Lista de morosos. Hay que trabajarla más

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Ayer se publicó la lista de los deudores de las haciendas vascas. Una lista muy esperada, casi tanto como la de las altas y bajas del Athletic, la Real, el Eibar o el Alavés. Despierta un morbo tremendo. Pero no tanto por el cuánto se debe, y mucho menos por el qué se debe, sino por quiénes deben. Estoy seguro de que, salvo usted que es un santo, antes de mirar la cantidad global a la que ascienden las deudas todos los demás hemos mirado quiénes figuran en la lista, por si conociéramos a alguno. Y, si tal cosa sucediera, exclamar inmediatamente: '¡Ahí va, si está fulano, qué carota!'

Satisfecha tan morbosa curiosidad, nos queda un regusto de decepción. La mayoría de los inscritos en el best seller son empresas quebradas, o casi, y muchas lo están desde tiempo inmemorial. Precisamente por eso, creo que las haciendas, y tanto las forales como la central, deberían esforzarse más y añadir algo de valor a las listas. Cuando nos hablan de deudores tendemos a hacer una equivalencia inadecuada entre deudor y defraudador. Y, claro, esto no es así. Una cosa es que alguien no haya pagado lo que debe porque no ha querido hacerlo y otra, bien distinta, que no haya pagado lo adeudado porque no ha podido hacerlo.

Cuando una empresa, o un particular, quiebra, lo más habitual es que deje deudas a Hacienda, pero también a la Seguridad Social, a los bancos y a varios o muchos de sus proveedores habituales. ¿Deberían publicitar todos estos acreedores las listas de sus deudores? Sería tan larga y con tantos volúmenes como el Espasa y el Aranzadi juntos. Pero, ¿tiene algún sentido ejemplarizante o amenazante para el contribuyente conocer qué empresas quebradas hace años dejaron de pagar dinero a las haciendas? De la misma manera, ¿debería ampliarse la lista de los deudores a las distintas entidades públicas? ¿Por qué razón se hace con Hacienda y no con los ayuntamientos, entes autónomos o... los consorcios de aguas y los aparcamientos públicos?

Que conste que no digo que no se haga, sino que se haga bien. Dejando claro quién no paga porque no quiere y quién porque no puede. Y ya puestos y si se desea que sirva para algo más que para solaz del público, podríamos eliminar de la lista los fallidos definitivos -aquellos a quien nunca se les cobrará-, y centrarnos en los morosos desaprensivos. Con la sana intención, esa sí, de presionarles para que paguen. ¿O es una tontería?

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