Fagor CNA regresa a la casilla de salida tres años después

La planta de Edesa Industrial, otrora Fagor Electrodomésticos, y su plantilla en Garagartza reviven estos días el drama de 2014./FÉLIX MORQUECHO
La planta de Edesa Industrial, otrora Fagor Electrodomésticos, y su plantilla en Garagartza reviven estos días el drama de 2014. / FÉLIX MORQUECHO

Incapaz de resucitar a la antigua cooperativa, Cata ha anunciado el despido de todos los trabajadores y se aproxima a un nuevo concurso de acreedores. La deuda y una más que cuestionada gestión por parte del grupo catalán vuelven a someter a la firma de electrodomésticos

JULIO DÍAZ DE ALDASAN SEBASTIÁN.

Mañana comienza el segundo calvario en tres años para los 327 trabajadores que aún se mantienen al pie del cañón en Edesa Industrial, la antigua Fagor Electrodomésticos. Un camino de espinas que, desgraciadamente, ya conocen y que en esta ocasión conduce a la ofina del Inem, pues la propietaria de la empresa, la catalana CNA Group, que en su día parecía la salvadora, ha cumplido su amenaza y a primera hora iniciará los trámites para despedir a toda la plantilla. El conglomerado presidido por Jorge Parladé aduce que no hay dinero en la caja, con lo que es obligado ese ERE de extinción, que habrá que negociar. Según la empresa, solo hay negocio para 160 personas (si se rebajan un 10% el sueldo), fabricando en Euskadi únicamente ollas a presión, termos eléctricos y calentadores a gas y -por rizar el rizo- si un desconocido inversor hace su entrada triunfal en escena apoyando el proyecto. Con esos mimbres, los trabajadores han dicho que «no», que se plantan.

CNA tendrá enfrente a una plantilla curtida en estas batallas, que tiene poco que perder y que está convencida de la viabilidad -con ajustes, si fuera necesario- de la compañía. La ilusión que hombres y mujeres entregaron en 2014 a la resurreción de la que en su día fue la 'joya de la corona' de la Corporación Mondragón, ha tornado en drama clásico, en el que el final pinta entre mal y muy mal. En preconcurso de acreedores desde finales de junio, con una deuda global (entre bancos, instituciones y proveedores) que podría superar los 100 millones de euros y en un mercado complicadísimo como es el de los electrodomésticos, maduro como pocos, Edesa Industrial tiene muchas papeletas para terminar en concurso de acreedores.

Como nada en esta empresa ha resultado medianamente ortodoxo en los últimos años, aún hay algunas incógnitas importantes por despejar. La primera, el pasivo real y su posible impacto en el conjunto de CNA. La segunda, la posición de la cooperativa de cooperativas Fagor S Coop., propietaria de las marcas Fagor y Aspes, casi lo único de valor de Edesa Industrial junto a su gente. CNA alquiló las dos enseñas, que la Corporación condicionó (entre otras cosas) a un determinado nivel de empleo.

Y, por su puesto, los planes industriales reales de la catalana, que parece más dispuesta a producir en países de bajo coste que en el País Vasco para comercializar una marca, Fagor, que aún podría tener tirón.

¿Muerte anunciada?

Según varias fuentes muy próximas al proceso vivido por la empresa de Arrasate, la situación actual no es sino el resultado de una «muerte anunciada». Un colapso que algunos apreciaron ya en el horizonte cuando una desconocida (al menos en Euskadi) Cata apareció en escena; los números ya 'cantaban', pues era la historia del pez chico que se comía al grande. A eso había que sumar que, según otras fuentes, los barceloneses, tenidos por «peculiares» en su gestión tanto en parte del ámbito financiero como en algunas instituciones, no terminaban de ser un verdadero grupo industrial, más allá de su -eso sí- reconocida vertiente comercializadora o su experiencia en campanas extractoras.

La imagen de CNA Group, a la que el Gobierno Vasco y la Generalitat de Catalunya presentaron como una firma solvente, seria y una buena solución para Fagor Electrodomésticos, ganó enteros el día en que los administradores judiciales abrieron los sobres de las útimas ofertas. Los catalanes -respaldados también por un 'pool' de bancos y, no hay que olvidarlo, por algunos directivos de la cooperativa y empresas proveedoras de la misma del entorno de Mondragón- ofrecían el doble, tanto en empleo como en facturación estimada; y, sobre todo, en precio a pagar por las cenizas de la quebrada cooperativa.

Así que no hubo duda: ganaba CNA, dispuesta a apoquinar hasta 48 millones de euros, y perdía la argelina Cevital. Nada que discutir. El problema es que, como ya dejó meridianamente claro el juez encargado del caso (Pedro José Malagón) en el momento de la adjudicación, la responsabilidad de que Cata cumpliera con sus promesas era estrictamente de ella. De nadie más. Dicho de otro modo, los 705 empleos comprometidos para el primer ejercicio completo (así como las facturaciones estimadas) quedaban escritos en lo más parecido a una barra de hielo. Y llegó el calor... Nada de lo planteado se llegó a cumplir. Nunca. Evidentemente, no por mala fe, sino por lo que parece un clamoroso fallo de previsión. Si en algún momento CNA llegó a pensar que iba a levantar de la ruina a una marca que había desaparecido de las tiendas a la velocidad de la luz, se equivocó.

De China a Euskadi

A eso hay que sumar -volvemos a esa gestión tan peculiar- que los mensajes nunca fueron del todo claros. Se dijo, en estas mismas páginas y por el máximo responsable del grupo, que CNA traería a Euskadi parte de la producción de hornos que se supone hace en China. En Arrasate aún están esperando...

También se habló de fabricar frigoríficos, lavadoras de última generación y otros productos. Y tampoco. Algunas fuentes próximas al proceso señalan que «no es que se mintiera abiertamente, es que se quiso correr mucho y sin la equipación ni la preparación necesaria».

El torrente de mensajes confusos llegó a cotas estratosféricas cuando se insinuó salir a cotizar a la Bolsa de Hongk Kong, de emitir deuda corporativa o de comprar fábricas en África, Asia o China.

Ideas todas ellas lanzadas pocos meses antes de reconocer ante los juzgados de lo Mercatil de San Sebastián que la deuda superaba la capacidad de la empresa y era necesario presentar un preconcurso de acreedores defensivo con el que, al menos, mantener el timón durante unos meses y evitar así que fuera un acreedor el que llevara a la firma al acantilado de los tribunales.

Ahora, las cosas se empiezan a aclarar. Al menos en lo que se refiere a algunos plazos. Según fuentes próximas al asunto, y si se mantienen abiertas incógnitas tan importantes como si el pretendido inversor llegará o no y con cuánto dinero, o si la plantilla aceptará alguna propuesta de la firma, el oxígeno para CNA se acabará a finales de este mes.

En ese tiempo, los trabajadores habrían completado el periodo de consultas del ERE de extinción para toda la plantilla -tira y afloja en el que seguro que se intenta una solución industrial- y, además, concluye el periodo inicial que marca el artículo 5 bis de la Ley Concursal, al que se acogió la catalana en su preconcurso. Por si fuera poco, la banca acreedora de CNA también espera que la empresa se aclare para esos primeros días de octubre, momento en que acaba un periodo de gracia concedido por las entidades para renegociar la deuda de Cata.

LAS CIFRAS CLAVE

705
empleos
705
en el primer año completo de actividad; ese fue el compromiso, evidentemente incumplido, del grupo CNA.
100
millones
es, al menos, el pasivo que Edesa Industrial ha generado en tres años
Ahora Cata trata de renegociar toda su deuda.

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