Gipuzkoa, a dos velocidades

La recuperación económica está evidenciando una Gipuzkoa a dos velocidades. Comarcas y barrios donde el paro o la RGI son casi una anécdota y la renta media elevada, y otras donde la realidad es la contraria. El centro de Oñati y la calle Azkuene de Pasaia son dos ejemplos de esa dicotomía.

Gipuzkoa, a dos velocidades
Pilar Aranguren
PILAR ARANGUREN
Oñati. Una economía marcada por el impulso del cooperativismo «En cuanto sales de aquí la realidad es muy distinta», señalan algunos vecinos de la localidad del alto Deba, donde una gran mayoría trabajan en cooperativas»

Lunes, tarde soleada, prácticamente veraniega. El termómetro supera los 26 grados y las terrazas de la plaza del Ayuntamiento de Oñati empiezan a animarse a la salida del colegio de los niños. El tiempo es como una alegoría de la realidad socioeconómica de esta localidad, trufada de edificios históricos y donde muchos de sus habitantes trabajan o han sido empleados de alguna de las cooperativas del Grupo Mondragon, enraizadas en la comarca y motores económicos de la zona. Gorka Solana camina agarrado de la mano de su hija pequeña. Tiene otros dos vástagos: de 6 y de 8 años.

Con 41 años trabaja en Fagor Ederlan, en Eskoriatza. Lleva trece años en dicho factoría, aunque su vida laboral no ha estado siempre ligada al cooperativismo. «Terminé los estudios -realizó un módulo de grado superior de Electromecánica-, estuve dos años en diferentes empresas y luego entré en Fagor Ederlan».

Cuando se le pregunta si ha estado alguna vez desempleado, contesta que sí, en los inicios, porque primero estudió la carrera de Historia y al no lograr ningún empleo en dicho ámbito siguió formándose. Pero la fuerte presencia del cooperativismo en la comarca ha permitido que durante la crisis la tasa de desempleo creciera menos que en otras zonas y que la recuperación económica se esté consolidando mucho más rápido.

Datos de Oñati

6,12%
de tasa de paro. Tiene una de las tasas de desempleo más bajas del territorio. Casi roza el pleno empleo técnico. La media guipuzcoana es del 9,6%.
0,5%
RGI. Es la proporción de solicitudes de la Renta de Garantía de Ingresos entre la población del centro de Oñati, una de las tasas más bajas de todo el territorio.
25.500
euros de renta media. Esa es la base líquida media de las declaraciones de renta de los vecinos de Oñati, de las más altas del territorio.

«Sin duda», apunta Gorka. «La clave es el cooperativismo». Y señala a Ulma como la empresa más fuerte, pero también cita la presencia de Fagor y de Garay. «La concentración de empresas es muy alta en esta zona y de ellas muchas son cooperativas, que son fundamentales para que el nivel de vida de los oñatiarras sea mejor que el de la media de Gipuzkoa».

Añade que durante la crisis las cooperativas amortiguaron su impacto. «Hay que tener en cuenta la importancia de la solidaridad del mundo cooperativo», recuerda. «Es diferente que te bajen los salarios un 8% o que te echen a la calle», añade. Aunque le viene a la memoria el cierre de Fagor Electrodomésticos. «Eso es muy duro, pero es solo un caso», remarca.

Gorka no tiene problemas para poder sacar adelante a sus tres hijos, «aunque hay que apretarse el cinturón», apunta. Pero es plenamente consciente de que viven una realidad muy distinta que, por ejemplo, la de Trintxerpe.

Arriba, Maria Luisa Modecilla con su marido José Javier Palacios; debajo, Rosa Markuleta y su amiga Jaione Aizpurua, y a la derecha, Gorka Solana con su hija. / Michelena

María Luisa Modecilla y Jose Javier Palacios, ambos de 70 años, cruzan la plaza en uno de sus paseos vespertinos. Están jubilados y tratan de disfrutar de esta etapa de su vida. Ella, que es natural de Zumarraga, trabajó de administrativa en Esteban Orbegozo, pero como muchas mujeres lo dejó al casarse. Él desarrolló toda su vida laboral en Ulma, «cuarenta años», señala orgulloso, «en Administración comercial». Admite que «los sueldos eran buenos; hubo algún año malo, pero nunca faltaba el salario». «A mí, tampoco», señala María Luisa. «Yo estaba muy bien».

Tienen dos hijos, de 43 y 41 años, que también trabajan en cooperativas después de haber pasado por una universidad privada. «No sobraba, pero llegaba haciendo esfuerzos», apunta José Javier. «Ten en cuenta que era solo un sueldo, no como ahora que en muchos casos trabajan los dos».

María Luisa señala que se nota el diferente nivel de vida respecto a otras comarcas. «En cuanto sales de aquí es evidente. Mira cómo está Zumarraga», apunta. Ahora que están jubilados tampoco pasan penurias. «Ten en cuenta que tenemos dos pensiones, la de la Seguridad Social y la de Lagun Aro».

Pero no todos viven al abrigo del Grupo Mondragón, aunque su influjo irradia a toda la comarca. Es el caso de Rosa Markuleta y Jaione Aizpurua, dos amigas oñatiarras. Rosa trabaja en un comedor de Eskoriatza y su marido en una empresa cerrajera. Tienen tres hijos de 22, 19 y 11 años. Los dos primeros van a una universidad pública, pero tienen que costearles los pisos. «Si quieres mandarles a la de Mondragón hay que pagar mucho», señala.

Jaione está prejubilada, tiene una hija de 13 años y su marido trabaja también en la «cerrajera», como señala ella. Se las arreglan con un sueldo y la pensión. Pero ambas amigas coinciden en señalar que «sales de Oñati y es otra realidad».

Pasaia. La crisis ha dejado una huella más profunda en Trintxerpe Muchos vecinos tienen que recurrir a varios trabajos para poder llevarse un sueldo que en muchos casos no sobrepasa los 800 euros

Tarde gris, cerrada, que presagia lluvia. La fisonomía urbana de la calle San Pedro Azkuene de Trintxerpe -una zona muy poblada en la que viven 3.585 personas- no tiene nada que ver con la del centro de Oñati, y la humana tampoco. Desde el primer centrímetro de acera, que emboca una calle cuesta arriba, estrecha, con edificios que delatan el rápido desarrollismo del siglo pasado, «degradada y un tanto fea, porque no se ha invertido», como admiten algunos de sus habitantes. Eso sí, con la peculiaridad de que los números pares pertenecen a Pasai San Pedro y los impares a Donostia.

En la acera derecha dos mujeres charlan de forma animada con sus respectivos perros. Es media tarde, al igual que en Oñati, pero las percepciones son muy distintas, por no decir, contrarias. «Aquí hay mucha gente mayor, jubilados que trabajaban en el mar y que dejaron de hacerlo a los 55 años, como establece la ley», comenta Sonia Mejías, que pese a ser del barrio de Amara lleva 28 años viviendo en esta calle. «No hay que olvidar que Trintxerpe es la quinta provincia gallega», remarca.

Tiene 55 años y lleva 41 trabajando en el Juzgado, en el Colegio de Procuradores, como secretaria. Le aplican el convenio de Oficinas y Despachos y no se queja porque no sabe lo que es estar en el paro. Pero a su alrededor dice que hay de todo: gente que no tiene trabajo, otros que están cobrando el desempleo y muchos cuyo sueldo no sobrepasa los 800 euros. Señala que hace unos años había distintos grupos de gente que se distinguían perfectamente, «ahora está más mezclado, hay de todo», comenta. Pero cuando se le comenta si tienen la percepción de que es un barrio donde la recuperación económica va a un ritmo más lento, la respuesta es inmediata: «No hace falta decirlo. Basta con mirar un poco».

Datos de Pasaia

12,15%
de tasa de paro: El índice de desempleo de Pasaia es el doble que el de Oñati y dos puntos y medio por encima de la media del territorio.
4,5%
de RGI: Esa es la proporción de personas que solicita la ayuda del total de 3.585 vecinos con que cuenta la zona de San Pedro Azkuene.
18.383
euros de renta media. La base líquida de la renta de los vecinos de Pasaia dista casi 7.000 euros con respecto a los de Oñati. No hay datos desglosados por barrios.

Raquel Ferreras, que en un principio se resiste a salir en la foto, al final se anima. Regentó un bar durante siete años. Le pilló la crisis y aguantó tres años de la dura recesión pero al final lo dejó. «Ahora trabajo en limpiezas de oficinas, de obras...». No le falta trabajo. «En este barrio la gente es muy trabajadora», incide. «Se buscan la vida. Si tienes que pagar una hipoteca haces lo que sea». Eso sí, explica que «algunos tienen que tirar de varios empleos, meter horas donde sea, ir a conciertos a trabajar.... para así poder llevarse un sueldo medio decente a casa». «Hay quien tiene hasta seis contratos».

A escasos metros, una mujer sale del bar Eguzki a fumar un cigarrillo. Es Mari Carmen de la Torre. Regenta el negocio desde hace seis años, aunque antes trabajaba para los anteriores dueños, que lo dejaron por enfermedad. Ella se animó a coger el bar porque su marido se quedó en el paro. «Con lo que nos dieron del desempleo nos metimos aquí», explica. El era pescador, un sector que también se resintió con la crisis. Se tuvo que quedar en tierra. «Estuvo cuatro años conmigo, pero ha tenido que volver a la mar porque esto no da para dos personas», explica Mari Carmen, aunque no se queja porque no le falta clientela.

Ricardo Manzano; sobre estas líneas, Mari Carmen de la Torre apoyada en la barra de su bar Eguzki, y arriba Sonia Mejías y Raquel Ferreras, todos ellos en la calle Azkuene de Trintxerpe-Pasaia. / Michelena

Desde la atalaya que le da el bar señala que en el barrio hay de todo: «Hay muchos emigrantes y de diferentes sitios». Respecto a los ingresos, señala que aunque la gente ha vuelto a consumir algo más que durante la crisis no se hacen las mismas cajas que antes de la recesión. «No hay todavía aquella alegría».

Avanza la tarde y las nubes empiezan a descargar. Primero un ligero sirimiri, que se convierte al poco en lluvia. Los vecinos se apresuran y pocos se aprestan a contar su testimonio. Ricardo Manzano es uno de estos. Quizás porque a sus 40 años se encuentra en paro. «Desde hace unos días», matiza. Trabajaba colocando planchas, insonorizaciones. ¿Para una empresa? «No, para un privado», contesta. «De ayudante de un particular».

Señala que ha estado con contrato durante un año. Pero no toda la vida se ha dedicado a ello. «Antes trabajaba en la industria del hierro, en Hernani, en Cover Systems», comenta. Estuvo cinco años, pero con la crisis, al igual que otros muchos, se quedó en la calle. Ahora dice que seguirá tirando con lo que tiene ahorrado, porque no le corresponde prestación por desempleo. Es soltero y no tiene más bocas que alimentar que la suya. Pero no pierde la esperanza de encontrar algún trabajo. «Igual me sale algo la semana que viene», comenta. «¿Algo estable?». «Eso lo veo difícil», responde.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos