«Estamos saliendo del agujero»

Los gremios de la construcción ven atisbos de recuperación económica

Luis Márquez pintando un local comercial situado en una céntrica calle de Irun. /F. de la Hera
Luis Márquez pintando un local comercial situado en una céntrica calle de Irun. / F. de la Hera

La reactivación de la compra de vivienda en Gipuzkoa ha comenzado a dejar sentir sus efectos en los gremios ligados a la construcción, que aseguran ser testigo de los primeros atisbos de recuperación económica. Tras años en los que han sufrido con dureza las consecuencias de una crisis que amenazaba con hundirles, en los últimos meses han visto cómo reciben más encargos de trabajo y en la mayoría de los casos, de mayor envergadura.

«Es algo que se ha empezado a notar especialmente después de Semana Santa», señala Luis Márquez, un irunés que trabaja desde hace décadas como pintor. «Se nota que la gente está comprando viviendas de segunda mano y por eso, hay muchas más reformas», añade. A pesar de que admite que el sector se está reactivando -«sí, se va notando poco a poco»-, no oculta su preocupación por que pueda tratarse de algo «momentáneo».

«De trabajar cinco días por semana, con la crisis pasamos a tres; y nos desplazábamos mucho»

Márquez prefiere ser cauto. Y no es de extrañar. La sombra de la crisis continúa muy presente, porque, como él mismo subraya, «a los autónomos nos ha afectado mucho».

«Hemos tenido que afrontar los pagos de seguridad social con sus correspondientes subidas, el seguro de responsabilidad, el seguro de furgoneta, subidas de material… y por otra parte, nos hemos visto obligados a bajar un poco el precio de los trabajos si queríamos competir. De trabajar cinco días a la semana, pasamos a trabajar tres. Era muy difícil que trabajáramos semanas enteras. Hacía una habitación aquí, un pasillo allá, un balcón en otro sitio…», recuerda.

Reconoce que durante años ha tenido que ir «trampeando», mientras contemplaba cómo muchos de sus compañeros acababan por darse de baja de autónomos, e incluso empresas que tenían cuatro o cinco obreros se quedaban con la mitad, puesto que «el volumen de trabajo no era el mismo». Los encargos escaseaban y había que aumentar el ámbito geográfico para subsistir. «Nos hemos tenido que desplazar mucho. He pasado de trabajar en Irun y la comarca, a agrandar mi zona a Andoain, Donostia, Lasarte, Hernani, Tolosa… Si tenía que perder una hora de ida y otra de vuelta en el desplazamiento, lo asumía. Todo el mundo lo ha hecho», declara.

En lo que va de año, el número de jornadas de trabajo por semana ha ido creciendo, al tiempo que las distancias han ido reduciéndose hasta devolverle casi por completo a su población de origen. Son las consecuencias de esa recuperación, que aún no se ha dejado sentir, sin embargo, en los precios. «Cuesta volver a subirlos -afirma-, porque la gente se agarra a ellos. Si antes tenías un precio por una habitación y la misma clienta te llama para pintar otra, no puedes subirle de repente. Con lo que cuesta conseguir un cliente, no puedes arriesgarte a perderlo».

Aún así, Luis Márquez encara con ilusión el futuro. «Estamos saliendo del agujero. Es algo que hablamos cuando nos juntamos los de los distintos gremios. Todos hemos empezado a notar que se remonta, sobre todo los albañiles, que hacen baños y cocinas, que tienen mayor coste. La gente se anima», sostiene.

«Lo peor ha pasado»

Igual de «optimista» se muestra Javier Moreno, responsable de la empresa de construcciones metálicas Urtu, quien asegura que desde octubre de 2017 ha comenzado a tener «bastante más trabajo» y lo que es más importante, «de mayor envergadura». El joven, especializado en herrería y calderería, reconoce que los últimos meses han supuesto un respiro tras una década de coyuntura de crisis económica.

Javier Moreno coloca una barandilla en Astigarraga.
Javier Moreno coloca una barandilla en Astigarraga. / Unanue

«De hecho, yo fundé mi empresa en 2008, cuando la crisis había comenzado ya y no he conocido otra cosa, aunque anteriormente había trabajado en el mismo sector, pero por cuenta ajena», apunta, mientras explica cómo se ha ido manteniendo a base de encargos «más pequeños» comparados con los que lleva a cabo en la actualidad.

«La gente se está animando ahora más a hacer obras grandes, como las fachadas de los edificios. Puede que también se deba a que el Gobierno concede más ayudas, subvencionando un porcentaje los trabajos. Para ganar lo que gano hoy en día con una obra grande, antes tenía que hacer alrededor de veinte más pequeñas que suponían normalmente más horas», manifiesta.

La demanda de trabajo ha ido creciendo en los últimos tres trimestres. «Y al aumentar la demanda, no hay achuche de precios. No te buscan en función de que pidas menos dinero que otros, sino de la inmediatez con la que te comprometas a acudir a la obra», señala.

Las llamadas a su empresa se han ido multiplicando, hasta el punto de que, tal y como confiesa, apenas puede asumir muchos más encargos de los que llenan su agenda. «Estamos trabajando dos personas y hemos llegado a un punto en el que ya no abarcamos más -comenta-. Visto lo visto, igual este año nos animamos a coger a una tercera. Da miedo contratar ahora de repente dos empleados y que esto sea una burbuja de tres o cuatro meses, y que luego las cosas vuelvan a empeorar, aunque me extrañaría».

Javier Moreno confía en que «lo peor ha pasado» y estemos ante el comienzo de «un nuevo ciclo». «Prefiero pensar que nos vamos recuperando poco a poco y que, tras caer muchas empresas grandes, vamos a ser las pequeñas las que vayamos saliendo adelante, como si se tratara de una nueva generación», concluye el responsable de Urtu.

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