse con los modistos. «Hay que sacar las bolsas de los regalos. Que no se nos vayan sin...», insisten en L'Oréal. «Os va a chiflar el regalo», subrayan. «María, aquí tienes lo tuyo». «Ay, qué bien», acepta entusiasmada. Porque todas se fueron, distintas de cómo entraron, con su bolsita. Algunas hasta se llevaron las flores, ricas rosas, que formaban parte del atrezzo. «No tengo vida. No paro. Y decías que esta tarde había... Pues para eso prefiero ir arreglada con un vestido cóctel».

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate