Paolo Rosso : «La fortaleza de las pymes radica en su capacidad para adaptarse»

Paolo Rosso, en un receso de los Cursos de Verano. / LÓPEZ

El analista de la OCDE asegura que «las pequeñas y medianas empresas tradicionales tienen que afrontar un cambio casi genético si quieren sobrevivir»

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN.

Paolo Rosso es analista de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). El técnico italiano es experto en pymes y señala que la fortaleza de estas empresas radica en su capacidad de adaptarse y complementarse. A su vez, aboga por la colaboración entre regiones para afrontar los retos de la globalización de los mercados. Rosso participó ayer en el Curso de Verano sobre 'El futuro de nuestra economía', organizado por la Diputación.

- En su conferencia ha subrayado la importancia de fomentar la economía local pero, ¿qué margen de maniobra tienen la regiones en un mundo globalizado?

- Este es el gran desafío. Las dinámicas son globales incluso para los Estados, de manera que ni siquiera estos tienen capacidad para influir en las estrategias mundiales. El reto radica en que los municipios, las mancomunidades y las entidades subcomarcales o regionales deben tomar conciencia de que sus acciones pueden tener un impacto económico. Muchos sistemas locales han sufrido la crisis de forma dramática, pero esta experiencia les ha servido para que algunos tomaran conciencia de su potencialidad, mostrando una gran capacidad de adaptación.

- No parece fácil que las economías locales puedan desarrollar su agenda, cuando las grandes decisiones se toman en la Comisión Europea, el BCE o el FMI...

- Es cierto, existe un elemento de debilidad indudable en el plano local, porque las grandes decisiones se toman en instituciones lejanas. La respuesta se encuentra en la creación de redes de colaboración locales. El problema surge cuando desde el aislamiento se quiere marcar una agenda distinta a las directrices internacionales. Puede haber excepciones, como es el caso de las grandes metrópolis, con capacidad propia de actuación, pero en la mayor parte de las situaciones lo recomendable es asociarse.

- ¿Podría ponerme ejemplos de estas redes locales que ha citado?

- En la OCDE promovemos la iniciativa 'alcaldes campeones del desarrollo sostenible'. Es una red de ciudades de pequeño y mediano tamaño con el objetivo de que establezcan vínculos que les permitan actuar de forma conjunta. En Francia e Italia se están produciendo movimientos de este tipo.

- La colaboración local en red suena bien, pero también existe el caso contrario, que unas regiones compitan con otras por la atracción de empresas usando incentivos fiscales. En España, este hecho es habitual...

-Esta doble cara del asunto se mantendrá en el futuro. Por un lado, se cooperará y, por otro, se competirá. De alguna manera, es el mismo esquema de los clústeres. Las empresas que los forman buscan factores de interés común, sin dejar de ser competidoras. Las regiones deben acordar los elementos en los que quieren colaborar. Ahora bien, esta decisión exige una visión a largo plazo. Del cortoplacismo solo se puede esperar una competencia destructiva. En muchas ocasiones, las regiones luchan entre sí y no se dan cuenta de que su verdadera competencia es internacional. Si no cooperan, el resultado será la quiebra de estas regiones por no haber sabido actuar de forma conjunta contra unos competidores que pueden estar al otro lado del mundo.

- ¿El fomento de la economía local puede ser un antídoto al populismo que ha surgido en Europa, en gran parte sustentado por el descontento de personas que se sienten perjudicadas por la economía global?

-A veces, las redes locales sirven para retroalimentar ese populismo. Hay redes que se constituyen para enfrentarse a otras con una visión excluyente, vendiendo el discurso de que 'nosotros somos los buenos, ellos los malos'. En este caso, el efecto es perverso. Hay que trabajar sobre ellas para contrarrestar este peligro. El potencial de las redes locales es importante, pero tienen una doble cara.

- Una de sus especialidades es el trabajo con las pymes. El tejido industrial guipuzcoano se basa en este tipo de empresas. ¿Cuáles son sus recomendaciones para que puedan competir en un mercado internacionalizado?

- Las pymes, consideradas individualmente, adolecen de un problema básico, su falta de tamaño. Este hecho impide que alcancen la masa crítica necesaria para encarar la competencia internacional. Estas empresas son conscientes de este hecho, de manera que de forma natural establecen contactos en red, ya sea en forma de clúster, asociaciones, alianzas... Las 'pymes' más dinámicas, a las que nosotros denominamos 'gacelas', porque son pequeñas y dinámicas, actúan por definición de forma global, dado que esta es su forma de concebir el mercado. La fortaleza de las pymes radica en su capacidad de adaptarse y especializarse, complementándose entre ellas.

- Usted ha sido jefe de la Unidad de Desarrollo Territorial de Emilia Romaña. ¿Tuvo éxito a la hora de potenciar las pymes?

- Mi experiencia es que las empresas que compiten ya están globalizadas. Este es el desafío al que se tienen que enfrentar las pymes más tradicionales. Éstas empresas han sido la fortaleza de regiones como el País Vasco, donde muchas de ellas ya se han globalizado. En consecuencia, tanto para mi región como para Euskadi, mi recomendación para las pymes es que den el salto al mercado global y, evidentemente, que apuesten por la renovación tecnológica. Las pequeñas y medianas empresas tradicionales tienen que afrontar un cambio casi genético si quieren sobrevivir.

- ¿Qué papel tienen las instituciones en esta transformación?

- Los distintos niveles de gobierno -estatal, comarcal, municipal- las direcciones de las empresas, los sindicatos y la sociedad civil, todos ellos, deben formar parte de este cambio para que sea efectivo.

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