El puerto achaca la caída en el tráfico de chatarra y coches a problemas puntuales

Vehículos preparados para embarcar en el puerto de Pasaia. / ARIZMENDI

El director de la dársena de Pasaia confía en que a finales de año se superen los 3 millones de toneladas, pese a que en el primer semestre el descenso ha sido del 23%

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN

Los datos del puerto de Pasaia son malos sin paliativos. El movimiento de mercancías en el primer semestre ha descendido un 23% respecto al mismo periodo del año pasado, un batacazo admitido sin remilgos por el director de la entidad, César Salvador. «Es verdad, en el primer semestre se han acumulado los datos negativos. El ambiente no es de debacle, porque confiamos en remontar, pero la foto de este primer periodo del año no ha salido bien».

Salvador explica que las dos mercancías que sustentan la actividad portuaria, la chatarra que alimenta las acerías y la exportación de vehículos, han registrado descensos de actividad provocados por una coyuntura negativa que se irá superando a lo largo del ejercicio. La huelga de los estibadores no es ajena a esta pérdida de mercancías. No obstante, junto a estos problemas puntuales, el Brexit ha surgido como un elemento que ya afecta a las exportaciones, una cuestión que nadie se atreve a concretar cómo se resolverá.

La chatarra está de capa caída desde el cierre de la planta de ArcelorMittal de Zumarraga en abril de 2016, pero el último dato resulta demoledor. En el primer semestre, la caída en el movimiento de esta mercancía ha sido del 84,35% respecto al mismo periodo del año anterior, pasando de 152.932 toneladas a las 23.778 contabilizadas hasta el pasado 30 de junio. Es decir, de ser la mercancía estrella ha pasado a la marginalidad.

«El descenso se debe a que se trae desde Francia en camión, porque las acerías galas consumen menos»

«La huelga de estibadores desvió la exportación de la fábrica de Opel de Zaragoza por carretera»

«Esperamos una cierta recuperación. No todos los factores negativos se seguirán manteniendo»

Salvador explica que este acusado descenso se debe a la llegada de chatarra en camiones desde Francia. «Las acerías francesas no están consumiendo todo lo que deberían y los chatarreros han entrado en competencia para vender fuera lo no colocan en su país. El resultado ha sido que está llegando chatarra desde Francia por vía terrestre. Es normal, Arcelor no va a comprar material en Rusia y traerlo en barco cuando le suministran desde el sur de Francia y se la dejan en casa».

Salvador añade que las plantas guipuzcoanas de la multinacional (Olaberria y Bergara), después de haber probado por un corto periodo de tiempo el desvío de parte de la actividad al puerto de Bayona, han vuelto a centralizar el movimiento de mercancías en Pasaia. De ahí que el director del puerto confíe en que el tráfico de chatarra se normalice y redunde en un incremento de actividad en la dársena guipuzcoana. «Sabíamos que el impacto del cierre de Zumarraga iba a ser notable, pero a su vez confiábamos en que parte del movimiento se mantendría con el objetivo de regular el mercado y disponer de un suministro constante. Pues bien, esa importación se está produciendo por carretera, pero esperamos que sea puntual».

La exportación de automóviles, el verdadero motor del puerto tras el cierre de la acería de Zumarraga, también dibuja una línea descendente en los gráficos de actividad del primer semestre, con una caída del 7%. En este caso, la huelga de estibadores ha tenido un claro efecto negativo. «El paro supuso que todos los coches que fabrica la Opel en Zaragoza con destino Alemania se hayan transportado en camiones. Esta decisión -explica Salvador- tiene un efecto que se prolonga más allá de los días concretos de la huelga. Las compañías de transporte por carretera se aseguraron los contratos para más tiempo, porque no les compensaba organizar toda la logística para solo unos días».

El Brexit, según Salvador, también se está comenzando a notar de forma negativa en la actividad del puerto. El peso de Gran Bretaña en nuestras relaciones comerciales es determinante. En concreto supone el 7% del total exportado, por detrás de Francia (16,6%) y Alemania (10,8%). Las ventas alcanzaron en 2016 los 483 millones, aunque retrocedieron un 15% respecto al año anterior. En lo que respecta a las importaciones, ocupa el sexto lugar, con el 3,9% del total, y un descenso también del 27,7% en el último ejercicio, hasta los 132 millones.

Salvador señala que la incertidumbre que genera el Brexit quizá esté detrás del descenso en la exportación de perfiles desde Pasaia. La caída en el movimiento de productos terminados, destinados a la construcción de viviendas y de infraestructuras, en lo que va de año ha sido del 17,4%, 724.244 toneladas frente a 877.156 del mismo periodo del año pasado.

No obstante, Salvador se muestra optimista. «Es cierto que los productos tradicionales han registrado datos malos y los nuevos no terminan de aparecer, aunque estamos trabajando para atraerlos». Entre los nuevos mercados que se pretenden incorporar al puerto se encuentra el de contenedores, aunque el precedente de TKN no invita al optimismo.

Recuperación

El director de la dársena confía en superar los 3 millones de toneladas movidas a finales del presente ejercicio. Mucho tendrán que cambiar las tornas para lograr ese objetivo, si tenemos en cuenta que en junio se habían trasegado solo 1,38 millones. «Estoy seguro de que la chatarra volverá a llegar por vía marítima y que el movimiento de vehículos recuperará los niveles normales. No todos los factores negativos se mantendrán, así que esperamos una cierta recuperación en los siguientes meses», señala Salvador.

No obstante, estos 3 millones pelados quedarán lejos de los 5,5 millones de toneladas que se movieron en 2006, un récord histórico sobre el que se sustentó el proyecto de construcción del puerto exterior. Posteriormente, la crisis hizo aparcar el proyecto y aspirar en 2016 a consolidar la infraestructura con un tráfico de mercancías de 4 millones de toneladas, de las que 850.000 se estimaba que serían chatarra. Este objetivo también se desinfló cuando a mediados de ese año se produjo el cierre de Arcelor-Zumarraga. Aquel ejercicio terminó con 3,4 millones, frente a 3,7 de 2015.

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