Diario Vasco

La primera Miss japonesa mulata divide a Japón

vídeo

Así es Ariana Miyamoto

  • Ariana Miyamoto, de madre nipona y padre afroamericano, representará a Japón en el concurso de Miss Universo

Ariana Miyamoto nació en Japón, habla perfectamente el idioma nipón y representará a este país en el concurso de Miss Universo. Pero muchos japoneses no la consideran digna de tal honor. El motivo: su piel oscura, que no encaja con el prototipo de belleza que se estila en el imperio del Sol Naciente, marcado tradicionalmente por el blanquísimo cutis maquillado de las «geishas» y, en la actualidad, por las virginales estrellas del almibarado «pop» local, que parecen sacadas de un cuento de hadas.

Rompiendo con estos cánones, Ariana ganó el concurso para representar a Japón en Miss Universo. Pero su elección ha dividido a la sociedad nipona por su belleza «birracial», ya que es una “hafu”, como se conoce a los mestizos en este país. Nacida hace 20 años en Nagasaki, su madre es japonesa y su padre es afroamericano, de quien ha heredado su tez oscura. Con 1,73 de altura y su piel más bronceada de lo habitual en Japón, la joven no pensaba presentarse a este certamen de belleza, pero finalmente decidió hacerlo porque uno de sus mejores amigos, también mulato, se suicidó por el rechazo que percibía en la sociedad nipona.

Un racismo soterrado que la nueva Miss también viene sufriendo desde que era niña. «En el colegio, mis compañeras se negaban a tocarme por miedo a que fuera a desteñir o no querían bañarse en la misma piscina donde yo había nadado antes», ha contado Ariana Miyamoto a la prensa japonesa. Harta de sentirse un bicho raro, se fue a estudiar a un instituto de Estados Unidos, pero luego regresó a Tokio, donde aún hoy le siguen dando la carta de los restaurantes en inglés y la persiguen miradas inquisidoras. Para acabar con estos prejuicios, nada mejor que erigirse en la reina de la belleza de Japón y representarlo en un concurso de ámbito mundial.

Como no podía ser de otra manera, su elección ha encendido un acalorado debate en las ya inevitables redes sociales, donde todo el mundo pontifica sobre todo. «Con esa boca tan grande y esa cara tan vulgar, ¿se puede ser Miss Japón?», se preguntaba con bastante mala uva un internauta mientras otro comparaba a Ariana con una hormiga, informa la agencia Reuters.

Tan mordaces comentarios sacan a relucir el rechazo a lo diferente que impera en una sociedad tan homogénea y colectiva como la japonesa, que a veces llega a confundirse con el racismo cuando se trata de relacionarse con los «gaijin», como se denomina con cierto desdén a los extranjeros. Como uno de los países más desarrollados del mundo, Japón acoge a buen número de expatriados que trabajan en grandes multinacionales y el año pasado recibió una cifra récord de 13,4 millones de turistas, que aumentará hasta los 20 millones por los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020, pero los extranjeros siempre se topan con una barrera infranqueable, que se suele asociar al reservado carácter nipón.

La primera Miss japonesa mulata divide a Japón

Peor aún lo tienen los inmigrantes en busca de trabajo. Buena prueba de ello es que, aunque la envejecida población nipona está decreciendo y perderá 30 de sus 127 millones de habitantes de aquí a 2055, el Gobierno se niega a permitir una mayor presencia de trabajadores procedentes de Filipinas o Indonesia. Cómodos con su insularidad en un mundo cada vez más interconectado, los japoneses disfrutan de su «espléndido aislamiento» mientras observan desde la distancia la convulsa actualidad internacional.

«Los japoneses son racistas con otras naciones asiáticas», critica en la isla de Okinawa otra joven mulata de madre nipona y padre afroamericano. Para Yusuke Motoki, un músico de Sendai, la polémica sobre la nueva Miss es mucho más simple: «el problema no es que sea negra, es que sencillamente no es guapa para el gusto nipón».