Salto invierte ocho millones para anclar en Oiartzun su planta, que doblará la producción

El proceso de montaje de las cerraduras electrónicas de Salto Systems apenas está robotizado. El pedido mínimo puede ser de una cerradura, afirman sus directivos./ARIZMENDI
El proceso de montaje de las cerraduras electrónicas de Salto Systems apenas está robotizado. El pedido mínimo puede ser de una cerradura, afirman sus directivos. / ARIZMENDI

La firma logra un importante contrato para fabricar más de un millón de cerraduras electrónicas. La flexibilidad de esta compañía, nacida en el año 2000 en un piso de Irun de la mano de un puñado de visionarios, le permite competir de tú a tú y superar a gigantes

JULIO DÍAZ DE ALDASAN SEBASTIÁN.

Salto Systems es una de esas empresas guipuzcoanas que -cada vez más, afortunadamente- se pasean por el mundo como líderes destacados en mercados habitualmente muy competitivos y tremendamente innovadores. En este caso, el de las cerraduras electrónicas. La firma, creada en el año 2000 de la mano de un pequeño grupo de visionarios en un apartamento de Irun -aunque el arranque de la producción llegó en el siguiente ejercicio en un pabellón de Lezo de 600 metros cuadrados- es hoy el segundo actor internacional de su segmento, sólo por detrás de un verdadero gigante de origen sueco que cotiza en la Bolsa de Londres.

La empresa (el nombre no fue casual, pues sus soluciones supusieron un verdadero salto tecnológico en el mercado) tiene su cuartel general en Oiartzun; en concreto, en el polígono Lanbarren. Allí ha crecido (se instaló en 2007) y allí ha decidido seguir creciendo, de forma consciente y después de una profunda reflexión estratégica.

Según revela a su director general, Javier Roquero, Salto Systems ha invertido la friolera de ocho millones de euros en la compra de un pabellón anexo a sus actuales instalaciones y en la construcción de una espectacular torre que con una inyección de 4.000 metros cuadrados adicionales permitirán a la compañía duplicar su producción.

Además, el proyecto incluye un enorme almacén totalmente automatizado para gestionar unos 3.700 paléts y un avanzadísimo robot para gestionar el manejo de los componentes y cuya fabricación, como el del actual, recaerá en la también guipuzcoana Ulma.La puesta en marcha de las instalaciones ampliadas, que incluirán nuevos espacios dedicados a I+D, está prevista para el mes de abril del próximo año. Todo un esfuerzo hecho a conciencia en casa.

«Volvemos a invertir aquí y no en Asia o en cualquier otro lugar, es lo que queremos. Aquí tenemos nuestra única planta y desde aquí distribuimos a nuestras veinte filiales que, a su vez, venden en más de noventa países de todo el planeta», explica el directivo. Y añade: «El asunto del arraigo lo tenemos muy claro en Salto Systems; porque somos de aquí, pero también porque aquí disponemos de una red de proveedores de muy alto valor añadido que ha crecido con nosotros, con la que nos entendemos muy bien y que, a la vez, nos permite ser muy competitivos y flexibles», subraya.

El ejecutivo calcula que el 66% de las compras a proveedores se realizan en el País Vasco, lo que supone unos 28 millones de euros cada año. De esa cantidad, 23 millones recaen en suministradores guipuzcoanos, que representan el 55% de esa cualificada red de empresas próximas. En el cuartel general de Salto Systems trabajan hoy 216 personas, dentro de una plantilla total de 523.

En Estados Unidos, que es el segundo país para la firma, se encuentran otras 44, algo más que en Alemania, donde la plantilla es de 33 personas. «Hemos crecido mucho, pero teníamos claro que lo que no podíamos perder era el seguir siendo un grupo de personas cohesionado, compenetrado, da igual de 15 personas que de 500, ese es el reto», afirma Roquero. Los planes pasan por incorporar a unas sesenta personas en el grupo en 2018.

Con el líder mundial

Pero la ampliación de la fábrica, cuyas obras enseña Roquero al visitante como el niño que luce los juguetes de Olentzero en la mañana del día 25, no es la única buena noticia para la compañía. Y es que la firma de Oiartzun ha firmado un megacontrato en exclusiva con Regus, el líder mundial de los llamados espacios de trabajo compartidos, al que a partir de ahora Salto suministrará sus cerraduras en las oficinas que vaya abriendo por el planeta.

Si nos apoyamos en el último análisis realizado por 'Financial Times', el gigante belga (la firma fue fundada en Bruselas en 1989 y cotiza en la Bolsa de Londres) prevé multipiplicar por diez su número de oficinas, que hoy se sitúa en 3.000, repartidas en 900 ciudades de 120 países. Eso significa, siempre bajo un modelo predictivo más que prudente, que Salto podría fabricar para Regus más de un millón de cerraduras y soluciones de control. Si la pregunta se realiza directamente a Mark Handels, cofundador y director de márketing y ventas de Salto Systems -y uno de los ejecutivos más prudentes y comedidos que te puedas encontrar-, la respuesta no incluye ninguna cifra, pero sí un «muchas cerraduras en los próximos años» que lleva incluida una sonrisa de oreja a oreja.

¡Eureka!

Merece la pena repasar la historia de Salto, ya que la empresa y su producto han variado con el mercado, que se mueve rápido. Allá por el 2000, las tarjetas de acceso (que no eran demasiado inteligentes) se utilizaban sobre todo en los hoteles. «Cada vez que se quería cambiar algo, había que ir a la cerradura con un programador, las puertas estaban cableadas y era caro de instalar y de mantener», explica Roquero.

Pero aquel grupo de visionarios dio la campanada por partida doble. Primero, cambió el paradigma, dotó de inteligencia a las tarjetas e instaló una antena en la cerradura que enviaba una señal a un receptor y de allí al sistema. Sin cables. Si querías cambiar algo en, por ejemplo, San Sebastián, podías hacerlo frente a un ordenador en París. Y segundo, sacaron las cerraduras electrónicas de los hoteles y se las llevaron a otros ámbitos como las universidades, las instalaciones gubernamentales o los grandes edificios del ámbito del transporte.

¡Eureka! A partir de ahí, todo fue distinto. De hecho, hoy sus soluciones de control de acceso se pueden encontrar en el Parlamento Francés (un cliente que se ganó convenciendo de las bondades del producto no a la Asamblea gala, sino a los cerrajeros que se volvían locos cada vez que un parlamentario perdía una llave), el Ministerio del Interior de Abu Dabhi, en las universidades de Oxford y Cambridge o en el aeropuerto de Heathrow. El negocio en el que se mueve Salto ha evolucionado mucho con el tiempo. De hecho, matizan Roquero y Handels, «lo que hacemos en Salto Systems, nuestro producto, ha ido cambiando, ya no hacemos lo mismo que al principio; hemos pasado de vender cerraduras inanimadas a comercializar objetos conectados».

En ese camino, en el que el siguiente paso es el mercado residencial, en el que Salto ya ha entrado, la empresa se ha apoyado en la innovación como si fuera un mantra. De hecho, dedica el 5% de su facturación anual (que este año será de 130 millones de euros) a I+D, que ocupa hoy a más de 30 personas.

Para seguir un paso por delante del mercado, Salto compró en junio el 40% que aún no controlaba en la holandesa Clay, experta en tecnologías 'Cloud' y 'Mobile Access', y entró en la danesa Danalock, centrada en el segmento residencial.

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