Diario Vasco

Lo mejor es votar

La hermosa palabra ‘pueblo’ ha tenido mala suerte con su evolución histórica y tal evolución sugiere mucho sobre quién acuñó los diversos significados según qué contextos y asumiendo el criterio, utilísimo para políticos y periodistas, de que en realidad todas las palabras son polisémicas.

Así, la elección del Parlamento europeo esta semana –en España el domingo– parece amenazada por un fenómeno viejo, pero en vías de clara resurrección según los sondeos: el ‘populismo’. El lector debe saber en seguida que el diccionario de la Real Academia no registra el sustantivo, lo que ahorra algunos comentarios sobre una institución volcada en admisiones absurdas y pseudomodernizadoras, pero sí anota pueblo, popular, popularismo, populacho y populachero… Una definición de populismo no es fácil, pero a los efectos del día se asimila a una política fácil, que halaga los gustos poco elaborados del pueblo no instruido y solo pretende alcanzar objetivos de corto alcance y fácilmente visualizables. Entre ellos, una política de inmigración ultranacionalista, una crítica de las sutilezas financieras de alto bordo y un papel para ‘la calle’ cercana a la presión física. El populismo puede ser de izquierda o de ultraderecha y, como fue el caso, inicialmente profascistas o pro-nazi.

¿Todo eso nos amenaza ciertamente? La respuesta remite a la escuela de pensamiento culterana, solvente y previsora si se quiere apostar por el sí y a la más liviana, periodística y de diario, según la cual todo esto remitirá en cuanto vuelva la prosperidad. Así, el populismo sería una excrecencia del cruel proceso de pauperización en marcha en la Unión Europea y, particularmente, en media docena de sus países miembros, con un desempleo inmanejable y una desmoralización que algunos convierten, sin sorpresa y con argumentos, en indignación.

En este marco social y político, la elección es nueva, y no solo en términos técnico-políticos como celebrada bajo la nueva legislación del Tratado de Lisboa (diciembre de 2007), sino en términos políticos y… sociales. Así, el Ejecutivo que se forme y administre nuestros dineros no podrá ignorar a qué los dedica ni con qué prioridades y eso, y solo eso, da a la elección un relieve que no tuvo la última.

Por esto lo del domingo es más importante que nunca, es casi una elección para la redacción de la agenda interna española y su interpretación. Eso, con populismos o sin ellos… Lo mejor, siempre lo mejor, es votar.