Los jubilados mantienen el pulso

Momentos finales de la manifestación en el Sagrado Corazón de Bilbao, desde donde se veía abarrotada la Gran Vía./FERNANDO GÓMEZ
Momentos finales de la manifestación en el Sagrado Corazón de Bilbao, desde donde se veía abarrotada la Gran Vía. / FERNANDO GÓMEZ

Unas 33.000 personas exigieron en Bilbao que el pacto sobre pensiones sea definitivo

ERLANTZ GUDEBILBAO.

La incertidumbre era absoluta en la antesala de la manifestación. Los miembros de la plataforma vizcaína barajaban cualquier escenario, desde la reedición de la gran marcha que protagonizaron el pasado 17 de marzo, y que les llevó a sacar a las calles de Bilbao a 115.000 personas, hasta conseguir, en una lectura más realista, un elevado número de manifestantes aunque lejos de aquella histórica jornada.

Porque desde entonces han acontecido varios episodios que inevitablemente merman el poder de convocatoria del colectivo. Diez días después de la gran movilización, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció mejoras de las que se beneficiarían casi siete millones de pensiones. A esta circunstancia se sumó el reciente pacto entre PP y PNV, aprobando una subida conforme al IPC este año y el próximo, y el aplazamiento a 2023 de la entrada en vigor del factor de sostenibilidad.

Tan inesperado acuerdo debilita el mensaje de la marea de pensionistas, que volcó desde el inicio de la marcha en la capital vizcaína sus consignas en la supresión del Índice de Revalorización, que implicaba la subida anual de las prestaciones en un 0,25% mientras las arcas de la Seguridad Social se mantengan deficitarias, provocando una pérdida de poder adquisitivo por su disociación del IPC.

El notable bajón de gente no merma la confianza del colectivo, que ya prepara idéntica marcha el día 26 OPTIMISMO

Ellas fueron protagonistas para protestar por sus rentas más bajas y en contra de la brecha salarial MUJERES TRAS LA PANCARTA

El argumento al que se aferran los pensionistas para seguir atrayendo público es que la subida acorde al IPC es «excepcional», como ayer se encargó de recordarlo el secretario de Estado de la Seguridad Social, Tomás Burgos. Los jubilados recalcan a su vez que el factor de sostenibilidad sigue vigente. Otra de las reivindicaciones es que se establezca una pensión mínima, calculada en 1.080 euros, prácticamente la misma cifra que supone la prestación media en el conjunto del país.

Frente a los más estrictos en la defensa de estas exigencias, hay una corriente más práctica que, por encima de objetivos concretos, plantea la vigencia del movimiento como medio para presionar a los gestores políticos y que, frente a la tendencia que marcaba la tesitura previa a las movilizaciones, no se produzca una pérdida de poder adquisitivo.

Porque los jubilados vizcaínos quieren que la mejora de las pensiones se aborde en la Administración central, a fin de consolidar la mejora de sus prestaciones, y que no dependa de complementos como la Renta de Garantía de Ingresos. De ahí que fijen Madrid en la diana de sus protestas.

Con todo, y pese a las mejoras que el PNV ha arrancado al PP y la unidad del heterogéneo movimiento, este evidencia en ciertos momentos sus distintos posicionamientos. Y sus portavoces no ocultan que en el recorrido inicialmente previsto por la calle Ibáñez, se esperaba una sonora protesta al paso por la sede jeltzale en Sabin Etxea, enmarcada en inquinas ideológicas y el hartazgo que parte importante de la plataforma muestra hacia la clase política. Aun así, y como era de esperar, el Gobierno y su presidente, Mariano Rajoy, focalizaron ayer de nuevo los cánticos más incisivos.

Sin presencia de estudiantes

La afluencia a la manifetación fue interpretada como un éxito por el movimiento vizcaíno, que se siente reforzado para seguir con su intensa agenda de movilizaciones. La próxima manifestación tendrá lugar el sábado 26 y mantienen sus concentraciones los lunes frente a los ayuntamientos, con Bilbao como epicentro.

La antesala de la protesta estuvo marcada por varios traspiés. Problemas de coordinación impidieron llevar a cabo la presentación pública de la manifestación el día antes. Y ayer, el colectivo, que había acordado la asistencia del Sindicato de Estudiantes, no pudo contar por problemas de coordinación con una central a la que se quería dar protagonismo en la pancarta principal, de cara a enfatizar la transversalidad de la protesta.

Finalmente, se colocaron en cabeza únicamente mujeres pensionistas, con el doble objetivo de escenificar las peores rentas que reciben respecto a los hombres y condenar la brecha salarial.

Bastaba con ver la Gran Vía para intuir rápidamente que la marcha no alcanzaría los números de hace mes y medio. Los organizadores se mostraban optimistas pese al evidente bajón, aunque trataban de informarse, nerviosos, sobre la cifra oficial, fijada finalmente en 33.000. La protesta dejó emotivas imágenes como el grito al unísono '¡Manos arriba! Esto es un atraco!' en una Plaza Circular abarrotada con cientos de manos en el aire. El fin del acto sirvió para que los jubilados se dieran un baño de masas, cuando, tras la lectura del manifiesto, la multitud coreó los habituales 'Pensionistas aurrera' y 'Esta batalla la vamos a ganar'.

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