Diario Vasco

Más de 6.200 vascos trabajan tras haber cumplido los 65 años

  • El Gobierno central se plantea hacer compatible el cobro del 100% de la pensión y el mantenimiento de un empleo a partir de la edad de jubilación

El futuro de las pensiones se perfila como uno de los grandes retos que deberá abordar el nuevo Gobierno central. Con las cuentas de la Seguridad Social en serios aprietos tras largos años de aguda crisis y la 'hucha' para situaciones de emergencia con dinero para apenas tres pagas extras -es decir, hasta finales de 2017-, el sistema se encamina a inevitables cambios en su sistema de financiación y a la adopción de medidas imaginativas para garantizar su viabilidad a medio y largo plazo. El Ejecutivo del PP en funciones apuesta por que las personas que alcancen la edad de jubilación (65 años y cuatro meses en la actualidad) puedan cobrar el 100% de la pensión que les corresponda aunque sigan trabajando, ya sea por cuenta propia o ajena, a tiempo completo o parcial.

Actualmente, los ciudadanos que optan por seguir trabajando al llegar a esa edad sólo tienen derecho al 50% de la prestación. En Euskadi, 6.256 personas mayores de 65 años (y que, por tanto, ya podrían haberse jubilado) continúan en el 'tajo', según las estadísticas del Ministerio de Empleo. En algunos casos han optado por esa fórmula porque necesitan sentirse activas. En otros lo han hecho porque precisan más años de cotización para mejorar la prestación de la Seguridad Social a la que tendrían derecho a día de hoy.

Cuatro trabajadores vascos que se mantienen en activo tras haber cumplido los 65 relatan su experiencia.

Lucía Ramón es aragonesa de origen y reside en Getxo, aunque su farmacia se encuentra en el barrio de Astrabudua, en Erandio. La abrió en 1977 y ahí sigue. Y lo que quede por delante, que todo apunta a que será mucho. La farmacéutica tiene 72 años y ahora es cotitular del establecimiento con su hija, Ruth Díaz. «¿Retirarme? ¿Para qué? Si esto es mi vida», explica. «Yo disfruto muchísimo de mi labor, y esa es la primera razón para seguir atendiendo a la gente». Para ilustrar este sentimiento de que el trabajo desempeñado con gusto no es un castigo, recurre a la filosofía oriental: «Hay una frase famosa de Confucio que dice ‘elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un día en tu vida’. Eso me encanta y refleja perfectamente cómo me siento». ¿Qué ventajas tiene sobre la jubilación el seguir tras el mostrador? «Una fundamental para mí es que me mantengo activa, tanto mental como físicamente. Trabajar para mí es como una medicina que no tendría con la inactividad», detalla. «Pero es que además me siento útil para la sociedad» Atender de cara al público es también un incentivo: «Trabajo para gente que ya es mi gente. Dese cuenta que yo tengo familias que he atendido hasta en cuatro generaciones».

La farmacia Etxegorri está situada en Astrabudua, «un barrio estupendo de gente estupenda», subraya. Y ella es la clase de farmacéutica ‘de toda la vida’ que conoce a sus clientes habituales como si fueran de casa porque en no pocos casos los ha atendido «de pequeños, acompañados por sus madres y abuelas», y ahora les sigue dispensando medicamentos cuando, ya mayores, acuden con sus propios hijos. «Esto es algo que para mí tiene muchísimo valor. No me veo dándole la espalda». En su caso el relevo generacional se ha convertido en compartir el testigo con su hija. «Me hace una ilusión tremenda que continúe la misma profesión. Esta continuidad además hace que siga teniendo proyectos en mente».

El caso de Alfredo Piris (65 años) destaca porque es él quien se ha visto obligado a recurrir a la ley para realizar su deseo de seguir trabajando. Funcionario del Ayuntamiento de Vitoria y, de hecho, «hombre fuerte» de los alcaldes José Ángel Cuerda (PNV), Alfonso Alonso (PP), Patxi Lazcoz (PSE) y Javier Maroto (PP), logró reincorporarse a su puesto de trabajo el pasado mes de agosto. «Me jubilé, bueno, me jubilaron el 1 de diciembre», recuerda. Evidentemente, fue contra su deseo manifiesto de seguir al pie del cañón en la jefatura de Gestión Urbanística. ¿Qué ocurrió? «En mi caso no creo que hubiese una política de obstrucción deliberada. Hubo una interpretación de la legislación que no era correcta, sin más. Se pensaba que no era posible que siguiera trabajando, cuando sí lo era». Así lo concluyeron los servicios jurídicos del Consistorio a partir de una sentencia que resolvía un caso similar a favor del trabajador. Un acuerdo extraprocesal de última hora impidió que el litigio pasara a mayores.

¿Por qué continuar? «Depende de las circunstancias familiares, personales, del tipo de trabajo que haga cada uno, que te guste», considera. «A mí me gusta mi trabajo. Estoy muy vinculado con el Ayuntamiento», añade este ingeniero de caminos que puso en marcha el Departamento de Protección Ciudadana. «He estado toda la vida en él, he conocido a todos los alcaldes de la democracia y además en puestos de responsabilidad». «Y, desde luego, no es lo mismo la edad de jubilación de una persona que está haciendo un trabajo físico, o un trabajo incluso arriesgado, un bombero por ejemplo, que la de una persona que hace una labor esencialmente intelectual», apunta. «Si no te falla la salud, mi trabajo lo puedes hacer durante muchos años».

A María Victoria Cañas le dijeron en Houston que tiene mucha energía social. Y acertaron de pleno. Cinco minutos de charla con ella son suficientes para darse cuenta de que está de sobra la pregunta de si en algún momento se planteó jubilarse a los 65. No lo hizo ni por asomo. Esta bodeguera de Elciego, propietaria de los vinos Díez-Caballero, no se imagina a sí misma inactiva. «Lo que ocurre es que yo no considero que trabajo», matiza. «Yo estoy ocupada, y muy ocupada, pero mi retribución es el placer que me proporciona realizar mis sueños e ilusiones, en primer lugar, y estar siempre activa, en segundo lugar», explica esta empresaria de 74 años que, además, está detrás de la creación del certamen de moda Bilbao Internacional Art&Fashion, «un tema apasionante porque se trata de dar visibilidad a diseñadores jóvenes y con muchísimo talento». «Diversifico mucho, porque es importante», comenta, aunque en todo caso la viña es el eje de sus actividades.

El de la viticultura «es un mundo muy rico y diverso. Tiene su propio ciclo natural, que es largo, pero en el que también estás pendiente de muchísimas cosas puntuales», explica. «Lo mismo estás a la espera de que llueva, cuando te vendría muy bien, o de que Parker vaya a sacar sus clasificaciones», detalla. «Además, hay otro factor que no sabría cómo definir. Es algo propio del campo. Yo no sé qué tiene la tierra, pero algún poder ejerce sobre las personas, porque ilusiona y te absorbe. No me veo fuera de él». La complejidad del vino va mucho más allá de los azares de la pura viticultura. Incluye todo un mundo comercial, social y cultural. «Es lo más alejado que se puede imaginar de un trabajo limitado o monótono. Tratas con una cantidad de gente muy diversa que te aporta muchísimo, con lo que no te cansas nunca». Cañas es bodeguera por tradición familiar. Su padre y sus abuelos también lo fueron. «Y mis dos hijos trabajan en la bodega», con lo que el relevo está asegurado.

«No vi ninguna razón para jubilarme a los 65. Me encontraba estupendamente bien, en forma intelectualmente. Para un profesor universitario eso es lo que importa», explica Santos Zunzunegui, catedrático de Comunicación Audiovisual de la UPV/EHU, al explicar las razones por las que decidió continuar enseñando. O, más bien, la falta de razones para marcharse una vez alcanzada la edad ordinaria de retiro. La suma de enseñar e investigar es «lo bueno de la Universidad. Por una parte está la docencia, que me gusta, y por otra la investigación, que también me gusta muchísimo», añade el profesor bilbaíno, historiador del cine y autor de monografías sobre Robert Bresson y Orson Welles, entre otros estudios. «Y en la medida de que esté intelectualmente en condiciones, no hay ninguna razón para dejar de investigar. Porque además se cuenta con el plus de la experiencia ganada a lo largo de los años», que adquiere su verdadero valor al trabajar en equipo. «Se contribuye a mantener la continuidad. Ayudas a formar a los nuevos investigadores y a que no se pierda ni una línea de trabajo».

Desde este punto de vista, prolongar la vida laboral en el ámbito universitario significa también que «puedes colaborar a impulsar la carrera de estos compañeros y colegas». Zunzunegui añade que, en todo caso, «podría seguir cultivando la investigación cuando me jubile». Esto ocurrirá irremediablemente el año que viene. «En la Universidad no se puede seguir a partir de los 70 años, y los cumplo en febrero», aclara. «De hecho ya he firmado el papel que me permitirá rematar el curso en agosto de 2017, porque no quería dejarlo a la mitad». La puerta que queda abierta en situaciones como la suya es la de ser catedrático emérito. «No descarto la posibilidad de presentar mi candidatura para continuar de ese modo. Pero esto me lo plantearé en su momento». Ocurra lo que ocurra, «seguiré investigando, porque esta no es una labor que se interrumpa por el final de un contrato laboral».

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