Diario Vasco

El PNV frente a todos

El PNV frente a todos
  • La clave de las autonómicas, salpicadas por el bloqueo en España, residirá en si el partido de Urkullu logra sumar junto al PSE más que el posible eje de EH Bildu y Podemos, con el PP a la expectativa

Esta medianoche ha arrancado la campaña electoral vasca más extraña. Y no solo por la temprana fecha del 25 de septiembre, con muchos ciudadanos apurando sus vacaciones de verano, sino por el inestable contexto político en el que se desarrollarán. Será una cita con las urnas solapada con la crisis por la falta de Gobierno en España y marcada, de inicio, por la inhabilitación del candidato de EH Bildu, Arnaldo Otegi, sobre la campaña. Supondrán, asimismo, los primeros comicios autonómicos desde la irrupción de Podemos, lo que reordenará el mapa vasco. La mayor o menor fuerza con la que irrumpa determinará las futuras alianzas que decanten el Gobierno Vasco hacia el PNV o hacia una eventual alianza entre la coalición abertzale y el partido de los círculos, con el PSE y el PP intentando ser árbitros. Podemos, en coalición con Ezker Anitza y Equo, fue primera fuerza en Euskadi en las generales de junio, hace menos de tres meses, pero ahora son los jeltzales, con el lehendakari Urkullu, los favoritos.

Los peneuvistas se han convertido, en esta precampaña, en la diana de las críticas del resto. PSE y PP le acusan a diario de volver al «raca raca del derecho a decidir». Y EH Bildu le reprocha falta de perfil soberanista y social, aspecto este último que también remarca Podemos. El debate socio-económico, que es el que prima en estos tiempos, compartirá protagonismo con la cuestión identitaria, con el futuro nuevo estatus en el horizonte. Los flecos del fin de ETA tendrán más difícil hacerse un hueco.

Favorito, pero sin confianzas

El PNV afronta la campaña desde una posición sólida pese a haber cedido la hegemonía en Euskadi a Podemos en las generales del 26 de junio. Pero estas elecciones son las autonómicas, su auténtico punto fuerte y con su referente principal, Iñigo Urkullu, al frente del cartel. El lehendakari sigue haciendo gala de su moderación pactista y buscando mantenerse en la centralidad, alejada del rupturismo independentista catalán avalado por la izquierda abertzale y del «centralismo» que denuncian en el fallido pacto PP-Ciudadanos. En su programa electoral sí recoge una consulta «habilitante» para refrendar el nuevo estatus que apruebe el Parlamento, pero evita fijar una fecha, para no pillarse los dedos como le ha ocurrido esta legislatura. Su vitola de favorito no implica en todo caso que tenga asegurada la mayoría para gobernar. Ya le pasó en 2012 con sus insuficientes 27 escaños que requirieron del auxilio del PSE-EE para apuntalar una mayoría absoluta sobre 75. La formación jeltzale se marca el 25-S como objetivo superar la suma del previsible eje de izquierdas que sumen EH Bildu y Podemos, con cantos de sirena al voto moderado. Para ello, necesitará que el PSE-EE salga indemne y poder reproducir los pactos que funcionan en diputaciones y ayuntamientos, aunque las pullas de Idoia Mendia sobre el derecho a decidir empiezan a cansar en Sabin Etxea. Urkullu apostará en campaña por resaltar sus datos de gestión, negando que Euskadi haya aplicado recortes sociales, como sostienen EH Bildu y Podemos, y con un discurso alejado de cualquier radicalidad, como quiere hacer ver el PP asimilándoles con la izquierda abertzale y Pablo Iglesias. Estas dos formaciones, por su parte, sospechan que el PNV, con el adelanto electoral en Euskadi, busca poder posteriormente facilitar un Gobierno del PP en Madrid a cambio de estabilidad en el País Vasco, aunque el duro enfrentamiento de estos días entre jeltzales y populares no augura precisamente entendimientos.

EH Bildu se la juega

La coalición de Sortu, EA, Aralar y Alternatiba ha arrancado la campaña en plena efervescencia por la inhabilitación de su apuesta como candidato a lehendakari, Arnaldo Otegi. Otegi hará campaña hasta el final, incidiendo en su mano tendida a los partidarios del derecho a decidir, PNV y Podemos principalmente, para un «acuerdo de país» hacia la soberanía. No obstante, las cabezas pensantes de la coalición ven a día de hoy muy difícil un «pacto en clave nacional» con el PNV. No es descartable que, aunque no pueda ocupar su escaño, el líder independentista acabe siendo el responsable de la estrategia parlamentaria de la coalición de alguna u otra forma. De hecho, se ha rodeado de un equipo reforzado, con la alavesa Miren Larrión, uno de los principales valores en alza de la coalición, como dirigente con peso político, y el reclamo de la conocida periodista donostiarra de ETB Maddalen Iriarte, el as que guardaba en secreto en la manga. En todo caso, la clave para EH Bildu será quedar por delante de Podemos y tener la manija de los pactos para una futura alternativa al PNV. Para ello necesitan recuperar cien mil votos, entre fugados a Podemos y abstencionistas del ala más ortodoxa de la izquierda abertzale. Todo lo que no sea cumplir ese objetivo meterá en serios problemas a la coalición soberanista, en pleno proceso, además, de refundación de Sortu. Está claro que el independentismo vasco se la juega en las urnas dentro de tres semanas.

El PSE, a conservar la llave

Los socialistas aspiran a consolidar la mejoría apuntada en Euskadi en junio en las generales para que Podemos, que ocupará parte de su espacio, no les quite la llave que decida el futuro Gobierno Vasco. La clave residirá en si el electorado entiende la firmeza de Pedro Sánchez en su 'no' a Mariano Rajoy, algo que en Euskadi ha sido por ahora más premiado que penalizado, o castiga al PSE-EE por el bloqueo en España. Más dificultades tendrán a la hora de confrontar con Podemos en clave de izquierdas debido a sus pactos con el PNV en el Parlamento Vasco, algo que sus rivales les echarán en cara en campaña. Para defenderse, el PSE-EE se reivindicará como el que ha frenado «los recortes» que planeaba el Gobierno de Urkullu. Para despegarse de los jeltzales en campaña, la candidata Idoia Mendia se esfuerza en asimilarles con el «raca raca» del derecho a decidir, como refleja el polémico vídeo de precampaña que en Ajuria Enea y el PNV ha sentado a cuerno quemado. Sobre todo cuando Urkullu se ha esforzado en desmarcarse de Cataluña. Mendia quiere aparecer como la aspirante «transversal», capaz de entenderse con nacionalistas vascos y constitucionalistas en los «acuerdos de país». Y para amarrar el voto de la izquierda, el PSE-EE tratará de identificar a Podemos con EH Bildu.

El PP, sin complejos

Los populares afronta sin complejos el reto de las vascas, con un discurso contundente contra el PNV que puede calar en Araba, el territorio donde el PP debe cimentar cualquier buen resultado. El adelanto de Urkullu no dejó mucho margen a su candidato, Alfonso Alonso, a la hora de decidir embarcarse en el barco de Euskadi. El exministro pasará un examen interno también, un año después de asumir la presidencia del partido en el País Vasco tras forzar la salida de Aran-tza Quiroga. La estrategia de campaña pasa por situar al PNV en la radicalidad soberanista, identificándoles con EH Bildu y Podemos, para retener el voto moderado fronterizo entre populares y peneuvistas. Asimismo, Alonso introducirá en sus discursos el bloqueo en España para desgastar a los socialistas vascos, fieles aliados de Pedro Sánchez y su 'no' a Rajoy. Y para no ceder tampoco terreno a Ciudadanos, el PP se ha mantenido en la vanguardia en favor de la inhabilitación de Arnaldo Otegi, con un discurso sin contemplaciones contra el líder de EH Bildu. Los populares, con Mariano Rajoy atascado en la investidura, quieren asimismo forzar al PNV para que facilite la investidura de su líder en España. Si sus escaños en el Parlamento Vasco suman mayoría absoluta con los de PNV y PSE-EE, Alonso tendrá sólidos argumentos para apretar a Urkullu y a Andoni Ortuzar.

Elkarrekin Podemos, a confirmarse

Podemos parece sumergido en una especie de bipolaridad. La euforia por el histórico triunfo en las generales de junio ha languidecido pronto por la falta de influencia en Madrid del grupo parlamentario de Pablo Iglesias, que sufrió un varapalo en aquella segunda vuelta. El 'fichaje' de Pili Zabala, hermana de una víctima de los GAL, pareció insuflar de nuevo ánimos al partido morado en Euskadi, pero la polémica por la inhabilitación de Otegi, la necesidad de que su candidata a lehendakari vaya cogiendo más consistencia, y unas listas electorales sin grandes nombres han enfriado las expectativas. Pero Elkarrekin Podemos (que suma también a Ezker Anitza-IU y Equo) parece haber caído de pie en Euskadi y nadie descarta que siga dando sorpresas. De hecho, todo apunta a que será decisivo en las alianzas postelectorales, al pescar votos en casi todos los caladeros, salvo el del PP. De su mayor o menor fortaleza dependerá si el PNV puede seguir gobernando con el soporte del PSE-EE o se abre una alternativa a los jeltzales de la mano de EH Bildu. Ha sorprendido que en los últimos meses la formación de Nagua Alba haya bajado el diapasón contra el PNV, quizás conscientes de que en Euskadi a Urkullu no se le percibe como a Rajoy. Respecto a la paz, anuncian iniciativas novedosas.

Ciudadanos busca un hueco

Tras la renuncia de la UPyD de Gorka Maneiro, Ciudadanos toma el relevo como sexta fuerza, con opciones de arañar algún escaño por Araba, al calor del pactismo de Albert Rivera. El partido naranja tiene difícil despojarse de la etiqueta que le ha colocado el nacionalismo vasco por sus posturas críticas con la singularidad vasca y el Concierto Económico. Pero de la mano del donostiarra Nicolás de Miguel puede hacerse con esos votos alaveses que han mantenido a Maneiro, con un perfil similar contra el abertzalismo, nada menos que ocho años en el Parlamento Vasco.