Diario Vasco
Elecciones EEUU

Donald Trump es rojo

Trump, en un mitin.
Trump, en un mitin.
  • El reparto de los colores políticos en EE UU no tiene nada que ver con la iconografía al uso en el resto de Occidente, que identifica el azul con la derecha

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Tradicionalmente el rojo ha sido y es el color de la revolución, del comunismo y del progresismo; en definitiva, de la izquierda. Las tendencias conservadoras, las escoradas a la derecha, se identifican con el color azul... salvo en EE UU. Las elecciones USA dibujan un mapa inverso a los estereotipos cromáticos imperantes a este lado del charco, con los estados dominados por Donald Trump teñidos de color grana y los liderados por Hilary Clinton tintados de añil.

Banderas, camisetas, pasquines... toda la parafernalia del marketing electoral estadounidense se mueve en esta paleta inversa para nuestros cánones de iconografía política. Pero ¿fue siempre así? La primera vez que se asoció el rojo al Partido Republicano y el azul al Partido Demócrata fue durante la campaña que enfrentó al republicano Richard Nixon y el demócrata George McGovern. Era 1972, la televisión en color estaba casi en mantillas y algunos canales televisivos introdujeron por primera vez los mapas de distintos tonos en la noche electoral.

¿La asignación de colores fue fruto de la casualidad? Es probable. Lo que resulta innegable es que el reparto de los dos colores presentes en la bandera estadounidense no obedeció a la ley no escrita de asignar el rojo a los movimientos de revolucionarios -tradición que muy probablemente tiene su origen en la revolución francesa- y el azul a la ideología de derechas -como los 'tories' del Reino Unido ya hacían en el siglo XVII-.

Desde el duelo Nixon-McGovern, la asignación cromática fue variando, con la consiguiente confusión en la audiencia televisiva; en1980, el mítico presentador de la NBC David Brinkley se refería a los EE UU como «una gran piscina», después de que el candidato Ronald Reagan pintase de azul el mapa al arrasar en las elecciones de aquel año.

No fue hasta 1996 cuando se afianzaron las expresiones 'red states' y 'blue states' para identificar los dominios de republicanos y demócratas. La unanimidad en las 625 líneas llegó en el año 2000, con Al Gore enarbolando la bandera azul y George W. Bush la roja. Desde entonces, no ha variado la división corporativa de colores como tampoco lo han hecho los símbolos que identifican ambos partidos, fruto más en este caso de la pura anécdota que del simbolismo ideológico.

El origen del asno como icono demócrata se remonta a 1820, cuando los oponentes republicanos a Andrew Jackson se burlaban de él llamándole 'jackass', literalmente burro. Demostrando ser más listo de lo que sus rivales querían hacer ver, el candidato dio la vuelta al argumento y se apropió del símbolo como ejemplo de tenacidad, empeño y trabajo. Thomas Nast, un reconocido ilustrador y republicano confeso, consolidó la imagen de marca. Curiosamente, este dibujante también fue el 'padre' del elefante republicano al representar ambos en una viñeta en la que simbolizó la derrota de los suyos en las elecciones de 1877: en ella se veía a un paquidermo cayendo en la trampa puesta por un burro.

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