Un traje a medida para ayudar a las empresas que lo pasen mal

J. D. A. SAN SEBASTIÁN.

Era inevitable tras un par de semanas muy oscuras para la industria vasca. La presencia ayer de Arantxa Tapia en la sala de prensa de Lakua para dar a conocer el plan 2017-2020 del Gobierno Vasco para el tejido productivo vivió un capítulo anunciado, el de las empresas vascas en crisis. La consejera contaba con ello, y recordó que el primero de los siete ejes del programa plurianual del Ejecutivo (dotado este año con 75,3 millones de presupuesto) está dedicado, precisamente, a apoyar el desarrollo de las pymes y a ayudar a aquella que lo pasen mal.

Una política, apuntó Tapia, que no es nueva, y que en el anterior Plan Industrial (2014-2016) sirvió para atender 175 casos concretos, aunque no pudo evitar, añadió, que una decena de compañías sucumbieran. «Es muy duro, por el empleo, aunque fuera una sola la afectada», dijo.

«El Gobierno trabaja esos casos complicados uno a uno, siempre, y procura dar a cada empresa una solución única, como un traje a medida», apuntó la consejera, que defendió que esa labor «permitió mantener 22.400 puestos de trabajo» en el anterior cuatrienio. Así lo recoge el 'examen de conciencia' que incluye el programa 2017-2020, que incorpora una evaluación de la anterior hoja de ruta y que explica también que las pymes «sienten cierta desatención».

Tras lanzar un dardo a Cata por su comportamiento para con ella al presentar preconcurso de acreedores para Fagor-CNA, Tapia puso en valor instrumentos como el Bideratu Berria, dedicado a la reestructuración de firmas en apuros, o los créditos participativos de Luzaro. La consejera explicó que el Gobierno sigue aún «trabajando» en aquel fondo público-privado de 250 millones anunciado ya hace más de un año y que invertiría en empresas vascas para blindar su arraigo.

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