Los sindicatos de La Naval exigirán al Estado que rescate a parte de la plantilla si cierra el astillero

El astillero de La Naval, envuelto en una profunda crisis, está semiparalizado y la actividad estos días es mínima/
El astillero de La Naval, envuelto en una profunda crisis, está semiparalizado y la actividad estos días es mínima

Un total de 155 de los 215 empleados de la empresa tendrían derecho a incorporarse a la nómina de Navantia

MANU ÁLVAREZ

Aunque el objetivo ‘número uno’ es intentar que el astillero La Naval de Sestao pueda mantener su actividad en el futuro, todas las opciones alternativas comienzan a ponerse sobre la mesa. Su delicada situación, que le ha colocado al borde mismo de la quiebra y a las puertas de un procedimiento concursal, abre ahora un buen número de incertidumbres. Los sindicatos no dudan, señalaron ayer fuentes de las organizaciones de trabajadores a EL CORREO, que una de esas alternativas será exigir al Estado la recolocación de al menos una parte de la plantilla de la empresa. Se trata de un colectivo de 155 trabajadores -la nómina total en estos momentos es de 215, aunque hay otros 1.600 operarios de contratas-, que formaban parte del astillero cuando el mismo fue privatizado en el segundo semestre de 2006. Aunque el asunto tiene sus aristas y está sometido a varias interpretaciones, este colectivo estaría amparado -al menos así lo defienden fuentes sindicales- por un acuerdo que preveía su rescate, su vuelta al grupo de astilleros de titularidad pública, hoy Navantia, si la privatización se convertía en un fracaso y ellos perdían su puesto de trabajo.

El comité acuerda reuniones con PP, EH Bildu y Podemos

El comité de La Naval se reunirá el martes con EH Bildu y el miércoles con PP y Podemos. Las citas, anunciadas ayer por Txema Belón, delegado de UGT en el astillero, se suman a las que ya tiene concertadas para el lunes con el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, y la secretaria general del PSE, Idoia Mendia. Ese mismo día, al término de ambas entrevistas, los representantes de los trabajadores celebrarán un encuentro. No obstante, no se prevé que tomen decisiones, «más allá de celebrar alguna concentración», hasta que intercambien posturas el próximo jueves con la dirección de la empresa.

En 2006, el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero consiguió vencer la resistencia de los sindicatos a la privatización de los astilleros civiles mediante un pacto que otorgaba una protección excepcional a su plantilla. Así, el antiguo emporio público de construcción naval, Izar, se desgajó en dos grandes grupos. De un lado, los astilleros dedicados a la construcción de buques militares crearon una nueva sociedad, Navantia, y se mantuvieron bajo el paraguas del Estado. Los civiles fueron a parar a manos privadas y en el caso de La Naval, a las de un consorcio formado por Murueta, Ingeteam, el armador Knutsen y otros pequeños accionistas.

Diez años... y algo más

El compromiso que los sindicatos están dispuestos a desempolvar preveía un conjunto de garantías durante un periodo máximo de diez años. Así, la antigua Izar -hoy Navantia, su heredera-, se comprometía a rescatar a los trabajadores de La Naval en el caso de que alguno de ellos fuese despedido, bien porque la empresa entraba en problemas ya con el nuevo propietario privado y abordaba una reducción de plantilla, o porque se producía el cierre y desaparición del astillero. Opción traumática pero que se acaba de asomar en el horizonte a corto plazo. La garantía era doble. Para los mayores de 52 años se garantizaba la jubilación anticipada y para los que no cumpliesen esa edad, su recolocación en alguno de los astilleros públicos. En la actualidad, Navantia tiene instalaciones de producción en Ferrol, Cádiz y Cartagena, además de su cuartel general en Madrid.

Urkullu deja claro que no se invertirá dinero público

Acompañar en la solución, sí. Poner dinero, no. Ese es el ‘modus operandi’ del Gobierno vasco con las empresas en crisis y La Naval, pese a ser emblemática, no es una excepción. El lehendakari descartó ayer que el Gobierno vasco vaya a invertir en el astillero sestaoarra, aunque aseguró que ayudará en la «búsqueda de alternativas» para lograr su continuidad.

Iñigo Urkullu, en declaraciones radiofónicas, recordó que la opción de solicitar la quiebra ante la falta de inversores era la opción «no deseada», y que lo que ahora espera es que la empresa proceda de la manera «más ordenada posible» y se pongan las mejores condiciones para el procedimiento concursal. En este contexto, subrayó que el Gobierno vasco va a «acompañar» a buscar soluciones, y por ello mantiene una interlocución permanente con la empresa. Y agregó que hasta el 7 de octubre, cuando finaliza el plazo de la actual situación de preconcurso, todavía hay tiempo.

Al hilo de esta argumentación, el lehendakari dejó claro que el Gobierno vasco no va a inyectar dinero público porque se trata de una «iniciativa privada» que, a día de hoy, tiene una deuda de 140 millones de euros con la banca. En este sentido, precisó que no se puede confundir la función de un Gobierno que tiene una política industrial con ayudas en materia de internacionalización y desarrollo, con gestionar una iniciativa privada.

Y tras recalcar que el proyecto de La Naval puede ser competitivo si se gestiona bien, opinó que lo sucedido «no empaña» la evolución positiva que se observa en la industria vasca, donde en el último año se han creado 6.400 puestos y hay un crecimiento de los pedidos.

Ese compromiso vencía el pasado 30 de noviembre de 2016, diez años después de su firma, pero los sindicatos -formalmente cada uno de los trabajadores afectados- realizaron un movimiento táctico que ahora puede resultar decisivo. Así, antes de la fecha de finalización de esas garantías enviaron una carta al grupo público Sepi, en la que manifestaban su preocupación por la marcha del astillero. La verdad es que en ese momento aún no se habían hecho públicas las importantes pérdidas del último año, pero los sindicatos ya intuían que el peligro de quiebra acechaba a la vuelta de la esquina. Con ello, solicitaban su inmediata incorporación a la empresa de astilleros públicos Navantia o, como alternativa, la prórroga durante un periodo adicional de tiempo, más allá de los diez años iniciales que se habían convenido. De los 157 trabajadores de La Naval cubiertos por aquel pacto y que aún permanecían en la nómina del astillero el pasado noviembre, 155 enviaron la carta. Dos no lo hicieron. Se trata de Iñaki Irasuegi, en aquel momento director general del astillero y primer ejecutivo de la empresa -fue cesado un mes más tarde, en diciembre- y del director comercial. «Que dos directivos enviasen una carta poniendo en cuestión la viabilidad del astillero -asegura una fuente conocedora de la situación-, sonaba raro. Por eso no lo hicieron».

Sepi evitó dar una respuesta formal a la reclamación de los trabajadores, lo que se interpretó como una aceptación tácita de la prórroga que los empleados demandaban. «Lo contrario, haber asumido la recolocación, era tanto como vaciar la plantilla de La Naval y condenarla inmediatamente al cierre o, al menos, poner el astillero en una situación comprometida». Y es ahora esa especie de «aceptación tácita» la que los sindicatos están dispuestos a rescatar si se cumplen los peores augurios.

El alcalde de Sestao, Josu Bergara
El alcalde de Sestao, Josu Bergara / PEDRO URRESTI

«Si la empresa desaparece, sería una hecatombre para Sestao»

(Por Ivia Ugalde)

De la «esperanza» de encontrar un inversor al «mazazo» de ver abocada a La Naval a un concurso de acreedores. El alcalde de Sestao, Josu Bergara (PNV), sigue «con preocupación» el devenir del astillero, convencido de que la empresa «no se puede permitir el lujo de detener la actividad». Sabe que se acercan meses complejos que dibujan un «nuevo escenario», para el que insta a actuar «con cabeza».

- ¿Cómo ha digerido que La Naval se encamine al concurso de acreedores?

- Con preocupación, lógicamente, y ha sido un poco un mazazo porque en las últimas semanas estábamos ilusionados con la ampliación de capital y la entrada de un nuevo inversor. Ahora nos toca constatar la realidad de que no hay otro escenario posible que el concurso.

- ¿Qué supone que una empresa tan importante para Sestao se encuentre al borde de la quiebra?

- Vamos a ser un poco cautelosos y prudentes con los próximos pasos que se van a dar. Nos han trasladado que el concurso tiene voluntad de continuidad. Si es así, hay retos importantes porque habrá que negociar con los acreedores, ver cómo se terminan los barcos, gestionar la plantilla y velar por que la afección a las empresas de la Margen Izquierda y de Bizkaia sea la menor.

- ¿Que explicación le ve a que esto ocurra en una compañía con carga de trabajo?

- Los que tienen que dar la explicación son los accionistas y los gestores. Esta situación denota que los mecanismos no han funcionado muy bien, porque el astillero en la última etapa ha tenido carga de trabajo y estabilidad. No nos vendría mal hacer una profunda reflexión conjunta, sin intentar buscar culpables, para que si después del concurso la empresa sigue en las mismas manos no se repita algo así.

- A lo largo de su historia, el astillero ha atravesado serias dificultades. ¿Saldrá a flote otra vez?

- Es un sector maduro, complicado, con mucha competencia. La verdad es que ha vivido muchos vaivenes y lo que espero ahora es que haya un administrador concursal profesional, que el proceso se haga con cabeza y bien para que La Naval siga adelante. Que se destierre cualquier posibilidad de especular con el astillero, y el Ayuntamiento va a ser garante de los activos, que son los suelos industriales.

«Poner en valor»

- ¿Qué está haciendo el Consistorio para ayudar a La Naval?

- Estar en contacto permanente con todos los implicados, mostrar nuestro apoyo, ponernos a disposición sobre todo de los trabajadores. Colaborar, defender, poner en valor y que no decaiga la preocupación en torno a esta empresa que es tan importante para Sestao, para la Margen Izquierda y para Bizkaia.

- ¿Cuáles serían las consecuencias del cierre del astillero?

- En ningún caso contemplo el cierre de La Naval. Ni lo queremos pensar. Pero si en unos cuantos meses cerrase, sería una hecatombe para Sestao. Hablamos de muchos vecinos, no sólo el empleo directo e indirecto, también los impuestos. Para un Ayuntamiento como el nuestro sería un drama. Repercutiría también en el consumo.

- ¿Corre el astillero el riesgo de no poder reabrir en caso de parar?

- La Naval no se puede permitir el lujo de detener la actividad. Hay unos compromisos con los armadores y uno de los objetivos debería ser el de cumplir con los clientes a pesar de las dificultades financieras.

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