JARANA

ARANTZA FURUNDARENA

Con los Grimaldi empiezo a tener la sensación de que se hallan atrapados en un festejo interminable del que no pueden huir porque no aciertan a encontrar la salida. Supongo que ellos ven un rótulo que dice 'Exit' pero lo asocian al éxito (algo de lo que están hartos), así que por ahí no se meten. Cada vez que me los vuelvo a tropezar en alguna satinada revista o en un portal de internet los encuentro donde los dejé (en mitad de un fiestorrón despampanante) solo que más mareados, más agotados, más aburridos y bastante más ajados. Cómo será de larga la fiesta que a Andrea, el hijo mayor de Carolina, ya le han salido canas en la barba... Los primeros dientes también los echó en una fiesta, y la primera espinilla, y la primera novia... Toda su vida ha transcurrido de fiesta en fiesta. O tal vez siempre en la misma.

Yo, que para los saraos soy de corto recorrido, hace tiempo que habría gritado: ¡Bájenme de este carrusel! Pero aquí seguimos para bingo... Este fin de semana los Grimaldi, genéticamente diseñados para el jolgorio sin fin, han celebrado que la pequeña del clan, Alejandra de Hannover, entrará en la mayoría de edad dentro de un par de semanas. Lo normal habría sido festejarlo el día de su cumpleaños. Pero eso es para aficionados a la jarana y aquí estamos hablando de profesionales. Ellos necesitan por lo menos medio mes de actos festivos para sentir que lo están pasando mínimamente bien. Tienen el umbral muy alto. A veces, no crean, el oficio de divertirse es durísimo, y hasta roza lo dramático. Un acto desmadrado y jocoso (como por ejemplo el de Kiko Rivera estrellándose contra un flotador en forma de flamenco) puede denotar tanta felicidad como desesperación.

Lo mismo ocurre con Andrea Casiraghi. Su imagen en la fiesta de su hermana lanzándose al mar vestido con traje blanco de lino y sombrero panamá tiene una doble lectura que oscila entre la euforia extrema y el intento de suicidio de un esteta. Por suerte, fue lo primero y salió del agua a tiempo de reincorporarse a la rueda sin fin de la fiesta. Como en esa canción circular que dice 'La tiraron al barranco toda vestida de blanco...' que no termina jamás, y que es jocosa y terrible a la vez.

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