Misión: salvar a las empresas en problemas

Bajo la lupa. Cartel oxidado de la extinta Fagor Electrodomésticos que nadie se ha preocupado de retirar de la planta de Garagartza. Edesa Industrial, su sucesora, es una de las compañías bajo la la lupa del Gobierno Vasco./F. MORQUECHO
Bajo la lupa. Cartel oxidado de la extinta Fagor Electrodomésticos que nadie se ha preocupado de retirar de la planta de Garagartza. Edesa Industrial, su sucesora, es una de las compañías bajo la la lupa del Gobierno Vasco. / F. MORQUECHO

En una labor tan discreta como ingrata, esa suerte de 'UCI de la industria' ha acompañado hasta hoy a cuarenta compañías, de las que dieciocho, con 2.807 empleos, aún buscan una salida. Un equipo del Gobierno Vasco trabaja en busca de soluciones 'ad hoc' para firmas en peligro

JULIO DÍAZ DE ALDASAN SEBASTIÁN.

El pasado 30 de agosto, en el donostiarra Palacio de Miramar, el lehendakari, Iñigo Urkullu explicó que el Gobierno Vasco monitoriza mediante «un seguimiento puntual» y constante a 36 empresas que, de una u otra manera, están pasándolo realmente mal. El Ejecutivo, subrayó su máximo responsable, «no hace oídos sordos» a la situación de esas firmas y «está en diálogo permanente con todas las partes implicadas», en alusión a trabajadores, accionistas, gerentes o acreedores. Era la manera de subrayar que, con compañías tan emblemáticas como la antigua Fagor Electrodomésticos, la Naval, Xey, Ingemar, CEL o Vicrila en el alero, su equipo no perdía el tiempo y buscaba de manera denodada salidas a todas ellas, sobre todo en términos de empleo.

Pero, ¿cómo se abordan esas situaciones, muchas veces extremas?, ¿quién en el Ejecutivo se enfrenta a esa tarea tan ingrata? ¿Cómo llegan al Gobierno esas 'patatas calientes' industriales? ¿Qué sucede una vez que un empresario o un comité de empresa se acercan a Lakua para encender la alarma?

Según han explicado sus protagonistas a DV, esa 'UCI de las compañías vascas en apuros' se encuadra en el gabinete de Arantxa Tapia. Con la consejera e, incluso el lehendakari, al tanto de forma permanente de los casos más graves, ese grupo de rescate está coordinado por Alejandro López Cárcamo, cuya labor como director de Desarrollo Industrial es la de «promover medidas de apoyo para los sectores y empresas». También se encarga «del impulso, la promoción y ordenación industrial de zonas del País Vasco con especiales necesidades de reindustrialización en colaboración con otras instituciones competentes».

En demasiadas ocasiones, las empresas afectadas acuden al Gobierno Vasco cuando ya es muy tarde TIEMPOS

En estos procesos tan sensibles resulta imprescindible una elevada dosis de discreción RESERVA

La solución llega a veces de modo insospechado; por eso es importante una gran red de contactos CONTACTOS

Cuando se trata de resolver crisis, no hay horarios, ni calendarios ni malos momentos para actuar disposición

Esa es, digamos, 'la teoría', lo que reza la presentación oficial en la página web del Gobierno. La realidad es que él es el hombre que vive para intentar solventar los problemas; el que se pasa la vida pegado al terreno, visitando empresas con un teléfono en la mano que, y esto lo saben bien los sindicatos y los bancos, no para de sonar. Nunca.

Junto a él, Javier Zarraonaindia, viceconsejero de Industria, que hace las veces de conexión con el resto del departamento de Tapia, con el conjunto del Ejecutivo (a veces la solución o parte de la solución llega de, por ejemplo, Trabajo) y con las Diputaciones y los ayuntamientos.

Este último es, además, la llave de entrada para las empresas afectadas en asuntos como Spri, Spri-lur o las distintas ayudas y programas de que dispone el Ejecutivo, y también la conexión con Madrid o Bruselas, puertas que en no pocas ocasiones resulta necesario tocar.

Que nadie piense que este equipo, que por supuesto no son solo estas tres personas, es infalible. Ni mucho menos. Y es que muchas veces las empresas en apuros acuden al Gobierno cuando ya están en los huesos y han consumido todo su capital pensando que eran capaces de resolver su problema o, sencillamente, que no tenían ninguno.

Junto a esto, cabe recordar que Bruselas vigila muy de cerca (mucho más de lo que se pueda pensar) todo lo que pueda parecer, aunque sea mínimamente, una 'ayuda de Estado'. En eso la Comisión Europea es taxativa: no se puede alterar la competencia.

Con esos mimbres, ese equipo, que según reconocen algunos de quienes han recurrido a él hace las veces de psicólogo, cura confesor y hasta de alcahueta si hiciera falta, tiene identificadas de forma constante a una serie de empresas a las que seguir la pista. Es esa lista a la que hacía referencia el lehendakari y en la que, según ha podido confirmar este diario, ya hay 40 empresas, pues en las últimas semanas se han sumado cuatro.

18 bajo la lupa

Eso no significa una cuarentena de 'incendios', ya que de ese total, y según datos actualizados a fecha de hoy, 22 compañías, que emplean a 3.960 personas, han encontrado ya una solución a sus males, con lo que son monitorizadas únicamente por seguridad, se podría decir. Las 18 restantes, que dan empleo hoy a 2.807 trabajadores, son las que ocupan y preocupan en mayor medida al equipo de Tapia ya que aún no se ha encontrado una solución para ellas.

Según explica Zarraonaindia, cuando una empresa con problemas se acerca al Gobierno, lo primero que se hace es somerterla a un diagnóstico para ver si con el programa Bideratu se le puede sacar del apuro; este programa (visado por Bruselas) exige dinero nuevo por parte de los propietarios y un plan de viabilidad.

El Ejecutivo Vasco no puede poner dinero si no es como acompañante de los propietarios u otros inversores privados. Y, y esto es muy importante, se ha de manejar siempre un plan de viabilidad cierto y pactado con la plantilla.

Desgraciadamente, ese dinero nuevo no siempre llega (por eso a veces vemos a Tapia afear su actuación a los accionistas o dueños de las empresas en cuestión) o el programa no es suficiente. Entonces es cuando el equipo de intervención se pone en marcha, muchas veces tratando de engrasar relaciones enquistadas o proponiendo ideas nuevas. Ese momento es delicado, pues (esto suele acabar en concurso de acreedores) la propiedad de las empresas aún tiene el timón en sus manos, con lo que el Gobierno solo puede hacer de facilitador de soluciones. Una vez declarada la quiebra, las posibilidades son otras.

Cuando comienza el seguimiento concreto de la empresa afectada (eso se refleja en un documento que divide a las compañías por colores, en función de su situación y de lo cerca o lejos que estén de la solución), la maquinaria se pone en marcha. Zarraonaindia, López Cárcamo o la propia Tapia si fuera el caso (a los tres se les acerca suficiente gente a lo largo del año como para establecer una inmensa red de contactos a tocar si fuera necesario) inician los movimientos que entiendan pertinentes. Siempre de forma discreta.

La discrección es esencial, señalan los prostagonistas. Y es que, como es lógico, a nadie se le escapa que a ninguna empresa le hace especial ilusión que se conozca su tituación de debilidad. Si se pone en el disparadero, la banca se retrae, la competencia afila el cuchillo y saltan las alarmas entre los trabajadores.

Y es que, resalta el viceconsejero de Industria, «los problemas son de muchísimos tipos» y no tienen por qué significar una quiebra o algo traumático. Esas necesidades para las que se busca al Gobierno como compañero de viaje y asesor pueden ser de financiación a largo plazo o de circulante, o de necesidad de un nuevo inversor.

Casuística abierta

La casuística es inmensa, pero lo que sí es común es que, aún sin ser mortal de necesidad, la 'enfermedad' podría llevarse a la firma por delante si no se hiciera nada. En ocasiones el capital riesgo del Gobierno Vasco o los fondos para ayudar a que los trabajadores tomen parte de la propiedad pueden ser la clave para desbloquear al asunto.

También podemos estar hablando de cuestiones como un traslado o una ampliación de naves, de una nueva factoría (a veces es solo cuestión de resolver los 'planos' de los ayuntamientos) o de aplazamientos de pagos con Administraciones.

La empresa familiar, de la que tanta y tan buena hay en Euskadi, protagoniza no pocos casos de estos, ya que en segundas o terceras generaciones las cosas no tienen por qué ir como la seda, y a veces es necesario vender la compañía, no siempre con la aquiescencia del aita o del aitona. Aquí la confianza, la cercanía y aquella vertiente de psicólogos son esenciales, pues, aunque parezca mentira, reconducir las relaciones en una familia enfrentada no es nada sencillo.

Gasolineras y paseos

Los miembros del equipo guardan un escrupuloso silencio sobre los 'métodos' por llamarlo de algún modo, pero este diario ha corroborado que las gasolineras y las cafeterías de los hoteles de Euskadi han sido protagonistas de decenas de conversaciones, no siempre a buena hora, con empresas afectadas.

Lo que sí señala Zarraonaindia son dos cosas: «Lo esencial es la confianza y, también he de decirlo, que nunca sabes dónde puedes encontrar la solución, a veces hasta cuando te encuentras con alguien paseando, incluso por la playa en verano».

Al tiempo, como es lógico, el equipo trata a diario con los comités de empresa de las firmas en apuros. También con los bancos acreedores. «Cada uno tiene su versión y es cuestión de entenderles y buscar una salida buena para todos y, normalmente, en la que todos cedan», señala Zarraonaindia.

El viceconsejero resalta también que «en todos los temas graves, los de esa lista, se trabaja de manera conjunta y coordinada con los departamentos de Hacienda y Economía de las Diputaciones, así como con los alcaldes afectados».

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