Diario Vasco

Sombra aquí, sombra allá

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Egibar se asoma a la puerta ante las miradas del resto de candidatos. Faltaba Sémper, que fue el último en llegar. / FOTOS: LOBO ALTUNA

  • La conversación entre los aspirantes discurrió distendida antes de entrar al plató, a pesar de los nervios de rigor

  • Los candidatos guipuzcoanos desplegaron cordialidad en los prolegómenos del debate a cinco

La primera en llegar a Teledonosti fue Maddalen Iriarte, más de una hora antes del comienzo del debate. En un principio podría parecer que, tras años de trabajo delante de las cámaras, la candidata de EH Bildu estaría tranquila y relajada. Pero, nada más lejos de la realidad. Tras remaquillarse sus ojos felinos, Iriarte intercambió unas palabras con la socialista Susana Corcuera, quien tomó su relevo en la sala de «chapa y pintura» y salió luego a fumarse un cigarro.

«Si el debate fuera en euskera estaría menos nerviosa, pero, en castellano, hay palabras que no me terminan de salir», reconocía Iriarte, mientras daba las primeras caladas a un pitillo, que parecieron templarle un poco los nervios. En ese momento hizo su aparición, con aire tímido y en solitario, el representante de Elkarrekin Podemos, Julen Bollain.

Iriarte y Bollain se unieron a Corcuera en la sala de espera. «Cuando acabe la campaña voy a pedir a EH Bildu que me pague un hipnotizador para dejar de fumar, porque llevo un ritmo...», se lamentaba Iriarte. Mientras tanto, Corcuera repasaba y ordenaba sus notas, como una estudiante antes de presentarse a un examen. La conversación de los candidatos giró entonces sobre el estrés de la campaña electoral: «Nos levantamos muy pronto, y vamos acumulando cansancio y tensión», coincidían. De vez en cuando, se sumían en el silencio de quien no sabe bien qué más decir, un mutismo propio de las conversaciones de ascensor o de sala de espera del dentista.

Ahí entraba entonces el celo periodístico de la moderadora del debate de ayer, Lourdes Pérez, quien, pese a tener los párpados cerrados mientras le maquillaban, no perdía detalle de lo que se comentaba, o se dejaba de comentar, en la sala contigua. Y proponía preguntas a los candidatos, anticipando su labor de unos minutos más tarde.

En estas llegó Joseba Egibar y ya no hizo falta plantear más temas. Bollain, que llevaba un rato esperando su turno para ser maquillado, le cedió educado su posición al jeltzale: «Pasa tú primero, Joseba, vamos a fiarnos de las encuestas en este sentido también». Egibar agradeció el gesto y no se hizo repetir la invitación. El último en llegar fue el popular Borja Sémper, que compensó su llegada sobre la bocina repartiendo apretones de mano, besos y guiños a diestro y siniestro. «No nos conocíamos», le espetó Iriarte sonriente. «No, pero he oído hablar muy bien de ti», le correspondió Sémper, galán.

«Siempre pronto, Sémper», regañó irónica Lourdes Pérez al popular, antes de recordar a los candidatos los bloques en los que se dividiría el debate. «Los últimos veinte minutos los dedicaremos a los pactos». «¿Veinte minutos para eso?», se extrañó el representante de Elkarrekin Podemos, como si fuera un exceso. «Bueno, si sobra tiempo podemos hablar del lío Iglesias-Errejón, que con tanto Twitter nos van a dejar sin trabajo», le contestó entre bromas la moderadora.

El grupo se acercó a echar un vistazo al plató. «¿Vamos a estar sentados en butacones?», preguntaba la socialista Corcuera. «Pues me gusta más que en el debate de ETB», reconocía la expresentadora Maddalen Iriarte. Cuando todos estuvieron listos, se runieron para la foto y Sémper siguió en su línea: «Es un placer posar con chicas guapas», susurraba simpático a Iriarte. «Ya 'señoras' guapas», le corregía, más adulada que molesta, la representante de la izquierda abertzale.

Mientras, en el hilo musical sonaba la canción de Bruce Sprinsteen 'Streets of Philadelphia', que amenizó los momentos previos. Una canción que habla de solidaridad, y que vino como anillo al dedo a un debate que transitó por las calles de la memoria, la economía y de la convivencia. En este caso, no por las calles de Filadelfia, sino por unas más cercanas: las de Gipuzkoa.