Adictos al lujo

La pareja, en una gala en Madrid. A la izquierda, la exclusiva de '¡Hola!'. / R. C.

Isabel Preysler y Vargas Llosa vuelven a dar una lección de poderío navegando en un megayate con helicóptero por la Costa Azul

Hay yates, megayates... Y supermegayates con helicóptero. Y el que ha paseado estos días a Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa por la Costa Azul es de estos últimos. Mario e Isabel cada día están más cerca de pasar al otro lado del espejo (público) y convertirse para siempre en personajes de ficción. En protagonistas de una novela romántica. De las de amor y lujo. Lo único que les falta es la juventud, ese dulce pájaro que ya voló para no volver. Pero lo compensan sobradamente con su estilo deportivo. Vargas Llosa, por ejemplo, no tiene el menor empacho en pasar de escribidor a sostenedor de alpargatas. Concretamente, de las refinadas sandalias con cuña de esparto de Isabel. Con qué estilo, embeleso y delicadeza las sujeta con una mano mientras con la otra ayuda a desembarcar a su amada de una lancha neumática. Eso no es amor. Es lo siguiente.

Pero empecemos por el principio... La revista '¡Hola!' publica esta semana en exclusiva un reportaje de seis páginas (se hace corto) con las lujosísimas vacaciones que se acaba de pegar la excelsa pareja surcando las aguas de la Costa Azul. Mucho estaban tardando...

El año pasado nos deleitaron con las exóticas imágenes de los enamorados en una remota playa de Indonesia. O quizá no tan remota, porque había 'paparazzi'. También medusas. El escritor fue atacado por un banco de micromedusas que le desencadenaron un prurito insoportable. Acabó hospitalizado. Aquellos picores fueron el precio a pagar por buscar un nidito de amor en el quinto pino. Curados de espanto, este verano han optado por quedarse en el Mediterráneo, que también tiene medusas, pero lo suficientemente grandes como para avistarlas desde cubierta. Esta vez además, quizá porque ya llevan dos años de relación y se tienen muy vistos, en lugar de soledad han buscado la compañía de un grupo de amigos.

Y si solo hubiera sido un crucero... La llegada de Preysler y Vargas Llosa al barco fue como de superproducción de Hollywood, digna de Richard Gere queriendo impresionar a Julia Roberts en 'Pretty Woman'. Solo que a esta Isabel, que se codea con Carlos de Inglaterra desde hace años, en materia de poderío no hay quien la epate. Así que con toda naturalidad, y como si el mundo real fuera ese, la pareja voló en un jet privado hasta Niza y allí fue recogida en un helicóptero que la trasladó directamente al yate. Decir yate es decir poco. Estamos hablando del 'Lady Marina', un monumento a la opulencia, valorado en 50 millones de euros, que tiene 64 metros de eslora, seis suites de lujo, gimnasio, sauna... Y, por supuesto, helipuerto. Lo del gimnasio y la sauna debe de ser por si los que no tienen que ganarse el pan con el sudor de su frente desean saber lo que es transpirar.

Un anfitrión de Forbes

El propietario de semejante cáscara de nuez es Sergio Mantegazza, un suizo de 90 años con fama de gran anfitrión que además es el padre del novio actual de Marina Danko. Hoy sabemos que Danko cambió a Palomo por la gallina de los huevos de oro... Mantegazza es un magnate de los de Forbes (esa lista que te garantiza la supervivencia más aún que la de Schindler). Posee un imperio en el sector de las agencias de viajes, con flota de cruceros incluida. Y si piensas que su padre empezó con una humilde góndola dando paseos a los turistas por el lago de Lugano, pronto te asalta la duda de si algo estaremos haciendo mal los que vivimos de un sueldo.

Por ese yate han pasado Tina Turner y, cómo no, la imprescindible Naty Abascal. Pero lo mejor del reportaje de '¡Hola!' es cuando nos informa de que durante el crucero Isabel y Mario «descendieron varias veces a tierra». ¡Uf! Menos mal. Con tanto lujo, tanto glamur y tanto volar por el cielo de los ricos, empezábamos a pensar que estos dos ya no hacían pie.

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