La subida del catastro en Gipuzkoa amenaza tormenta

El tribunal que atiende a los contribuyentes descontentos ya se prepara para las reclamaciones

DAVID TABERNASan Sebastián

Tiene nombre de santa inquisición, pero en esta ocasión está del lado del débil, o al menos, debería escucharle. El Tribunal Económico-Administrativo Foral es el órgano que se encarga de atender las reclamaciones de los contribuyentes –personas físicas y jurídicas– que no han tenido una buena experiencia con la Hacienda foral. Tiene carácter independiente y su vida ha transcurrido siempre sin hacer excesivo ruido, con los medios justos y una publicidad modesta. Sin embargo, la crisis económica ha obligado a los miembros del tribunal a hacer horas extras. La necesidad de las instituciones públicas de buscar ingresos debajo de cualquier sofá, llevó a las administraciones a subir los impuestos y las tasas municipales. Hincar el diente donde podía haber carne. Nueve años después del comienzo de la crisis, nadie ha visto una reconversión del sector público para ahorrar gastos porque, sencillamente, resulta menos incómodo y más rentable subir impuestos al contribuyente anónimo.

Uno de esos sofás que las administraciones guipuzcoanas levantaron fue el Impuesto de Bienes Inmuebles, conocido como la contribución. Con el objetivo de aumentar los ingresos de unos municipios endeudados y acostumbrados a vivir de un ladrillo que se derritió, los consistorios, animados por la Diputación, aplicaron todo tipo de recargos a las viviendas vacías, una medida que provocó que la actividad del Tribunal Económico-Administrativo Foral saliese de su zona de confort y obligara a remangarse. Las reclamaciones se multiplicaron, llegando a saturar el servicio, que tuvo que ser reforzado con más personal, y que ya andaba algo atareado con las reclamaciones de los camioneros por el Impuesto de las ventas minoristas de los hidrocarburos (el céntimo sanitario).

Ahora, cuando el tribunal parece haber recuperado cierta normalidad y las reclamaciones han bajado, tras varios años de aplicación del recargo del IBI, la actualización del catastro que ha llevado a cabo la Hacienda foral, y que ha provocado un incremento del valor de muchos inmuebles de Gipuzkoa, amenaza con volver a llenar de reclamaciones los escritorios del tribunal. De hecho, sus miembros son conscientes de ello, y en su último informe sobre el balance de 2016 lo advierten. Reconocen que están «a la espera del efecto que tendrá para 2017 el efecto» del catastrazo.

El incremento del 10% en el valor de los inmuebles ha dado a muchos propietarios un gran susto cuando han visto esta primavera el recibo del IBI, pese a que los ayuntamientos han reducido los tipos para que la factura no se disparara en exceso. El susto no ha sido solo para los dueños de casas sino también de garajes, por ejemplo.

Muchos de ellos estarán preparando ya una primera reclamación a su Ayuntamiento, que probablemente acaben derivando al Tribunal Económico-Administrativo Foral. Así, la relativa calma que recobró en 2016, volverá a acabar en tormenta.

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