«¿El Primero de Mayo? Yo quiero trabajar, y con contrato»

Maddi Olariaga afronta su primer 1º de Mayo con empleo como trabajadora en Indar. / J. MARIN
Maddi Olariaga afronta su primer 1º de Mayo con empleo como trabajadora en Indar. / J. MARIN

DV reúne a tres personas de muy distinto perfil que relatan su experiencia laboral

ALEXIS ALGABA SAN SEBASTIÁN.

¿Cómo vive el Primero de Mayo un parado de larga duración que vuelve a tener trabajo después de siete años? ¿Y una empleada del hogar que se ha pasado nueve años sin contrato y necesita trabajar en 'negro' para llegar a fin de mes? ¿Qué sensaciones tiene una joven de 23 años que disfrutará de su primer puente como empleada industrial? La crisis económica y la posterior recuperación está dejando un mercado laboral preñado de contrastes a lo largo y ancho del Estado. Y Gipuzkoa no es una excepción. Se habla de un territorio a dos velocidades, pero la realidad tiene más marchas que un coche de alta gama. El día a día de los jóvenes es distinto al de un parado de larga duración y padre de familia, y completamenta opuesto al de una inmigrante que ve cerradas las puertas al empleo aunque lo único que quiera sea «trabajar y con contrato». Y como estos ejemplos hay muchos más. DV ha querido reunir tres perfiles que conviven en esta Gipuzkoa y que llegan al Día del Trabajador que se celebra hoy en una posición distinta, tanto vital como emocionalmente.

La mañana arranca con niebla en Donostia y Maddi Olariaga se dirige junto a un compañero en el coche de éste a Beasain para iniciar una nueva jornada en el departamento de Ingeniería de Producción de Indar. Son cerca de las 7 de la mañana y a la vuelta, a eso de las 5 de la tarde, les cogerá un atasco en la N-1. No lo sabe, pero tampoco le preocupa. Ha decidido iniciar su trayectoria profesional «cerca de casa», aunque valora que «marcharme fuera pueda ser una experiencia que me pueda enriquecer». Sin embargo, no piensa egoístamente y defiende que «si nos vamos todos, ¿quién se queda aquí? Nosotros somos el futuro de este país».

La pasada semana el lehendakari Urkullu reclamaba la necesidad de que los jóvenes tuvieran acceso al mercado laboral, apuntaba también el reto de que la industria pudiera disponer de los perfiles requeridos y también hacía un reclamo para hacer frente a la brecha de genero. Quizá Maddi sea el paradigma que busca Urkullu. Joven y con un máster de Ingeniería Industrial de Tecnun con vistas al sector manufacturero. «Todavía hay muchos más hombres que mujeres en la industria, pero según la ingeniería que se elija el porcentaje cambia y creo que poco a poco cada vez somos más las que optamos por este sector», explica la donostiarra.

«Todavía hay más hombres que mujeres en la industria, pero cada vez somos más y la cosa está cambiando»

«Las empresas han visto claro que deben retener el talento y nosotras somos el futuro de este país»

Maddi disfrutará de su primer puente del 1º de Mayo como trabajadora, ya que lleva desde junio del pasado año trabajando en Indar, la firma guipuzcoana líder mundial en el diseño y fabricación de motores y generadores eléctricos. Primero realizó su proyecto de fin de máster en la propia compañía y tuvo la «suerte» de que siguieran confiando en ella tras acabar ese periodo de formación. «Parece, y por lo que veo también entre los amigos y amigas, que las empresas de aquí tienen claro que quieren retener el talento y hay más posibilidades si hay buena formación», comenta. Parece que los años de éxodo importante de jóvenes por falta de posibilidades ha disminuido gracias a la recuperación económica y las compañías líderes en el territorio han interiorizado que una de las claves del éxito es retener ese talento local en sus fábricas.

Maddi no tiene dudas de que hoy en día una de las asignaturas pendientes en el mercado laboral es la de la equiparación de las posibilidades para hombres y mujeres, de ahí que comparta marchas como las del pasado 8 de marzo y que también teñirán la Fiesta del Trabajo de mañana. «Aunque yo no la haya sufrido es una realidad y sin tener que recurrir a ningún tipo de extremismo, todos deberíamos hacer más por la igualdad entre sexos», admite.

Magdalena Ailenei llegó a Gipuzkoa hace nueve años y desde entonces apenas ha trabajado con contrato.
Magdalena Ailenei llegó a Gipuzkoa hace nueve años y desde entonces apenas ha trabajado con contrato. / ARIZMENDI

Otro tipo de igualdad

Un grito por la igualdad es también el que realiza Magdalena Ailenei, pero no solo de sexos, sino también atendiendo a las distintas procedencias. «Algunas veces cuando me llaman para una entrevista de trabajo y les digo que soy rumana, me cuelgan y no me vuelven a telefonear», comenta, como la que ha sufrido esta situación en un buen puñado de ocasiones. Ha dejado de ser una anécdota en su vida para convertirse en algo habitual. «He repartido miles de currículums; he hecho cursos de jardinería, limpieza, cuidado de mayores... Pero no consigo que me hagan un contrato», explica.

Lleva nueve años viviendo en Gipuzkoa, ahora tiene 57 y se define como empleada del hogar. Recuerda con añoranza cuando tuvo un contrato como limpiadora «del Ayuntamiento en San Juan». Ahora, trabaja en la limpieza de un domicilio particular en Errenteria, solo ocho horas a la semana, gracias a la ayuda que le ha brindado la agencia de desarrollo de Oarsoaldea. «Y lo que no puedo ganar para vivir con un contrato, tengo que conseguirlo en 'negro'», confiesa.

«Llego con 400 euros a fin de mes y lo que no consigo con un contrato lo tengo que lograr en 'negro'»

«He repartido miles de currículums y a veces me cuelgan cuando les digo que soy rumana»

Magdalena insiste en que recurrir a la economía sumergida no es lo que persigue. «Yo solo quiero trabajar y hacerlo con contrato», remarca firme. En estos momentos consigue llegar a fin de mes «con alrededor de 400 euros» y paga el alquiler con la colaboración de su hijo, que vive con ella y está en unas condiciones similares. «Y no recibimos más ayuda», añade. Llegó a Gipuzkoa, la provincia con menos paro del Estado, con la esperanza de que las posibilidades de empleo también le llegaran a ella. Con 57 años y tras casi una década de lucha por un empleo digno, lo ve «imposible», aunque no va a arrojar la toalla y seguirá peleando por «un trabajo con contrato».

Antonio E. ha encontrado un empleo estable en Oarsotek después de siete años en paro.
Antonio E. ha encontrado un empleo estable en Oarsotek después de siete años en paro. / I. SÁNCHEZ

Nueve años no, pero siete sí que ha pasado Antonio E. para volver a trabajar en la industria. «Llegó 2010 y en la empresa no había trabajo para todos», recuerda. No solo no hubo sitio entonces. En los siguientes siete largos años solo ha podido trabajar «tres meses». «Pienso que la edad y el pasar por tantos puestos de trabajo no me ha beneficiado. Si no eres un profesional especializado en algo, es complicado que te llamen», advierte.

Ahora, desde el pasado mes de febrero y con 55 años cumplidos, le ha vuelto la ilusión después de encontrar en Oarsotek la oportunidad que esperaba. «Ahora me levanto con otro ánimo, no doy tantas vueltas en la cama. El cambio ha sido total», confiesa animado. Su mujer y su hija han sido fundamentales para él en estos años «difíciles» en los que ha solicitado todas las ayudas posibles. «Me he tenido que especializar en hacer papeles: los conozco todos», resume.

«Ahora me levanto con otro ánimo y no doy tantas vueltas en la cama. El cambio ha sido total»

«La edad y no tener una especialidad concreta no ayudan a la hora de buscar trabajo en la industria»

Antonio reconoce que ya estaba «aburrido de buscar y opositar» a ofertas en distintas webs de empleo y en las que «mayoritariamente ni te llaman». La edad, la trayectoria y tanto tiempo en el paro resultan serios hándicaps a la hora de que una compañía se decida a ofrecer una oportunidad a este tipo de perfiles. Sin embargo, la constancia ha tenido sus frutos este año y volverá a disfrutar de un 1º de Mayo festivo, pero con trabajo: «Ya ni me acordaba que era fiesta. Para mí, por desgracia, en los últimos años todos los días eran iguales».

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