Sin duda el cruce maldito es el de cuartos de final, fase en la que caímos en los Mundiales de Italia (1934), España (1982), México (1986), Estados Unidos (1994) y Corea-Japón (2002); y en las Eurocopas de Alemania (1988), Inglaterra (1996) y Bélgica-Holanda (2000). Unas veces la mala suerte, otras los penaltis y otras las decisiones arbitrales han provocado que los nuestros hayan tenido que hacer las maletas justo antes de las semifinales.
El momento por antonomasia de la mala suerte española fue aquel histórico fallo del jugador bético Julio Cardeñosa en el Mundial de Argentina’78 ante Brasil con empate a cero y la portería totalmente vacía. El gol nos habría dado el pase a los cuartos de final. Otra ocasión de oro fue la que tuvo Julio Salinas en el descuento de aquel dramático partido de Boston ante Italia en EEUU’94. Baggio acababa de marcar el 2-1, a Luis Enrique le habían roto la nariz en un penalti clarísimo y Pagliuca desvió el tiro raso del delantero español.
Y qué decir de la relación de los árbitros y España, muy similar a la del aceite con el agua. En México 1986, la generación de la ‘quinta del Buitre’ apuntaba muy alto. En la fase previa se medía contra Brasil pero el árbitro australiano Christopher Bambridge anuló un golazo a Michel que tras golpear en el larguero había botado un metro dentro de la portería. Pero el recuerdo más reciente es el que tenemos de aquel día en Gwangiu contra Corea. Otro colegiado, el egipcio Gamal Ghandour, auspiciado por su asistente, anuló un gol clarísimo a Helguera cuando Joaquín había pasado antes de que el balón saliera por la línea de fondo. Esas y otras decisiones obligaron a ir a la lotería de los penaltis y los de Camacho se quedaron sin papeletas. |