La industria vasca requiere más tamaño, innovación y profesionales para escalar hasta el 25% del PIB

Especialistas de la cooperativa Soraluce (Danobat Group) ponen a punto una fresadora gigante en la planta de Elgoibar./LOBO ALTUNA
Especialistas de la cooperativa Soraluce (Danobat Group) ponen a punto una fresadora gigante en la planta de Elgoibar. / LOBO ALTUNA

El Gobierno Vasco ha lanzado el objetivo de elevar un punto el peso del sector para 2020 y movilizará 5.225 millones públicos y privados. Empresarios y expertos afirman que es factible devolver a la actividad fabril la pujanza que tuvo antes de la crisis, pero no ocultan que se deben superar dificultades

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN.

La industria ha sido el motor de la economía vasca desde la época de las ferrones y así se ha mantenido durante siglos. Sin embargo, en los últimos años esa preeminencia ha decaído por el azote de la crisis. Al mismo tiempo han despegado sectores como el de servicios, que engloba las actividades relacionadas con el comercio, el turismo, el transporte, la sanidad y la educación. Un cambio en el paisaje de nuestro tejido productivo sin duda relevante. El Gobierno Vasco ha decidido intervenir para variar esta tendencia decreciente.

El Plan de Industria 2017-2020 ha fijado el reto de elevar el PIB de este sector del 24% actual al 25% en dos años. Un objetivo que parece ambicioso, pero hay que tener en cuenta que su peso era del 28% antes de la crisis y que se elevó hasta el 31% en el 2000. El Ejecutivo autónomo movilizará 5.225 millones con este fin. De ellos, 1.125 millones saldrá de los presupuestos del Ejecutivo y el resto mediante avales e instrumentos financieros públicos y privados.

¿Será posible llegar al 25% del PIB en ese exiguo plazo? Esta pregunta se la hemos trasladado a personas que conocen la industria vasca como la palma de su mano. Todas coinciden en que será difícil, pero posible. En todo caso, añaden que quedan asignaturas pendientes por resolver, como el tamaño empresarial, la apuesta por la I+D o disponer de profesionales altamente cualificados, el tan traído y llevado 'talento'.

Patxi Sasigain, director de Competitividad e Innovación de Adegi, admite que el reto presenta dificultades, pero se muestra optimista. Explica que alcanzar el 25% depende del comportamiento del resto de los sectores, porque tampoco son mancos. «En los últimos veintidós años la industria solo los ha batido en ocho ejercicios. Aunque parezca que pasar del 24% al 25% es muy poco, en realidad requiere que la industria crezca un punto por encima del resto de actividades durante cinco años seguidos». Sasigain añade que pocos países cuentan con un 25% de PIB industrial, a excepción de los del Este de Europa, Alemania (25-26%), Noruega (32%, por el petróleo y gas) e Irlanda (39%). Austria, Finlandia, Suecia y Suiza se encuentran en el 20-22%.

El responsable de Adegi no cree que la industria deje de ser el principal motor de la economía vasca. Señala que cada vez es más difícil diferenciar entre sectores industriales y de servicios, especialmente tras el empuje de la digitalización. «Si extendemos la definición a lo que se ha denominado la 'nueva industria - los denominados servicios a empresas, telecomunicaciones, informática e I+D-, en este caso estamos por encima del 50% del PIB. Estos servicios conexos han crecido a una media del 5,3% anual desde 1995. Por tanto, es difícil que la industria deje de ser un motor importante por su efecto de arrastre».

No obstante, Sasigain considera imprescindible incrementar la competitividad, una objetivo que pasa por aumentar el tamaño de las empresas, aprovechar la potencialidad del Concierto Económico para establecer una fiscalidad que impulse a las compañías y la creación de nuevos productos porque el papel de «subcontratista de muchas empresas las coloca en una posición de debilidad y dependencia frente a terceros». También subraya la necesidad de incorporar más profesionales especializados en tecnología, matemáticas e ingenierías. «Probablemente, este será el principal factor limitante en los próximos años», indica el responsable de Adegi.

Tecnoindustrial

Si alguien está al cabo de las necesidades tecnológicas, esa persona es Emiliano López Atxurra, presidente de Tecnalia y de Petronor. «El renacimiento tecnoindustrial europeo es fruto de la necesidad y el eje francoalemán lo tiene en la agenda. Debemos ser activos y evitar caer en la estadística como cloroformo para el sueño de nuestras vanidades». López Atxurra sí cree factible llegar al 25% del PIB en 2020, pero le preocupa más saber si mantendremos ese porcentaje en 2030. «Aquí está el desafío. Requiere transformar el magma tecnoindustrial actual en un sistema con musculaturas de diferente tenor -no solo tecnológicas- para abordar mercados cada vez más complejos. También son necesarios balances equilibrados y alineados con los negocios».

El presidente de Tecnalia confía en que la industria seguirá siendo un motor esencial para Euskadi y alerta de que si la tendencia no fuera esa, «tendremos que olvidarnos de los estándares actuales en el futuro». Añade que cada ciudadano debe cumplir su papel «con su trabajo, hacerlo bien y con visión de futuro. Tenemos que impedir que nuestro propio ombligo sea el horizonte. Y, sobre todo, apostar por una política pública donde la educación, la formación y la no penalización del fracaso sean el motor principal».

Respecto a las debilidades y fortalezas con las que cuenta Euskadi, entre las primeras señala la falta de músculo empresarial en algunos aspectos esenciales de la nueva economía y la «autocomplacencia». En el otro lado de la balanza sitúa la cultura industrial del país, el empuje de jóvenes con capacidades profesionales y hambre de futuro, así como la existencia de un magma que aporta mimbres «para la transformación en un sistema tecnoindustrial y un espacio geoeconómico atractivo».

El peso de la siderurgia ha sido determinante en Euskadi. Todavía lo sigue siendo, pese a cierres como los de Arcelor en Zumarraga o Corrugados en Azpeitia. Sidenor mantiene la llama de una actividad que forma parte del ADN de Euskadi. Su presidente, José Antonio Jainaga, considera que no es ninguna «quimera» alcanzar el 25% del PIB, porque «antes de la crisis se llegó al entorno del 29%», pero coincide con Sasigain en que los porcentajes son engañosos porque dependen de la evolución de otros sectores. «Lo realmente importante es que el valor añadido bruto de nuestra industria continúe creciendo», señala.

En todo caso, apunta una serie de medidas que contribuirían a lograr ese objetivo. Entre ellas se encuentran reducir la presión fiscal, incrementar las ayudas a la I+D, propiciar una reducción significativa del coste eléctrico y modular las exigencias en materia de emisiones. Además, propone que los ámbitos público y privado colaboren para desarrollar la formación dual, aumentar el tamaño de las empresas y anclar los centros de decisión en Euskadi.

Centros tecnológicos

Jainaga, como el resto de participantes en este reportaje, detecta luces y sombras. Entre las primeras destaca la presencia de un tejido «excepcional, con una amplísima red de suministradores, un gran colectivo de profesionales y una cultura industrial profundamente arraigada en la sociedad. También disponemos de una buena red de centros tecnológicos. Las empresas van tomando conciencia rápida de la importancia estratégica de la digitalización».

Entre las sombras señala el insuficiente tamaño de nuestras compañías, un nivel tecnológico medio-bajo de lo que producimos, pese a ser muy competentes en ingeniería de procesos, así como un diálogo social «casi inexistente con el mayor sindicato del país» y unos niveles salariales «de una gran parte de nuestras industrias que no están en consonancia con el nivel de competitividad exigido en los mercados en los que operan. Por otro lado, el carácter emprendedor que siempre nos ha caracterizado se ha ido perdiendo».

El presidente de Sidenor considera que existe un «riesgo evidente» de que la industria pierda el protagonismo que tuvo a finales de los sesenta. «Nos movemos en un mundo global, con una competencia cada vez más intensa y algunos de nuestros sectores industriales presentan debilidades estructurales importantes».

Koldo Saratxaga también conoce a fondo la empresa vasca. Tras su exitosa trayectoria en Irizar, lleva varios años al frente de Ner Group, compañía que en Gipuzkoa cuenta con empresas como Ampo, Arretxe o Gashor. Saratxaga estima que es factible alcanzar el 25% del PIB industrial, incluso le parece un objetivo conservador «considerando que entre 2015 y 2017 hemos pasado del 21,5% al 24%. No vemos razón para no llegar al 28,7% logrado en 1995, como nuevo reto de futuro».

El directivo de Ner Group no oculta que existen debilidades. «La industria vasca goza de buena imagen en el entorno estatal e internacional, pero no consigue dar un salto cualitiativo en lo que se refiere a las personas. Este sigue siendo su mayor problema. Se insiste en los nuevos paradigmas de la industria 4.0 y de la digitalización, pero no mencionamos los nuevos sistemas organizativos, las nuevas formas de dar protagonismo y poder de decisión a quienes logran el valor añadido».

En esta misma línea, Saratxaga subraya que en un mundo tan complejo como el actual «no pueden ser los modelos piramidales los que sean capaces de responder de manera ágil y eficiente. Las pymes o cambian el modelo organizativo o tienen los días contados. La empresa de éxito es aquella que cuenta con un propósito compartido, un liderazgo inteligente y que pone a las personas en primera línea».

A Saratxaga le preocupa el escaso interés de los jóvenes universitarios por las pymes. «El 35% se muestra atraído por las multinacionales, el 26% por el sector público y el 9% por las pymes. Esta situación nos lleva a subrayar una vez más que la unión y fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas es una prioridad clara. Aquí hay una oportunidad para que intervenga la Administración».

Mikel Navarro, catedrático de la Universidad de Deusto e investigador de Orkestra, apela a la 'nueva industria', como Adegi, para afirmar que el objetivo del 25% se puede alcanzar. Añade que, aunque la industria pierda peso relativo en el PIB y el empleo, «su efecto tractor e inductor es innegable. En este sentido, seguirá siendo motor, más en momentos de crecimiento motivados por nuestra especialización en bienes de equipo».

Saneadas

Navarro considera que las empresas están preparadas para afrontar el futuro. «Se encuentran saneadas financiera y laboralmente. Además, el entorno es favorable, con una población cualificada, avanzadas infraestructuras tecnológicas, políticas industriales apropiadas y baja imposición fiscal».

En el lado negativo, indica que en el proceso de digitalización no se está valorando suficientemente que requiere un cambio de modelo de negocio y de competencias. «Hay una cultura de lo tangible y no tanto de lo intangible. Vamos a tener que vender soluciones, no productos, cobrándolos de otra manera».

La automoción es un sector clave en el panorama de la industria vasca. La facturación de los centenares de proveedores de las fábricas automovilísticas distribuidas por todo el mundo y su apuesta por la I+D resultan fundamentales para alcanzar el deseado 25% del PIB.

Inés Anitua, directora general del Clúster de Automoción (Acicae), afirma que Euskadi tiene la oportunidad de convertirse en la «fábrica del futuro de Europa». Anitua subraya que el crecimiento del peso del PIB se producirá si somos capaces de favorecer «los nuevos negocios nacidos de nuestras empresas y, a su vez, debemos ser el territorio más atractivo para que empresas de fuera quieran compartir con nosotros proyectos industriales».

La directora de Acicae añade que además se deben mejorar aspectos como el tamaño de las empresas, la capacidad de adaptación de las personas y las organizaciones, una mayor estabilidad social y mayores niveles de cooperación entre las empresas. «Nuestra receta -subraya Anitua- es más innovación a través de la cooperación. El AIC-Automotive Intelligence Center es un buen ejemplo de ello».

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