Más de 58.000 empresas vascas se beneficiarán de la bajada del Impuesto de Sociedades

Imagen de archivo del interior de una empresa vasca. /DV
Imagen de archivo del interior de una empresa vasca. / DV

Las diputaciones darán un paso importante para que Euskadi recupere el atractivo que había perdido para atraer nuevas inversiones

MANU ÁLVAREZ

No hay forma de contentar a todos. El nuevo pacto para abordar la reforma fiscal en el País Vasco, formulado ahora a tres bandas entre PNV, PSE y PP, va a hacer felices a varios miles de empresas de Euskadi, pero infelices a algunos cientos. La decisión de rebajar el tipo impositivo desde el 28% hasta el 24% -que tendrá también su paralelismo en las pequeñas y medianas con una reducción de cuatro puntos en su gravamen, para pasar del 24% actual al 20%- se compensará con una limitación de algunas deducciones y esto no afecta a todos por igual.

En términos generales, se puede asegurar que quienes aplican deducciones por inversión, investigación y desarrollo o actuaciones medioambientales, van a salir perdiendo y verán cómo aumenta la presión fiscal sobre ellas. También, aunque de forma temporal, saldrán perjudicadas -tendrán que anticipar el pago de impuestos que de otra forma podían diferir a años futuros- las compañías que acumulan importantes pérdidas de los años de crisis y que comienzan ahora a sacar la cabeza para volver a los beneficios.

Por contra, la inmensa mayoría de empresas vascas, que apenas utilizan deducciones en su declaración de impuestos o lo hacen de una forma casi imperceptible, tienen algo que celebrar.

Atractivos otra vez

Cuestiones técnicas al margen, los pactos políticos van a permitir que las diputaciones hagan una pirueta hacia atrás en su estrategia fiscal. De la agresiva política tributaria de los 90, torpe, mal aplicada y vapuleada por la Comisión Europea, se había pasado a la inacción e incluso a destacar justo por ser más dura que los países del entorno. La pérdida de atractivo tributario de Euskadi en los últimos años era más que evidente para todos los expertos, después de que el Gobierno central -buena parte de los países de la UE se habían alineado también con esta estrategia- apostase en la salida de la crisis por bajar la presión fiscal de las sociedades mercantiles, en un intento de acelerar la actividad económica.

Si estuviésemos hablando de una empresa que produce bienes de consumo, estaríamos ante una rebaja de precios en sus productos más populares, los que alcanzan mayores cifras de venta en unidades aunque sean los que dejan menor margen de beneficio. Por contra, esa misma empresa aplicaría un aumento de precios en los productos de mayor valor añadido y, especialmente, en aquellos en los que hay más margen en comparación con lo que suele hacer la competencia. La resultante, sin embargo, es algo más ambiciosa que mantener la cifra de ingresos con una reordenación de precios. El objetivo de fondo es ampliar la base de clientes y la venta de unidades para aumentar los ingresos.

Si fuese una empresa, el razonamiento terminaría con una última línea para justificar que también se persigue incrementar el beneficio. En este caso, y dado que estamos ante la cuenta de resultados de la Administración, ese objetivo final es propiciar el aumento de gasto.

Muchas pequeñas

Las haciendas forales no han hecho todavía un estudio de detalle sobre el impacto real de las medidas que se acaban de pactar y que entrarán en vigor el próximo 1 de enero, aunque la aprobación real será posterior y se aplicará con carácter retroactivo desde el inicio del ejercicio. Sin embargo, algunas cifras globales pueden permitir acercarse a la fotografía real.

En el País Vasco hay unas 70.000 entidades mercantiles que están gravadas por el Impuesto de Sociedades, pero tan sólo el 17% aplican algún tipo de deducción. El resto, ya sean grandes, medianas o pequeñas, pasan directamente por el tipo impositivo sin aplicar descuento alguno, de ahí que este enorme colectivo -unas 58.100 empresas- van a verse beneficiadas desde el primer día. Eso sí, en términos generales, son las de menor dimensión, también las que tienen una cuenta de resultados escasamente relevante y, por supuesto, las que no brillan por cosechar beneficios multimillonarios.

De ahí que el impacto real en la recaudación de las haciendas forales será limitado. Pero para muchas de ellas, con apenas veinte o treinta trabajadores, esa rebaja puede suponer mucho. Imaginen, por ejemplo, una empresa modesta con un beneficio bruto de tan solo medio millón de euros. La rebaja de cuatro puntos en el Impuesto de Sociedades supondrá pagar 20.000 euros menos al año en impuestos. Una cifra que no dista mucho del salario medio de un trabajador en el País Vasco y que, con toda seguridad, representará un porcentaje muy elevado si se compara con el endeudamiento de la propia empresa.

El resto de empresas, unas 12.000, aplican algún tipo de deducción, pero el efecto negativo en la ‘vuelta de tuerca’ que se les va a dar a las deducciones tiene un impacto que, probablemente, será muy limitado en cuanto al número de empresas pero significativo en recaudación. Algunas de estas deducciones que ahora van a encontrar limitaciones, especialmente la que afecta a las inversiones en investigación y desarrollo, han sido la principal vía para rebajar impuestos. Y es que tan sólo 1.700 empresas vascas recurren a esta deducción, aunque también coincide con las que tienen facturaciones más elevadas y también un beneficio bruto más cuantioso. La deducción por inversiones en activos fijos es usada cada año por unas 1.250 empresas y las que hacen referencia al medio ambiente son sin embargo marginales, aunque de volúmenes económicos muy elevados. Apenas 78 empresas lo han utilizado como media en los últimos años.

Operación reequilibrio

Estas grandes compañías van a tener algunos frenos adicionales a la minoración de sus facturas fiscales, con la reducción de la deducibilidad de sus gastos financieros -ya figuraba en el pacto inicial entre PNV y PSE-, así como la elevación del tipo efectivo mínimo, que pasará del 13% al 17% para las grandes y del 11% al 15% para las pequeñas y medianas.

No es una coincidencia casual que la bajada de 4 puntos en el tipo general coincida con la subida, también de 4 puntos, en los tipos efectivos mínimos que actuarán como suelo para las empresas que aplican deducciones en sus bases imponibles. El compromiso que sobrevolaba sobre la mesa de negociación era claro. Se trataba de recuperar el atractivo de la fiscalidad empresarial en Euskadi sin destrozar la particular cuenta de resultados de la Administración vasca, porque tanto PSE como PNV coinciden en la necesidad de reforzar los ingresos para aumentar el gasto público.

Patronal vasca

La patronal vasca se ha mostrado especialmente activa para perseguir esta rebaja de la fiscalidad, aunque con toda seguridad ha generado no pocos debates e incluso tensiones internas. Pero también ha sido una gran prueba de fuego para demostrar que Cebek, Adegi y SEA, las organizaciones territoriales de Bizkaia, Gipuzkoa y Álava, respectivamente, al igual que Confebask, que agrupa a todas ellas, no están plegadas a los intereses de las grandes compañías.

Las grandes empresas han visto con indisimulada preocupación este proceso, porque para la mayoría de ellas esta reforma va a suponer un aumento de la factura tributaria. Para muchas, especialmente las del ámbito industrial, la clave siempre está en la capacidad para utilizar las deducciones; de ahí que cualquier freno en este sentido supone siempre una mala noticia.

Pero tampoco hay que perder de vista que Euskadi se ha convertido en un territorio plagado de pequeñas y medianas empresas, con un déficit real de grandes corporaciones. De ahí que el acuerdo fiscal que está a punto de rubricarse -es probable que hoy mismo- suponga el consuelo de muchos. Una cuestión de mayorías, más que de tamaños.

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