El proyecto de Fagor-CNA nació viciado por una inmensa deuda

Jorge Parladé, presidente de CNA. / FÉLIX MORQUECHO

La empresa, que perdió 41,47 millones en 2016 y otros 12,18 hasta junio de este año, debe al menos 104,6 millones, según el informe para justificar los despidos. Antes de octubre, la catalana debe renegociar su deuda mientras busca un inversor que aporte 16 millones

JULIO DÍAZ DE ALDASAN SEBASTIÁN.

La apuesta de CNA para hacerse con Fagor Electrodomésticos fue de órdago a la grande, pero se hizo con pocos reyes en la mano. En realidad, el grupo pilotado por Jorge Parladé realizó su apuesta con las cartas de otro, en este caso con las de la banca, endeudando la instrumental que se creó para la 'Operación Arrasate' hasta los ojos y planteando un escenario de ventas y recuperación del mercado cuasi idílico. Así se desprende de la documentación aportada por el conglomerado catalán a las autoridades laborales para justificar el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) -los despidos- y a la que ha tenido acceso DV.

Las consecuencias de aquella más que cuestionable hoja de ruta se aprecian ahora con toda crudeza. Edesa Industrial está a un paso del concurso de acreedores, mientras trata de cerrar las numerosas vías de agua que vuelven a poner en peligro mortal todo el empleo en la que un día fue una de las mejores y más emblemáticas empresas industriales de todo el País Vasco.

La empresa (incluyendo Geyser Gastech, en manos al 100% de Edesa Industrial después de la 'huida' de la alemana Vaillant) debía a fecha 31 de julio la friolera de 106,47 millones de euros, algo más de la mitad a su 'pool' de bancos acreedores, después de registrar unas pérdidas en 2016 de 41,5 millones y de 12,18 entre enero y junio de este año.

El informe que trata de justificar los despidos asegura que, abierta, la firma pierde dinero

El documento, que resalta que el patrimonio neto de la sociedad es negativo (25 millones en 'números rojos'), sentencia que «se impone la exigencia legal de equilibrar el patrimonio o disolver la sociedad».

El informe del ERE señala que el proyecto catalán nació casi muerto. «Edesa Industrial mantiene una estructura financiera con un nivel de endeudamiento muy elevado desde su origen», subraya el perito, que recuerda que ya en 2015 los fondos propios de Edesa Industrial suponían apenas el 13% del pasivo.

Desde aquel momento, añade el técnico, el balance no hizo sino empeorar, lastrado por la deuda a corto plazo. En 2016, el patrimonio pasó a negativo, y este año cada bocanada de aire que da la empresa se paga con deuda. Tanto es así, relata también el dossier, que es más rentable (en realidad, menos gravoso) mantener la empresa cerrada que levantar la persiana. «Sufre ya desde 2016 problemas de liquidez, teniendo que recurrir cada vez más al endeudamiento, dado que no tiene capacidad de generación de recursos; los consume», zanja el documento.

La banca, que ha refinanciado en numerosas ocasiones la deuda de Edesa Industrial (mucha de ella avalada por la matriz CNA o por otras filiales del grupo), ha perdido ya la paciencia. El que parece el aplazamiento definitivo del pago de esos créditos, que se firmó el pasado 21 de julio en Barcelona, ha puesto una fecha en rojo en el calendario de Parladé: el próximo 30 de septiembre. Hay margen hasta esa fecha, que coincide más o menos con el momento en que el preconcurso de acreedores instado en los Juzgados de lo Mercantil de San Sebastián se convertirá en concurso, presumiblemente, de liquidación. El pasivo total del fabricante de Arrasate con las entidades es de 52,68 millones.

El beneficio de 2015 se debió, en realidad, a operaciones alejadas del negocio tradicional

La banca espera una propuesta definitiva de CNA, abocada a 'comerse' unos 40 millones de euros de la deuda de Edesa Industrial que las distintas filiales y la matriz avalaron en su día. De hecho, subraya el informe, los créditos del grupo hacia su filial vasca aumentaron de manera significativa en poco tiempo, al pasar de 11,9 millones en 2015 a los actuales 29,35 millones.

Alineamiento astral

Pero el problema de la catalana es que para que todo salga bien le resulta necesario poco menos que un alineamiento de todos los astros conocidos del sistema solar. Deberá lograr un acuerdo con los trabajadores a un plan de viabilidad poco definido que, en la práctica supone fabricar muy poco en Euskadi, para convertir la empresa en una comercializadora de productos fabricados en China o países de bajo coste con la mitad de empleo que hoy.

La única ventaja en este sentido que tiene el equipo de Parladé es que la Corporación Mondragón (en concreto, el sistema de previsión social Lagun Aro) tiene abierta una ventana de oportunidad para unos 150 excooperativistas de Fagor Electrodomésticos mediante la que, como sucediera en los primeros compases tras la traumática quiebra de FED, quienes deseen pueden regresar al Grupo mediante recolocaciones. La firma catalana lo sabe, y cuenta con ese comodín, pero el comité de empresa conoce de las premuras de la compañía, y no parece dispuesto a entregarle «cheques en blanco».

Al tiempo, por supuesto, la empresa de Torelló (Barcelona) ha de obtener la aquiescencia de los proveedores y de la red comercial. También necesita encontrar una ubicación nueva, pues asegura que Gagarartza es carísimo y no le compensa seguir allí. De hecho, el llamado Plan de Viabilidad incluye una partida de un millón para el traslado a ese nuevo emplazamiento. Y, para rizar el rizo, CNA ha de encandilar a un inversor industrial que aporte, de entrada, unos 16 millones en los próximos años para ayudarle a relanzar la marca Fagor.

Una enseña, por cierto, que no es propiedad de la catalana sino de la cooperativa de segundo grado (cooperativa formada a su vez por cooperativas) Fagor SCoop., que condiciona el alquiler de la misma a que Cata mantenga un buen número de empleos industriales directos en Euskadi y, cómo no, a que la política de la catalana no eche a perder de ninguna manera la imagen de Fagor. Este capítulo es otro de los que le toca renegociar a Parladé.

El ebitda de los seis primeros meses de este año arroja un resultado negativo de 20 millones

Las cosas pintan tan oscuras, por complicadas, que el perito encargado del informe reserva un apartado a la hipótesis de «no continuidad» de Edesa Industrial. Y al comienzo del mismo desgrana sin ambages la situación actual: «El valor actual de la empresa como unidad de negocio en funcionamiento sería negativo (9,8 millones), puesto que no genera ningún recurso ni se espera que lo hage en el futuro, sino que los consume; se da la circunstancia de que cuanto más produce (la empresa), más pierde». «En la situación descrita, el cierre de la empresa y su liquidación maximizaría el valor actual de la misma», añade. No hay que olvidar que el cometido del citado informe es justificar los despidos pretendidos por la empresa. Aún así, la fotografía que realiza de la firma a modo de conclusión resulta dantesca: «Perdidas significativas, ebitda negativo, estructura productiva y de costes no sostenible, evolución contraria a la del mercado, patrimonio negativo, imposibilidad de obtener financiación, la situación no mejora, concurren causas de disolución y de insolvencia...».

Frigoríficos a la chatarra

El documento repasa la situación digamos fabril de Edesa Industrial para concluir que existe un exceso de capacidad productiva. Dicho de otro modo, que sobran producción o incluso líneas de actividad completas. De este modo, afirma que solo se usa un 15% de la capacidad en lavado; un 36% en hornos, un 37% en termos y un 47% en placas.

El texto del dictamen pericial (de 130 páginas , a las que se suman las 60 de sendas memorias relativas a Edesa y a Geyser) recuerda en este punto que la línea de lavavajillas no está operativa y desvela que la de frío se está desmantelando; en concreto, se está achatarrando.

El evidente desastre es consecuencia, según el experto, no solo de la acuciante deuda, sino de otras causas bien identificables. «El diseño organizativo y de producción que se pone en marcha tras la compra de la unidad productiva de Fagor se realiza bajo unas hipótesis de demanda de productos que no se ha alcanzado», señala.

Para añadir a continuación que «el plan de negocio inicial de la sociedad suponía que se podría recuperar, sino en su totalidad, la mayor parte de la cuota de mercado del grupo Fagor Electrodomésticos; sin embargo, como hemos visto en el análisis del mercado, la cuota ha sido absorbida por su competidor más directo, que es BSH».

Las cuentas de Edesa Industrial desde el inicio de sus operaciones adolecen de ciertos elementos extraordinario que aconsejan tomarlas en consideración con cierta precaución.

¿Por qué? Pues porque aunque en 2015 los resultados fueron positivos (1,1 millones de euros, que se quedó en 0,9 millones en el grupo Edesa Industrial), ese lustroso balance estaba plagado de ventas no recurrentes de activos y derechos de crédito (facturas a cobrar de la época de Fagor Electrodomésticos) que, obviamente, no se reprodujeron después. Pero llegó 2016, y con una estructura digamos generosa y unas previsiones de negocio un tanto idílicas, el desastre comenzó a evidenciarse. El presente ejercicio ha resultado desastroso en términos de ventas y pagos de acreedores; no digamos desde que se presentó el preconcurso.

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