Y TÚ, ¿QUÉ LES PIDES A LOS POLÍTICOS? IGOR REZOLA. EL GRAFFITERO, LOS ENCARGOS Y SU CONFLICTO INTERIOR

«Le pasó al punk y le pasa al graffiti: el Poder se lo come»

Paredes. Retratos. Bocas. Palabras. Gritos. Basquiat. Firmas. Warhol. Bellas Artes. Dudas. Miradas

Antes pintaba las paredes de las calles, asombrado (o no) de que se hubiesen convertido en sitios por los que uno va y viene, espacios que nos llevan y nos traen pero donde pocas veces nos detenemos. Luego se interesó por lugares más escondidos (fábricas deshauciadas) y experimentó con fotografías, plantillas y volúmenes. Se preguntó más tarde si seríamos capaces de resistir una mirada que nos cuestionase desde un muro y creó retratos gigantescos. Dizebi, que está en las paredes, la red y la Facultad de Bellas Artes, se siente dentro de una orgía de preguntas con o sin respuesta.

- 'No borraremos los buenos graffitis' le he oído decir al alcalde. 'Pero las firmas sí, las firmas no son nada'. Y sin embargo...

- Al principio el graffiti era la firma. O la firma era el graffiti, como quieras. Alguien, muchos alguienes, se quiso hacer presente en los barrios más degradados de las grandes ciudades. Y mostró el orgullo de su nombre. El nombre se convirtió en marca.

- No deja de ser un recurso de la alta publicidad, ¿verdad? La repetición infinita de un logo hasta que se nos graba en el ADN.

- Claro que sí. Los graffiteros usaban las mismas herramientas que aquellos a los que querían... ¿acusar? ¿golpear? Otra reflexión a esa primera frase: ¿Quién decidirá si un graffiti es lo suficientemente 'artístico' para ser borrado o no?

- Tal vez la firma vuelva a ser la clave. Un Banksy no se borra. Un Dizebi, tampoco. Los demás, en plan indulto de ninots. O ya sabes: por votación popular.

- De acuerdo, pero aún así y todo ¿tú te sentirías capaz de decidir éste sí y éste tampoco? No sé, lío.

- Cuando empezaron a aparecer entre nosotros y Basquiat era ya leyenda, el poder institucional, los consideró simples manchas.

- Pero cuánta información daban sobre nosotros. A mí me parece increíble poder leer la historia de un pueblo en sus paredes. Y me da una pena tremenda ver cómo estamos perdiendo viejas paredes y pintadas. Hubo una época esplendorosa llena de dibujos. Sería por aquellos años 70, 80. ¿Recuerdas el emblema de Euskadiko Ezkerra o el de EIA por las paredes?

- ¡Es verdad! Pasó el tiempo, no quedaba bien decir que el graffiti era una mancha pero para no estropear fachadas, el Poder...

- Sé lo que vas a decir: empezó a ceder espacios controlados para pintar en ellos, organizó concursos en la calle y le puso un nombre menos pendenciero: 'Street Art'. Pero volvemos al tema de las grandes contradicciones: lo han hecho con el graffiti y lo hicieron con el punk. Mientras, los graffiteros también nos cuestionamos, nos vendemos (o no, ¿quién sabe?). Yo he pintado frontones por encargo.... Y evolucionamos. Algunos se aferran a la vieja escuela. Para ellos, el único graffiti verdadero es el que marca unas letras, les mete color, les da contorno, ('power line') y añade unos brillos. Para otros cuantos el graffiti se nos ha transformado en 'Mural art', siguiendo la estela de los grandes retratos-homenaje a héroes o víctimas de las calles de Belfast o L.A.

- ¿Qué hace un graffitero estudiando Bellas Artes en Leioa?

- No lo sé. Será otro paso hacia la orgía de contradicciones en las que vivimos. Me gusta confrontar mis dudas con catedráticos, políticos o con la gente que pasa. Hablar de contenidos, formas, acciones, ideas, intervenciones. Hablar para crecer. O simplemente para seguir dudando. Juzgar sin dudar me parece una postura hipócrita.

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