Diario Vasco
A Maddalen Iriarte le encanta pasear descalza por Ondarreta, «la playa de mi vida».
A Maddalen Iriarte le encanta pasear descalza por Ondarreta, «la playa de mi vida». / LOBO ALTUNA

Una velocista «de carne y hueso»

  • De joven tuvo el récord de Gipuzkoa en 100 y 200 metros y mantiene parte de ese carácter «explosivo», aunque «siempre mantengo vías de comunicación abiertas»

  • Madre de cinco hijos, a Iriarte le gusta «darlo todo» ante cualquier reto

Maddalen Iriarte fue velocista de joven, tiene fibras de contracción rápida, por lo que no le ha sido difícil adaptarse al sprint que ha supuesto para ella esta campaña. Iba a partir desde una posición secundaria, a la sombra de Arnaldo Otegi, pero la inhabilitación del líder de Sortu le colocó de pronto bajo los focos. Tampoco se puso nerviosa. Ahí es donde se ha movido como pez en el agua durante casi tres décadas, cuando se convirtió en una de las caras más reconocibles de ETB. Ahora, después de cada mitin, muchos simpatizantes de EH Bildu se acercan a ella para besarla y decirle que la quieren. Puede que sea la primera vez que la ven en persona, pero para ellos es como de la familia porque cada noche entraba en su casa a la hora de la cena a través de la televisión. «Algunos incluso me tocan para ver si soy de carne y hueso», bromea.

Iriarte nació en Donostia en 1963. Está casada y es madre de cinco hijos, todos ellos chicos, «por lo que puedo montar un equipo de baloncesto». Cuando nació el primero, se fue a vivir a Durango para estar más cerca de los estudios de ETB y allí sigue toda la familia, aunque cada vez que tiene ocasión se escapa a la casa de sus padres en la Avenida Zumalakarregi del barrio de El Antiguo. «Mi vida es un paseo por la A-8», comenta, aunque justo después recuerda que una amiga canadiense le suele decir que, a 40 minutos en coche, podría decir que sigue viviendo en Donostia. «En algunas grandes ciudades tardan más en llegar cada día al trabajo, eso es verdad», explica.

Vuelve al Antiguo siempre que puede porque la playa de Ondarreta tiene un efecto magnético sobre ella. «Necesito ver el mar, oler a salitre. Me gusta pasear descalza por la orilla sobre todo antes y después del verano, cuando ya no están los toldos y hay más tranquilidad», comenta. Tras tomarse un respiro de la ajetreada campaña con un paseo, no duda en definir Ondarreta como «la playa de mi vida». «Aquí jugaba de niña, aquí tuve mis primeros ligues, aquí enseñé a nadar a mis hijos. Y aquí vuelvo siempre que puedo», explica mientras se limpia la arena de los pies.

Maddalen Iriarte mantiene un aspecto vital y juvenil, como si hubiera hecho un pacto con el diablo. Lejos quedan aquellos años de finales de la dictadura cuando una niña que apenas había tenido ocasión de conocer a su padre, preso en las cárceles franquistas, emprendió un viaje iniciático por Navarra. Al recordarlo, su mirada rasgada aún se ilumina como hace 40 años. Nada más dejar la prisión, su aita quiso recuperar el tiempo perdido y la llevó a conocer Tafalla, Tudela, Estella, Amaiur... Acabaron el periplo en Pamplona, frente al monumento a los Fueros, donde le leyó algunas de las inscripciones que lo adornan. Frases como «nosotros, los vascos de hoy, nos hemos reunido aquí en recuerdo de nuestros antepasados, para demostrar que queremos seguir manteniendo nuestra ley» o «nosotros, los vascos, al extranjero le damos acogedora hospitalidad, pero no queremos soportar su yugo. Escuchadlo bien, hijos nuestros». Aquel fue el germen de la pulsión soberanista de Iriarte, que su padre supo combinar «con una educación alejada de cualquier odio».

Memoria de pez

Otra enseñanza de sus padres que ha seguido a pies juntillas es la de «internar ser amable con todas las personas y tender puentes para alcanzar acuerdos». Reconoce que tiene bastante carácter y que a veces «salta», pero «no soy nada rencorosa y se me olvidan pronto las discusiones, porque tengo memoria de pez para eso». Como buena comunicadora, recalca que «siempre intento que el cauce de comunicación se mantenga abierto, que no se rompa. Así lo he hecho con mis hijos, por ejemplo, y me ha dado buen resultado».

Iriarte se declara «súper orgullosa» de su familia y de cómo la han apoyado en su decisión de dar el salto a la política. Dice estar acostumbrada a «una marcha fuerte» en una casa con siete ocupantes, pero destaca que estas semanas «se han puesto las pilas» para colaborar un poco más en casa. Y no solo en casa, porque el segundo de sus hijos, que ha seguido su estela como periodista, incluso la acompaña en algunos momentos de la campaña.

La cabeza de lista de EH Bildu por Gipuzkoa ha cubierto muchas campañas tanto para la radio como para ETB, pero admite que vivirlas siendo la protagonista «es bastante más duro». A pesar de ello, sigue dispuesta a «darlo todo» en esta recta final, como ha hecho ante cada reto que se le ha presentado en su vida. Además, esto de esprintar siempre se le ha dado bien, que para algo tuvo el récord juvenil de Gipuzkoa en 100 y 200 metros cuando corría para el Atlético San Sebastián. «Una etapa muy feliz en mi vida», rememora.

La «disciplina» que le inculcó el deporte también le enseñó a perseverar en los momentos más difíciles. Con el tiempo ha aprendido a dosificar y se ha convertido en una corredora más diésel. «Me gusta salir a correr al menos 20 o 30 minutos», apunta. También recuerda divertida que, en su etapa de periodista, «aprovechaba para preparar las entrevistas mientras corría. ¡Y se me ocurrían unas preguntas estupendas!».

Llega el final del día y Maddalen se refugia en otra de sus pasiones, la lectura. Se mete en la cama y coge un libro de novela negra nórdica. «Me gusta que haga frío en el ambiente de la novela, porque así estoy a gusto en la cama hasta que me entra el sueño».