Siemens Gamesa destituye a su jefe de personal tras la polémica suscitada por los despidos

Xabier Bengoetxea. /
Xabier Bengoetxea.

El Gobierno Vasco acusó a la empresa la semana pasada de haberle facilitado datos erróneos

MANU ÁLVAREZSAN SEBASTIÁN

El primer damnificado del proceso de ajuste laboral en Siemens Gamesa no va a ser uno de los 6.000 empleados que tendrán que abandonar la compañía en su intento por recuperar la rentabilidad, sino precisamente el 'maestro de cocina' de toda la operación. El director de recursos humanos de la multinacional, Xabier Bengoetxea, fue cesado ayer por sorpresa después de que la empresa de generación eólica hubiese protagonizado una especie de caos continuado desde que anunció su intención de ajustar el empleo.

La publicación sucesiva de datos con escaso grado de detalle e incompletos, en una estrategia que tenía pocas dosis de transparencia y que tan solo contribuyó a alentar la confusión, concluyó el pasado jueves con un hecho injustificable. La consejera de Desarrollo Económico del Gobierno Vasco, Arantxa Tapia, denunció que la empresa le había comunicado inicialmente que el recorte de empleo en Euskadi tan solo alcanzaría a «una veintena de personas», mientras que ese mismo día Siemens Gamesa anunciaba que serían en realidad 48 los empleados que abandonarán la firma en la sede central de Zamudio.

La compañía anunció su decisión en la mañana del lunes, mediante un escueto comunicado interno dirigido a toda la plantilla, en el que se indicaba que Bengoetxea dejaba de ser máximo responsable de recursos humanos, aunque permanecerá dentro de la empresa y ligado a ese departamento. En la misma nota se indicaba ya que el sucesor en el cargo es Javier Fernández-Combarro, cuya última responsabilidad ha sido la de responsable global de recursos humanos en la compañía marítima danesa Maerks.

Fagor Electrodomésticos, Cata, Candy...

Xabier Bengoetxea, hasta ayer responsable del área encargada de gestionar las condiciones laborales de los 27.000 empleados de la compañía, asumió esta responsabilidad el pasado mes de junio. Desde marzo de 2016 ya había estado ligado a la empresa como empleado de Adwen, la filial de Gamesa para el desarrollo de su segmento de generación de electricidad en alta mar. Antes de asumir esas responsabilidades, Bengoetxea, exjugador de la Real Sociedad, había tenido una dilatada trayectoria profesional en el grupo cooperativo de Mondragón. En concreto, había sido responsable de recursos humanos de Fagor Electrodomésticos y presidente de esta firma desde mayo de 2013 hasta su liquidación en el proceso concursal. Tras un breve periodo en Edesa Industrial, sociedad utilizada por el grupo catalán Cata para gestionar los activos que adquirió de la antigua Fagor, se incorporó a una empresa de trabajo temporal.

Tras la quiebra de Fagor Electrodomésticos y antes de ser reclutado por Cata, Xabier Bengoetxea estuvo ligado al fallido intento de recuperar una actividad industrial para la planta de Candy en Bergara. Junto al también expresidente de Fagor Electrodomésticos Javier Retegi, Bengoetxea puso en contacto a la Diputación de Gipuzkoa con Optimize, una sociedad luxemburguesa que planteaba fabricar motos eléctricas en la antigua planta de lavadoras. El proyecto acabó siendo rechazado por los propios trabajadores dada la ausencia de claridad del proyecto.

En Siemens Gamesa, la gestión de Bengoetxea había despertado numerosas suspicacias, y fuentes cercanas a la multinacional aseguran que el distanciamiento con la cúpula comenzó en realidad el pasado verano, apenas un par de meses después de asumir sus funciones. En ese mismo entorno se le identifica, además, como el principal responsable del conflicto institucional que se suscitó la pasada semana con el Gobierno Vasco. Al parecer, los datos que Bengoetxea había transmitido a todos los directivos de la empresa que mantienen el contacto permanente con las instituciones vascas -hay al menos dos canales, uno oficial y otro menos formal pero al más alto nivel-, eran incompletos. De ahí que en al menos dos encuentros distintos, la consejera Arantxa Tapia recibiese la misma información, que más tarde resultaría poco ajustada a la realidad.

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