«Le pasó al punk y le pasa al graffiti: el Poder se lo come»
Antes pintaba las paredes de las calles, asombrado (o no) de que se hubiesen convertido en sitios por los que uno va y viene, espacios que nos llevan y nos traen pero donde pocas veces nos detenemos. Luego se interesó por lugares más escondidos (fábricas deshauciadas) y experimentó con fotografías, plantillas y volúmenes. Se preguntó más tarde si seríamos capaces de resistir una mirada que nos cuestionase desde un muro y creó retratos gigantescos. Dizebi, que está en las paredes, la red y la Facultad de Bellas Artes, se siente dentro de una orgía de preguntas con o sin respuesta.
- 'No borraremos los buenos graffitis' le he oído decir al alcalde. 'Pero las firmas sí, las firmas no son nada'. Y sin embargo...
- Al principio el graffiti era la firma. O la firma era el graffiti, como quieras. Alguien, muchos alguienes, se quiso hacer presente en los barrios más degradados de las grandes ciudades. Y mostró el orgullo de su nombre. El nombre se convirtió en marca.
- No deja de ser un recurso de la alta publicidad, ¿verdad? La repetición infinita de un logo hasta que se nos graba en el ADN.
- Claro que sí. Los graffiteros usaban las mismas herramientas que aquellos a los que querían... ¿acusar? ¿golpear? Otra reflexión a esa primera frase: ¿Quién decidirá si un graffiti es lo suficientemente 'artístico' para ser borrado o no?
- Tal vez la firma vuelva a ser la clave. Un Banksy no se borra. Un Dizebi, tampoco. Los demás, en plan indulto de ninots. O ya sabes: por votación popular.
- De acuerdo, pero aún así y todo ¿tú te sentirías capaz de decidir éste sí y éste tampoco? No sé, lío.
- Cuando empezaron a aparecer entre nosotros y Basquiat era ya leyenda, el poder institucional, los consideró simples manchas.
- Pero cuánta información daban sobre nosotros. A mí me parece increíble poder leer la historia de un pueblo en sus paredes. Y me da una pena tremenda ver cómo estamos perdiendo viejas paredes y pintadas. Hubo una época esplendorosa llena de dibujos. Sería por aquellos años 70, 80. ¿Recuerdas el emblema de Euskadiko Ezkerra o el de EIA por las paredes?
- ¡Es verdad! Pasó el tiempo, no quedaba bien decir que el graffiti era una mancha pero para no estropear fachadas, el Poder...
- Sé lo que vas a decir: empezó a ceder espacios controlados para pintar en ellos, organizó concursos en la calle y le puso un nombre menos pendenciero: 'Street Art'. Pero volvemos al tema de las grandes contradicciones: lo han hecho con el graffiti y lo hicieron con el punk. Mientras, los graffiteros también nos cuestionamos, nos vendemos (o no, ¿quién sabe?). Yo he pintado frontones por encargo.... Y evolucionamos. Algunos se aferran a la vieja escuela. Para ellos, el único graffiti verdadero es el que marca unas letras, les mete color, les da contorno, ('power line') y añade unos brillos. Para otros cuantos el graffiti se nos ha transformado en 'Mural art', siguiendo la estela de los grandes retratos-homenaje a héroes o víctimas de las calles de Belfast o L.A.
- ¿Qué hace un graffitero estudiando Bellas Artes en Leioa?
- No lo sé. Será otro paso hacia la orgía de contradicciones en las que vivimos. Me gusta confrontar mis dudas con catedráticos, políticos o con la gente que pasa. Hablar de contenidos, formas, acciones, ideas, intervenciones. Hablar para crecer. O simplemente para seguir dudando. Juzgar sin dudar me parece una postura hipócrita.