Sarkozy es su hombre

Sarkozy es su hombre

Carla Bruni reitera en una entrevista su devoción por Sarkozy. «Es magnético. Es la bomba», proclama

ARANTZA FURUNDARENA

De portada a portada... taconazo. 'Vanity Fair', en su edición francesa, acaba de replicar a su rival 'Elle' con otro golpe de efecto: ¿Que vosotros tenéis a Brigitte Macron? Pues nosotros, a Carla Bruni. A ver quién de las dos se lleva el gato al agua... A la entrevista sincera y desahogada de la actual primera dama de Francia, publicada en el número de septiembre de 'Elle', que ya está en los quioscos del país vecino, 'Vanity Fair' replica con la frescura y el desparpajo de una Carla Bruni dispuesta a no cortarse un pelo: lo mismo ensalza el irresistible poder de seducción de Sarkozy que pone a bajar de un burro la política o el palacio del Elíseo. Leyendo ambas entrevistas, una cosa queda clara: las dos están coladísimas por sus maridos. Las dos, tan distintas y a la vez tan parecidas, podrían cantar a coro... 'C'est mon homme'.

«Mi hombre», así denomina Bruni, de 49 años, a Sarkozy, 12 años mayor. Y no se cansa de alabar sus prodigiosas aptitudes, lo mismo como político que como amante. «Nicolas es la bomba atómica», declara literalmente. Una década después de su primera cita, la cantante y antes modelo certifica que la pasión entre ambos continúa intacta. «Desde que le conocí, todas mis canciones de amor son para él». Pero hay algo en Sarkozy que los demás no percibimos. Ella sí. Ella le ve como un «niño triste». No solo a él, sino a todos los políticos.

Cuenta el entrevistador que Bruni es muy charlatana y que mientras se enrolla como una persiana relatando las maravillas de 'French Touch', su nuevo disco, es interrumpida por su hija Giulia, de cinco años, que quiere que mamá pruebe sus crepes, y más tarde por su hijo Aurélien, de 16, que quiere que su madre le firme los deberes... Hasta el propio Sarkozy se acerca en algún momento a besarla y de paso a meter un poco la nariz en la entrevista. Giulia es hija de él, y un poco del Elíseo, porque nació cuando su padre era presidente de Francia. Aurélien, en cambio, procede de la etapa más bohemia e intelectual de Bruni. Concretamente, de cuando era 'topmodel' internacional y estuvo unida al filósofo Raphaël Enthoven.

Alivio al dejar el Elíseo

La actual residencia de la exprimera dama francesa está rodeada de verdor vegetal, y sus paredes aparecen tapizadas de fotos en las que se mezclan las estampas familiares con rostros muy conocidos de la política y la cultura. Si Leonard Cohen levantara la cabeza se vería compartiendo muro con Bob Dylan (hasta aquí, bien) y nada menos que con Angela Merkel, que acudió a cenar una noche a casa de los Sarkozy y por lo visto se zampó sin pestañear una fondue saboyarda...

Mientras se lía un cigarrillo, Bruni confiesa que la época en la que vivió en el Elíseo fue para ella «un momento extraordinario», pero en ningún caso agradable. «Fue un honor estar allí, pero también fue un alivio irse». Tanto es así que para ella su marcha «no resultó más difícil que salir de un museo bonito». Y eso que a esta italiana, «como latina», le privan «los palacios sicilianos, con sus molduras, espejos, alfombras y parqués». Los productores de su nuevo disco no quieren que hable de política, pero ella todavía sangra por la herida... «La guerra política sin cuartel puede ser algo muy duro, muy cruel. Estoy contenta de que mi hombre haya salido de esa batalla brutal».

Por Sarkozy, lo que sea... Hasta es capaz de renunciar a su extensa lista de amantes célebres, entre los que suenan Kevin Costner, Eric Clapton, Mick Jagger... ¡Y el mismísimo Donald Trump! Pero ella, como Sabina, lo niega todo. O, más bien, reniega de todos. «Nicolás ha sido el único hombre de mi vida», dice arrinconando a todos los demás. «No es muy fotogénico, pero desprende un magnetismo único», insiste. Está claro: es su hombre.

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