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'Lady Goga' es un diamante

'Lady Goga' es un diamante

  • La multimillonaria kazaja devuelve a Vionnet a los altares de la alta costura. Compró la firma porque «tenía tanto dinero que no sabía qué hacer con él»

Goga Ashkenazi es como su nombre de pila, Gaukhar, un diamante. Y de lo más brillante: no contenta con comprar Vionnet, ha afianzado su posición como directora creativa de una legendaria casa de moda a la que ha devuelto su antiguo esplendor. 'Lady Goga', como se la conoce popularmente, se atreve con todo gracias a su incalculable fortuna. Que ya lo dejó bien claro, hace tres años, en la fiesta de su 30 aniversario: «Soy la chica más rica del mundo», soltó mientras una espectacular mujer se balanceaba desde un trapecio y servía a sus invitados vodka en esculturas de hielo de torsos desnudos.

Todo a lo grande. Goga Ashkenazi, nacida en Kazajistán, criada en Moscú y educada en Inglaterra, es inmensamente rica. No le van a la zaga sus escogidas amistades: el financiero Nat Rothschild, Saif Gadafi, la espectacular modelo Natalia Vodianova... Tampoco desmerece la cartera de su larga lista de flirteos sentimentales. Ha tonteado con el actor Gerald Butler, Flavio Briatore, del que no guarda precisamente un buen recuerdo -«no es el hombre más generoso del mundo»-, el príncipe Andrés de York... Lapo Elkann, el crápula de la dinastía Agnelli, ha sido una de sus últimas conquistas. Ella los quiere así. Mayores de cuarenta años, «porque más jóvenes son inmaduros», menores de 50, «que si no me aburro», y, sobre todo, poseedores de una abultada cuenta corriente. Tiene muy claro que nunca se casará con alguien «más pobre» que ella. Y, claro, hombres con una fortuna parecida a la suya no abundan en el mercado.

De la Perestroika

Mientras encuentra recambio para el nieto preferido del 'Avvocato', se entretiene con la moda. Y cuando algo le gusta, va y lo compra, por mucho que cueste. Así se las gasta esta oligarca hija de un ingeniero agrónomo que sacó tajada de los programas que ejecutó en tiempos de la Perestroika de Gorbachov. La joven aprovechó su influyente red de contactos políticos y financieros para destaparse como una tiburón de los negocios petroleros y gasísticos de su país tras tener un hijo con Timur Kulibayev, yerno del presidente de Kazajistán. «Todo en mi vida ha sucedido muy rápido, pero he sabido vivir plenamente cada momento», confesó a la revista 'Vogue'. Las malas lenguas cuentan que posee una extraordinaria habilidad para posicionarse «en los momentos y lugares adecuados con los hombres adecuados».

Pese a su sospechosa fortuna, la alta sociedad londinense le ha extendido la alfombra roja, donde luce a todas horas las mejores creaciones. Son legendarias sus fiestas en la mansión de Tyringham Hall, en el corazón de la campiña inglesa. Para su último reportaje periodístico se enfundó abrigos de Yves Saint Laurent, 'bodys' de cuero de Maison Martin Margiela, joyas de Bulgari, vestidos de Issey Miyake y, por supuesto, creaciones de Madeleine Vionnet, la diseñadora que eliminó, a principios del siglo pasado, el corsé e inventó el corte al bies.

Conseguir el control de la compañía cuya creadora abanderó la lucha contra las imitaciones fue «duro», pero el millonario desembolso ha merecido la pena. «El dinero nunca fue una finalidad. La moda es una manera de crear fuera de lo ordinario y apreciar lo inesperado», cuenta esta singular mujer que publica libros sobre cómo cazar lobos desde helicópteros. Asidua a cacerías en España junto a la esposa de Alberto Cortina, ha hecho un máster en moda tirando de visa. Dedicó su primer sueldo como analista en el banco de inversiones Morgan Stanley en regalos para la familia y amigos. Entró en una tienda con 15.000 libras y se creyó «la reina de Inglaterra. Luego tuve tanto dinero que no sabía qué hacer con él», reconoce esta empresaria, que se las ve y desea para que su compañía de seguros le renueve la póliza de sus joyas. En 2012, poco antes de romper con Elkann, unos ladrones le robaron joyas por valor de 3,6 millones de euros en una mansión de lujo de Punta del Este (Uruguay) donde celebraban el fin de año.

Si al principio compraba por el simple hecho de coleccionar piezas de alta costura, con el tiempo se ha ido «refinando» y creado sus «propias reglas». Lucha por «resaltar su individualidad», aunque en ocasiones con propuestas de dudoso gusto. Es muy amiga de llevar vestidos de noche durante el día y adora las pieles «aunque no sea políticamente correcto. Alguien muy importante en mi vida me dijo: 'Sé tú misma, libérate'».

Odia los escotes

Efectivamente, debía de ser muy relevante porque ha seguido los consejos al pie de la letra, pese a que sus padres ya le aleccionaron de pequeña sobre las ventajas de ser «diferente». Eso que lleva ganado esta licenciada en Economía e Historia en Oxford, que echó el ojo a Gianfranco Ferré y Emanuel Ungaro antes de decidirse por la firma que liberó el cuerpo femenino. El anterior dueño, Matteo Marzotto, le puso la compañía en bandeja. Ashkenazi no se lo pensó dos veces y firmó «la misma noche de la oferta. Madeleine era una artista de la moda, como Picasso lo fue de la pintura», se justifica.

'Lady Goga', que dice odiar los escotes, ha buceado a fondo en los archivos de la casa para continuar el legado de una etiqueta que presentó su última colección en 1939. Tanto que suele ponerse los vestidos que Madeleine Vionnet creó en 1930. «Me sientan perfectos gracias a las innovadoras técnicas con las que trabajaba el tejido». Ashkenazi presume de trabajar igual que la fundadora, que apenas realizaba patrones y envolvía las telas sobre maniquíes de 80 centímetros, aunque no son pocas las voces que cuestionan su valía como directora creativa.

La 'socialite' multimillonaria cuenta con el apoyo puntual de Hussein Chalayan para rematar algunas de sus colecciones. Lo fichó por representar todo lo que Vionnet defendió en su día: «un modus operandi fuera de todo convencionalismo». Sin embargo, los aplausos se los lleva ella, pese a confesar que su «única pesadilla» es salir a saludar al final de cada desfile.