350.000 vascos siguen sin convenio un año después del gran pacto entre patronal y sindicatos

Dos trabajadores durante su jornada laboral. /
Dos trabajadores durante su jornada laboral.

Los mayoritarios ELA y LAB culpan a CC OO y UGT y a los empresarios, mientras los ‘acusados’ responsabilizan a las centrales abertzales

JOSÉ V. MERINO

Un ‘día de la marmota’ a la vasca, en el que las cosas no cambian mientras el mundo gira... y avanza. Es la imagen que mejor define las relaciones laborales en la comunidad autónoma, donde un año después de la firma del acuerdo entre los cuatro grandes sindicatos -ELA, LAB, CC OO y UGT- y la patronal Confebask para proteger los convenios vascos frente a los estatales, todo sigue igual. Hasta el punto de que el número de trabajadores sin convenio colectivo o pactos pendientes de renovar permanece invariable, clavado en los 350.000, lo que afecta a su poder adquisitivo y a sus condiciones de trabajo. No es un porcentaje pequeño, sino el 61% de la fuerza laboral. Sólo en Álava, donde Comisiones y UGT tienen peso, las cosas se han movido.

De poco ha servido aquel acuerdo firmado el 17 de enero de 2017 en el Consejo vasco de Relaciones Laborales (CRL) que se vendió como histórico, al ser el primero con semejante consenso desde 1999, cuando se suscribió un pacto sobre el contrato de relevo que tuvo una vida tan breve como poco fructífera.

Transcurrido un año, los cinco participantes en aquella fotografía solo tienen una cosa clara a la hora de explicar el fracaso: la culpa de que las cosas no hayan avanzado un ápice no es suya, sino de los demás. Y lo peor es que tampoco ven mejores perspectivas para romper el bloqueo en el País Vasco para el año que arranca, a pesar de que este próximo jueves se reunirán en Madrid los dos principales sindicatos españoles -Comisiones Obreras y UGT- con las patronales CEOE y Cepyme para, al calor del reciente acuerdo bendecido por el Gobierno de Rajoy en torno al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), intentar que en 2018 los sueldos suban de forma notable (se maneja el 3%) sin por ello rebajar la competitividad de las empresas. Vamos, que en Euskadi nadie confía en que lo que suceda en la capital de España sirva de espejo.

«No éramos inocentes»

ELA, la central mayoritaria, dice que la responsabilidad de este año perdido la tienen la patronal vasca Confebask y los dos sindicatos de ‘obediencia’ estatal, CC OO y UGT. Pello Igeregi, su responsable de negociación colectiva, recuerda que firmaron el pacto «porque era bueno», pero subraya que «no éramos inocentes» y ya vaticinaban lo que acabaría pasando. «Confebask no ha cambiado y mantiene su apuesta por la desvalorización salarial. Con la reforma laboral de 2012 tiene mucho poder y no está dispuesta a renunciar a él». Además, las dos centrales a las que culpa, al impugnar y ganar en los tribunales un acuerdo vasco sobre hostelería que afecta a los comedores escolares, los de los hospitales y las empresas, habrían mostrado su ‘verdadera’ cara al primar los pactos estatales sobre los vascos.

Los agentes sociales ven muy difícil que los posibles acuerdos en Madrid se trasladen a Euskadi

En 2017 la negociación colectiva transcurrió en Euskadi con más pena que gloria. ¿Y qué pasará este año? ¿Servirá de acicate el acuerdo que empiezan a negociar en Madrid el jueves la CEOE y Cepyme por el lado patronal y CC OO y UGT por el sindical?

Todos parecen de acuerdo en que, como resume la catedrática Sara de la Rica, es preciso que los agentes sociales pacten unas condiciones «acordes a los ritmos de recuperación de las empresas». Otra cosa es que lo vean posible.

Pello Igeregi (ELA), subraya que pactos como el que se persigue en Madrid «no son vinculantes, sino recomendaciones» que, en general, «tienen en común la devaluación salarial» porque las posibles subidas se vinculan «a la evolución del petróleo, del PIB, de la creación de trabajo...». Pese a este panorama, no es pesimista. «La reforma de 2012 metió miedo. Pero la paciencia de la gente se está colmando y eso da esperanzas para cambiar la realidad, organizarnos y forzar la situación». A Xabier Ugartemendia (LAB) también le parece que hay hartazgo. Y como «no confiamos en que la patronal cambie, apostamos por la lucha, por multiplicar la conflictividad».

«La correlación de fuerzas es determinante. ELA lleva años sin abrir la negociación en sectores donde tiene mayoría absoluta. Así que no soy optimista», sentencia Mari Cruz Vicente, de CC OO, con un punto de orgullo porque, «donde podemos, conseguimos mejores condiciones que en los convenios de empresa que domina ELA».

Si hay acuerdo en Madrid, «sería un referente para Euskadi, pero es que aquí, en cuanto algo llega de España, se le pone la etiqueta de malo», se duele Maribel Ballesteros (UGT), quien recuerda, con nostalgia, cuando Euskadi era la comunidad con los mejores sueldos y condiciones, fruto de la negociación. «Y ahora hay convenios decaídos desde hace 5, 6, 15 años...».

Para Jon Bilbao, de Confebask, los signos no son «alentadores», pese a que durante la crisis «las empresas vascas en su conjunto han mantenido o mejorado las condiciones». «Y aquí seguimos, a la espera, con paradigmas fundidos en cemento: unos buscando soluciones y otros, conflictos. ¿Como vamos a perder competitividad en un mundo que es competitivo?».

Igeregi resume lo sucedido en cuatro trazos. «ELA apuesta por la conflictividad» para arrancar acuerdos «mientras otros sindicatos renuncian a ello. Hay tres huelgas indefinidas en Euskadi, en la OTA de Bilbao, en el Palacio Euskalduna y en un polideportivo. ¿Qué tienen en común? Que ELA es el sindicato único o el principal. Nos gustaría ir acompañados, pero...».

No difiere demasiado la opinión de LAB, el segundo sindicato vasco. Xabier Ugartemendia, su responsable de acción sindical, admite que el pacto interprofesional, aunque «es una herramienta válida», no ha servido para desbloquear ni para blindar la negociación colectiva en la comunidad autónoma. Y la razón, enfatiza, son «los ataques de la patronal estatal, en la que también está Confebask, que pretende continuar con un proceso generalizado de precarización de las condiciones, aplicando las reformas laborales y atacando los salarios; y de CC OO y UGT». En suma, que para LAB el acuerdo es a día de hoy una especie de bonito cadáver, tan perfecto por fuera como hueco por dentro.

¿Y qué tienen que decir los señalados como responsables del fiasco por las dos centrales que conforman la mayoría?

«Estratégico y fundamental»

Para Comisiones Obreras, el tercer sindicato de la comunidad, las cosas ya empezaron mal al poco de firmar un acuerdo que, de salida, «era bueno». «Propusimos un frente sindical para hacer todo desde la unidad y desde la fuerza. Pero ELA, que tiene la mayor responsabilidad, dijo no, una estrategia de bloqueo con efectos por cierto muy escasos a la que se ha plegado LAB por cuestiones políticas, y ya se partió desde la debilidad». El resultado ha sido que «se ha empobrecido a los trabajadores y se ha dado beneficios a las empresas». Mari Cruz Vicente, la ‘número dos’ de CC OO, enfatiza que la apuesta por la negociación sectorial -la que propician su sindicato y UGT frente a ELA y LAB, que prefieren la discusión en el seno de las empresas- es «estratégica y fundamental», porque supone un paraguas para miles de personas que trabajan en pymes y que no tienen otra protección. Y más, añade, en un escenario en el que, de la mano de la reforma laboral, han irrumpido «las subcontratas».

No es cierto que todo haya ido mal en estos últimos doce meses. Las cosas sí se han movido en Álava, un territorio donde las centrales nacionales tienen más respaldo. Y de ello da cuenta la ugetista Maribel Ballesteros, que pone cifras. «De los 21 convenios, en Álava se han firmado 13; en Gipuzkoa, de los 48 sectoriales solo se han suscrito 8; y en Bizkaia, de los 49 posibles, únicamente 10». Un panorama «dramático en el que 350.000 trabajadores han perdido poder adquisitivo y condiciones laborales» por la «dejación de los sindicatos nacionalistas», una actitud ante la que la patronal se siente «muy cómoda».

De rebote, lo sucedido en Euskadi tiene otra consecuencia sobre la que ponen el acento Comisiones y UGT y de la que responsabilizan a los sindicatos abertzales: la estatalización, el efecto que pretendía evitar el gran pacto de hace un año. Hasta el pasado noviembre, el último dato oficial, los nuevos convenios sectoriales de ámbito nacional con incidencia en la comunidad autónoma, suscritos sin la participación directa de los sindicatos y las patronales de Euskadi, afectan a más trabajadores que los acordados por esas organizaciones en el País Vasco. Sucede por segunda vez, tras el precedente de 2015.

«Si se pide lo imposible...»

Jon Bilbao, el representante de Confebask, tampoco esperaba «demasiado» del gran pacto de 2017. «La voluntad era firmar convenios aquí y protegerlos. Pero para eso hacía falta pactar. Si no, ¿qué vamos a proteger?». Un convenio «es una transacción entre unas mejores condiciones laborales y la competitividad de la empresa», que a su juicio las garantiza. Pero si «se parte de pedir lo imposible como si la crisis no hubiera sucedido y las empresas estuvieran igual que hace 10 años, el resultado es que en Álava, con UGT y CC OO se ha firmado todo lo firmable, salvo en un caso. En Bizkaia los avances son relevantes pero insuficientes y en Gipuzkoa las cosas están más atrasadas que en ningún lado. El sujeto es siempre el mismo: ELA, que no está en lo serio, sino en el conflicto». Entretanto, en España «se negocia, se transacciona, se pacta y... se mejora», con lo cual la negociación estatal «va ocupando el espacio y lo nuestro queda en el aire, sin proteger».

Es recurrente por parte de los sindicatos subrayar que la patronal está muy «tranquila» con la desunión sindical. Esto es, como las exigencias están deshilachadas, lo mejor es no hacer nada.

- ¿Están tranquilos?

- No, tranquilos no. Cómodos, sí.

- ¿No es lo mismo?

- No. Una cosa es la tranquilidad y otra la comodidad. No estamos tranquilos porque ELA es el sindicato mayoritario, y de él se espera moderación y responsabilidad. Pero es que no quieren. En Euskadi hay una falta de ajuste entre la cultura sindical y el mundo global que no es buena y que nos preocupa. Nosotros queremos bailar, pero no encontramos pareja de baile. ¿Estoy tranquilo? No, estoy cómodo porque estoy sentado, sin bailar, pero no estoy tranquilo».

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