NO LE TEMBLARÁ LA CEJA

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Primero, las consideraciones económicas. La Unión Europea nunca ha querido intervenir en la composición de los gastos internos de un estado miembro. No impone su opinión, cuando la tiene, sobre si deben gastar más en sanidad o en educación; en policía o en transportes. Por el otro lado, y aunque hace décadas tuvo veleidades de armonizar los ingresos, todo ha quedado en poco. Alguna armonización de las bases en algunos impuestos, la centralización de los aranceles derivada de la política comercial común y muy poco más.

Por eso, lo que de verdad le importa y lo que escudriña con ojos de censor son los saldos finales. Viene a decir algo así como: usted ingrese lo que quiera y como quiera, pero no me gaste mucho más de lo que ingresa. Porque ese desequilibrio, los famosos déficits presupuestarios en los que todos los países han incurrido, con mayor o menor intensidad, distorsionan gravemente la política monetaria, un terreno muy sensible en donde sí se ha avanzado hasta crear una moneda única.

Como consecuencia de ello, los países miembros tienen que presentar un cuadro macroeconómico -que va a determinar el nivel de los ingresos, para una presión fiscal dada-, y un techo de gasto que debe ser coherente con esos ingresos esperados y con los déficits admitidos en cada momento y a cada cual. En resumen, la discusión sobre el techo de gasto tiene escaso recorrido, visto desde la asepsia de los números.

Pero la cosa se complica cuando le añadimos las consideraciones políticas. El techo de gasto presentado por el PP sigue firme la senda de reducción de los equilibrios presupuestarios y como no quiere subir los impuestos -parece que esta incluso dispuesto a bajar el IRPF antes de que lleguen las urnas por las presiones ejercidas por Ciudadanos, cuyo voto necesita imperiosamente-, el techo de gasto se convierte en un elemento crucial del modelo. Un techo, que es sin duda exigente, pero que lo hubiera sido mucho más si no se llega a producir la mejoría sensible de nuestra economía, que crece el doble que la de nuestros vecinos.

El neoPSOE encuentra aquí un terreno espléndido para «marcar perfil». Pedro Sánchez anunció que iba a votar en contra antes incluso de conocer su cuantía, un ejercicio de responsabilidad que me parece mejorable. Eso le obliga a Mariano Rajoy a desplegar sus encantos (?) con Ciudadanos y con el PNV para reeditar la alianza que aprobó los presupuestos. ¿Cuál es la alternativa? Pues el ridículo europeo. No se relaje, que igual llega. A Pedro Sánchez esas nimiedades no le hacen temblar ni una ceja. El comisario Pierre Moscovici consiguió parar el primer golpe al cambiar el no por la abstención en el acuerdo con Canadá. Ahora no conseguirá quitarle a Sánchez su cuarto de hora de gloria.

Fotos

Vídeos