La Renta les sale a pagar a 40.000 guipuzcoanos más que hace una década

Los responsables del fisco foral, Perona, Larrañaga y Domínguez, durante la presentación de la Campaña de la Renta./Gráfico
Los responsables del fisco foral, Perona, Larrañaga y Domínguez, durante la presentación de la Campaña de la Renta.

Las declaraciones de la renta positivas han pasado de ser una de cada cinco en 2007, a una de cada tres. Con la recuperación, las nuevas tablas y el recorte de deducciones en el IRPF introducidos en 2011 tienen más impacto enla recaudación y en las campañas de renta

ALEXIS ALGABA

Hacienda recuperará en la Campaña de la Renta en Gipuzkoa recién iniciada -la de 2017- la cifra de declaraciones alcanzada en el ejercicio previo a la crisis económica. Hablamos de 2007, es decir, hace ahora una década, con un paro que rondaba el 4% y unas tasas de inversión y de bienestar nunca antes registradas. En ese año, fueron 380.179 las declaraciones que se formalizaron ante el fisco guipuzcoano. Diez años después, se espera alcanzar la cifra de 380.000 contribuyentes obligados a cumplir con sus obligaciones con Hacienda.

«El número de declaraciones de la Renta en Gipuzkoa crece por segundo año consecutivo, lo cual muestra el efecto de la recuperación económica», describía la pasada semana en la presentación de la Campaña el diputado de Hacienda y Finanzas, Jabier Larrañaga. De acuerdo. La recuperación económica puede facilitar este año ese regreso a la cifra de contribuyentes de hace una década, cuando la economía marchaba como un tiro. Pero si hemos retornado a esa época de bonanza, ¿será similar el esfuerzo que hagan los guipuzcoanos al de entonces? La comparativa de las cifras generales de las Campañas 2007 y 2017 demuestran que no, que la fiscalidad era mucho más benévola con los residentes en Gipuzkoa en cuestiones de IRPF antes de la crisis que ahora.

El dato más evidente es el que refleja la cifra de declaraciones que se prevé que salgan 'a ingresar' -a pagar- en esta Campaña de la Renta en Gipuzkoa y las que se registraron en 2007. La Hacienda foral calcula que este año serán 122.000 los contribuyentes que tendrán que abonar alguna cantidad añadida al fisco, mientras que en la campaña de hace una década, esa cifra se situaba en los 82.768 guipuzcoanos. Es decir, algo así como si a un municipio entero del tamaño de Errenteria, de alrededor de 40.000 habitantes, hace unos diez años le saliera a cobrar tras la declaración y ahora le tocase pagar.

Es más que evidente que la mano fiscal es mucho más firme ahora que hace diez años en Gipuzkoa. Solo así se entiende que con el doble de parados que entonces se pueda recuperar la cifra de declarantes previa a la crisis, y que con unos salarios que se han dejado por el camino varios puntos de poder adquisitivo, el número de tributantes que tenga que rascarse el bolsillo para pagar a Hacienda en Campaña se haya incrementado en casi un 50%.

«El esfuerzo de cada contribuyente sigue siendo similar, lo que pasa es que algunos que estaban fuera, ahora deben tributar». Esa fue la explicación que Jabier Larrañaga ofreció sobre ese incremento en la cifra de declaraciones 'a ingresar' que se está dando en los últimos cursos en Gipuzkoa. Por una parte, el responsable de Hacienda tiene razón. A la luz de las cifras, hace diez campañas cada guipuzcoano al que le tocaba pagar, ingresaba de media 1.872 euros, y ahora, en la de 2017, deberán responder por una media de 1.838 euros. El nivel de esfuerzo 'per cápita' en euros, (por así decirlo) se mantiene.

Sin embargo, el esfuerzo que podríamos denominar como fiscal, es significativamente mayor, y la clave de todo ello se encuentra, sobre todo, en la reforma del IRPF realizada en 2011. En ese ejercicio, con la recaudación en claro descenso, se pusieron las bases para poder sostener el sistema actualizando al alza la tabla de tipos y reduciendo las deducciones de dicho tributo.

Se aplicaron nuevos tramos de base liquidable (BL): hasta entonces el tipo marginal era del 45% y se amplió en tres tramos más. Un tipo del 46% para las bases superiores a 90.000 euros; del 47% a partir de los 120.000; y del 49% a las superiores a 175.000 euros. Además, se redujo la deducción por adquisición de vivienda del 18% al 15% con carácter general y también se limitó la deducción por las aportaciones a EPSV, con un límite de 5.000 euros. También se le 'metió mano' al ahorro, de forma que la tributación del 20% vigente hasta entonces se limitó a los primeros 4.000 euros y el resto pasó a hacerlo por un tipo del 23%.

Ese cóctel de modificaciones acordadas por Bildu y PSE y que posteriormente, en 2013, se incorporaron al resto de territorios gracias al pacto en el Gobierno Vasco entre el PNV y los socialistas, tejió una especie de red de seguridad para los ingresos fiscales de las Haciendas vascas. Y ya saben, se conoce si la reforma es buena si funciona tanto cuando la situación económica es mala como cuando es positiva. Y en esas estamos.

Balances de ensueño

Cada ejercicio que pasa en lo que llevamos de recuperación económica, la mejora de ingresos por IRPF aumenta una media de entre el 4% y el 5%. La recaudación anual por este gravamen directo ha pasado en Gipuzkoa de los 1.407 millones ingresados en 2007, a los 1.655 de 2017. Casi 250 millones más o, lo que es lo mismo, un aumento del 17,6%. Mientras, los ingresos totales por tributos comparados de ambos cursos -incluyendo el extra de 200 millones por los acuerdos sobre el Cupo el pasado año- han aumentado un 6,9%. Sin el 'efecto Cupo', el incremento se sitúa en un exiguo 2,3%.

Y esa diferencia se nota también de forma clara en los resultados de las distintas campañas de la Renta registradas desde entonces. Hace diez años, la Hacienda foral cuanto menos se veía en la obligación de realizar un importante esfuerzo económico para salir de forma más o menos indemne del efecto en la caja que suponía devolver una buena cantidad de millones a los contribuyentes que habían aportado más de lo estipulado por rendimientos de trabajo. En la Campaña 2007, por ejemplo, el fisco respondió por 297.411 declaraciones 'a devolver', lo que le supuso un agujero de 327 millones de euros, que apenas se consiguió mitigar ligeramente con las declaraciones 'a ingresar', que aportaron 154,9 millones. En total, el resultado negativo fue de 172 millones para el fisco foral. Y sin la posibilidad de echar mano al Impuesto de Patrimonio para limar ese socavón.

Pero posteriormente hubo campañas peores, como la de 2011, con una minuta de 210,3 millones para la Hacienda foral. Desde entonces, eso sí, el camino de espinas que llegaba cada mes de abril ha dejado de ser tan tortuoso y en los últimos dos años ha mutado a una alfombra roja que no solo ha permitido reducir el saldo negativo a la mínima expresión, si no que gracias al Impuesto sobre la Riqueza y las Grandes Fortunas (en vigor desde 2013), el resultado ha sido positivo para el fisco foral.

Según las previsiones para esta campaña, el saldo en el IRPF será negativo en 35 millones para la Hacienda foral, el mejor resultado de la historia reciente. Eso sí, gracias al gravamen de la Riqueza -que el próximo curso sufrirá una reforma y volverá a ser de Patrimonio- el resultado total será positivo en 32 millones para el fisco foral.

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