«Los premios ayudan, pero hay que tener los pies en el suelo»

Mejor Empresario Vasco del Año, Roquero es un entusiasta deportista que aboga por una empresa «basada siempre en las personas»

J. D. A. SAN SEBASTIÁN.

Recitados uno tras otro abruman un poco. Desde 2014, Salto Systems o su director general, Javier Roquero, han recibido los premios BNP al Emprendedor Emergente; a la innovación para competir en un mercado emergente de Diariovasco.com; a la mejor empresa de Gipuzkoa por parte de Adegi; el del Foro Eurogap de márketing; el Ramón Rubial a la empresa y el de Mejor Empresario del País Vasco, otorgado recientemente al directivo por la Fundación Empresa y Sociedad.

Y, claro, la pregunta es obligada: ¿No corren el riesgo de creérselo? La respuesta de Roquero llega en décimas de segundo. «Sí, claro que corres ese riesgo, de hecho he visto a gente que ha caído en el error de pensar que las cosas salían solas, por eso después de cada galardón hay que hacer un ejercicio de realismo para darte cuenta de que los premios ayudan pero hay que tener siempre los pies en el suelo». «Sirven de acicate, de motivación, cómo no, pero no te pueden llevar al relajo», insiste.

Con esa premisa clara, queda conocer a la persona, a Francisco Javier Roquero Ussía, casado, padre de tres hijos (dos chicos y una chica, todos estudiando fuera; en concreto en Londres, Chile y Pamplona) e hijo a su vez de un ingeniero que, por circunstancias de la vida, se tuvo que hacer cargo de la empresa en la que trabajaba; algo que, señala un orgulloso Javier, «hizo bastante bien».

El empresario de moda (aunque la expresión le incomode un tanto, por no decir mucho, al protagonista) es donostiarra y ejerce de ello. «Ejerzo mucho», dice, sin perder una sempiterna sonrisa. Roquero estudió Empresariales en la Universidad de Deusto en Donostia. «En la ESTE, cuando se llamaba así», insiste. Y pertenece a la primera generación de estudiantes que completaron su formación en el extranjero mediante el programa Erasmus. ¿Dónde? En Inglaterra. Corría el año 1980.

Hizo, como la mayoría de hombres en aquellos años, la mili, aunque fue «acelerada, en solo ocho meses», pues disponía de una oferta de trabajo en la Universidad. Después siguió viajando, trabajó en Amsterdam y Bilbao y terminó donde había comenzado, en San Sebastián.

Defensor de la Nueva Cultura de Empresa, que se aplica en Salto Systems, en la que todos los trabajadores tienen una parte de salario variable en función de la marcha de la empresa, Roquero subraya que «lo importante es que lo que hacemos está siempre basado en las personas». «Esto es algo a lo que damos importancia», añade.

Deportista multidisciplinar, dedicó la juventud al hockey hierba hasta que una lesión de menisco le obligó a dejarlo. Pero no paró. Le gusta correr (alguna que otra Behobia-San Sebastián tiene en las piernas), la montaña, el trekking y el esquí de travesía. «Hago muchos deportes pero no soy bueno en ninguno», confiesa divertido.

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