Euskadi, en la lupa de los fondos de inversión

Euskadi, en la lupa de los fondos de inversión

La tradición industrial y la costumbre de reinvertir el beneficio en la propia firma elevan el atractivo, mientras los analistas y hasta el Gobierno creen que «no se pueden poner puertas al campo». Los expertos aseguran que «hay más apetito comprador» del dinero foráneo que «ánimo vendedor» entre las empresas vascas

JULIO DÍAZ DE ALDA SAN SEBASTIÁN.

Hablar en Euskadi de inversores foráneos, sean españoles o extranjeros, de compras de empresas, de operaciones corporativas, de fusiones, de multinacionales, de adquisiciones o de fondos de inversión acostumbra a ser más complicado de lo que dictan tanto la experiencia como el sentido común. Una tierra como la vasca, con una tradición industrial de primer orden, un bagaje innovador más que demostrado y unas empresas -y empresarios- con las raíces bien clavadas en la tierra, tiene hoy todos los boletos para ser el paraíso de los inversores (compradores), que saben que aquí se van a encontrar, en general, con compañías muy capitalizadas, poco endeudadas y en las que la tradición ha sido siempre la de reinvertir los beneficios.

Y para terminar de calentar el asunto, en el mercado hay hoy dinero a espuertas. Una liquidez como muchos no recuerdan. Y, claro, sucede lo que tiene que suceder, que de vez en cuando se producen compras (que caminan siempre de la mano de las ventas, no hay que olvidarlo) que tensionan el 'statu quo' y despiertan algún que otro fantasma sobre aspectos como el arraigo.

Por si fuera poco, el Gobierno Vasco ha acelerado la construcción de un fondo de inversión público-privado para apoyar a empresas estratégicas y tractoras entrando en su accionariado; lo ha estrenado adquiriendo un 1,24% de CAF a Kutxabank, otro de los actores a los que muchos (incluido el propio Ejecutivo de Iñigo Urkullu) piden una y otra vez que haga país y no venda sus participadas vascas.

La sensibilidad está a flor de piel pero, ¿están las empresas de Euskadi a la venta? ¿hay que preocuparse por el arraigo? ¿van a volar los centros de decisión? ¿triunfará ese vehículo inversor que preparan a contrareloj Arantxa Tapia y Pedro Azpiazu? DV ha consultado a distintos agentes económicos sobre estas y otras cuestiones. Y el resumen más práctico y directo más allá de un interés por nuestras empresas evidente, es doble: ni Euskadi está a la venta, ni -como reconoció al dar cuenta del novedoso fondo la propia consejera de Desarrollo Económico- se pueden poner puertas al campo. También hay otra premisa clara: los inversores aplauden la idea del Gobierno pero necesitan saber en qué se invertirá su dinero y cuánta rentabilidad se logrará. Hacer país, sí. Empujar perdiendo dinero, nunca.

La consultora donostiarra Norgestión, especializada entre otras cosas en el asesoramiento en operaciones corporativas, goza de una experiencia más que notable en el campo de las fusiones y adquisiciones. Su director general, José Antonio Barrena, afirma que «a los fondos de inversión les encanta el País Vasco». El directivo matiza que ese interés se centra en empresas a partir de veinte millones de facturación y con dos o tres de ebitda. Y justifica ese atractivo en «la fortaleza financiera que acostumbran a tener las firmas locales y la honestidad de los empresarios de aquí».

«Va a haber operaciones, pero de ninguna manera el país está en venta; ¡que va! es solo que aquí hay más tradición que en otros lugares y las empresas están mucho mejor que en otras comunidades autónomas», afirma. A su juicio, «es mucho mejor momento para vender que para comprar», puesto que «los multiplicadores (las referencias con las que se calculan los precios de la eventual transacción) están altos». Eso sí, subraya, el tiempo necesario para cerrar cualquier operación se alarga. Barrena rompe una lanza por los fondos, y señala que la llegada de este tipo de inversores no tiene por qué suponer un problema. De hecho, añade, hay empresas guipuzcoanas con este tipo de accionistas que han crecido desde que aquellos entraron en su capital. Un rápido repaso a ese tipo de firmas en el territorio trae a la memoria compañías consolidadas (y también arraigadas) como, por ejemplo, Angulas Aguinaga, Cintas Ubis, Itasa, Betapack, Lau Lagun o Ibermática.

«Los fondos que llegan a Euskadi no suelen ser de aquellos que entran y salen rápido en busca de la mayor de las rentabilidades; invierten y se comprometen», apunta el directivo, al tiempo que subraya que los propios empresarios vascos que deciden vender «no suelen primar el dinero a recibir, sino las condiciones en las que se queda la empresa».

¿Cuándo se producen las ventas? Barrena, que insiste en que no hay tantas operaciones como se pueda imaginar, alude a esos casos en los que en empresas familiares llega un momento en la tercera o cuarta generación en que no hay sucesión.

Cuestionado por el fondo del Gobierno Vasco, el responsable de Norgestión se muestra diplomático: «No lo conozco como para opinar». Pero desliza lo que todos, la necesidad de aclarar la rentabilidad que pueda ofrecer y las características del vehículo de inversión y de su equipo.

Antes de concluir, Barrena advierte de que donde sí se están produciendo más movimientos interesantes en Gipuzkoa y en el País Vasco es en el ámbito de las start-up, donde junto a los instrumentos públicos habilitados para dar un impulso a los emprendedores, fondos e inversores particulares (sobre todo Family offices) están tejiendo una interesante red.

Ecosistema

Desde Elkargi, su director general, Pío Aguirre, insiste en aquello de las puertas y el campo. «Estamos en un mercado abierto, aquí hay industria atractiva y tecnología de primer nivel, y nos van a comprar», señala, para remachar que eso no significa, ni mucho menos, el final de los días de la industria vasca. «ITP está aquí y trabaja con empresas de Euskadi, no sucede nada», apunta, para añadir que en casos como el de Siemens-Gamesa, «si entras así es para mandar, claro».

Pero el veterano financiero pone el acento en otro asunto. Y explica que, a su juicio, lo esencial es otra cosa. ¿El qué? «Ese ecosistema del que gozamos en el país, ese conjunto de proveedores de vanguardia, de soluciones tecnológicas, de centros tecnológicos... todo eso es una red que nos da cierta seguridad y que también debemos cuidar». «Eso es arraigo, esa cazuela de alubias en permanente ebullición que nos hace competitivos y atractivos; ese ingeniero que viaja a Alemania y que desarrolla para Volkswagen y luego vuelve a Euskadi», explica. «Eso ni se compra ni se vende», sentencia.

De otra parte, Aguirre pone el foco en «esas empresas que tienen menos de 50 trabajadores que, a lo mejor, son muy buenas pero también pequeñas». «Aquí las pymes tienen el tamaño que tienen», advierte, mientras lanza un consejo al aire, el de «como dice el lehendakari, hacer auzolan, colaborar para crecer». «Si no enfocan bien la suma de fuerzas lo van a pasar mal», asegura pues, insiste, «con esa dimensión no es tan fácil mejorar constantemente la competitividad si no eres un crack».

El mensaje se completa con otro dirigido a los trabajadores, a los que anima, por ejemplo, a tomar una participación en la empresa, lo que también, concluye, «favorece el arraigo».

Sobre el fondo del Gobierno, la respuesta es mimética a la otros consultados. Como idea, asegura, «es buena», pero hace falta saber todavía muchos detalles. Lo que sí hace Aguirre es aplaudir a las EPSV, a las que el Ejecutivo quiere embarcar en su proyecto. «Ellas, y Geroa es un ejemplo, sí que se mojan entrando en el capital de empresas locales», advierte. La entidades de previsión son las grandes tenedoras de capital de Euskadi. Aunque hablamos de un dinero, no conviene olvidarlo, con el que no es aconsejable hacer experimentos puesto que está destinado a complementar las pensiones futuras de sus partícipes.

Pedro Sánchez Sologaistúa, responsable de Banco Sabadell en el norte de España, aplaude «como concepto» el fondo anunciado por el Gobierno Vasco. «No está mal, pero a esa herramienta le queda camino por recorrer», explica, para añadir que, por ejemplo, la entrada en CAF «lanza un mensaje de 'estamos aquí' a posibles inversores futuros y también a las empresas del territorio». El ejecutivo coincide con el resto de actores consultados al recordar que poco se sabe de la rentabilidad de ese instrumento público-privado, de nuevo algo esencial si se quieren levantar (como se dice en el sector financiero) cien millones de euros entre esos inversores privados.

Sobre el atractivo de la empresa vasca y la presencia de fondos de inversión, Sánchez Sologaistúa ratifica que «existe un notable interés, sobre todo en el último año y pico», y reitera que el foco se centra en «empresas familiares en las que la segunda o la tercera generación no da el relevo». «Hay empresas que están muy bien pero sin sucesión», apunta, para concluir que, habitualmente, las cosas llevan su tiempo pues «al empresario de aquí le cuesta que entren esos inversores».

Centros de decisión

Como todo apunta al mismo lugar, qué mejor que hablar con José Ramón Fernández de Barrena, director general de Uvesco y miembro de la junta directiva de la Asociación de la Empresa Familiar de Euskadi (Aefame), en cuya representación contesta a nuestras preguntas. «No se le pueden poner puertas al campo, es verdad, pero si el centro de decisión está aquí, está aquí y eso es siempre mejor, tanto en el plano de la contratación como en la inversión o los patrocinios y los compromisos con el territorio», sentencia. El directivo destaca que la empresa familiar vasca «tiene el arraigo en el ADN», y que tanto si las cosas van mal como si van bien «no es lo mismo si el corazón y la cabeza de la compañía están en el territorio que si están en otro lugar».

Fernández de Barrena coincide en que «hay mucho más apetito inversor». «Normal, si pensamos que hay liquidez en el mercado, ya no existe la lacra del terrorismo y aquí tenemos empresas atractivas en las que, a veces, no hay una sucesión clara; después, cada cual es dueño de sus decisiones», afirma.

Y apostilla que en esos casos la presión fiscal sobre el empresario y su patrimonio tampoco ayudan a mantener el esfuerzo. Respecto al fondo anunciado por el Ejecutivo, Fernández de Barrena asegura que «es buena idea, aunque luego dependerá de cada cual». «Tiene que haber rentabilidad, si no el privado...», zanja.

Gabriel Benguría, socio director de la 'boutique' donostiarra de asesoramiento financiero Efialia, centrada en operaciones corporativas y oportunidades de inversión empresarial, reitera que «hay más dinero y más interés que proyectos u oportunidades, aunque es claro que aquí hay empresas que son 'campeones ocultos', líderes en sus sectores, que resultan muy interesantes». El experto, que cree que «la foralidad es una ventaja frente a otras comunidades autónomas», asegura que lo que proliferan hoy día son «fondos que buscan una participación minoritaria pero cualificada, en los que muchas veces participan antiguos empresarios que conocen esa sensabilidad hacia la empresa y su entorno que impera en el País Vasco».

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