El espíritu cooperativo pasea ahora por delante de una compañía transformada

El barrio de Garagartza respira, de momento, ajeno a cualquier movimiento que afecte a su empresa insignia

A. ALGABA ARRASATE.

No es difícil encontrar un aparcamiento en el barrio de Garagartza de Arrasate. En una urbanización tranquila, sin bares, ni semáforos, con apenas un parque para que los niños no se aburran y la escultura de una lamia presidiendo la plaza, esa figura de la mitología vasca que tenía medio cuerpo de mujer y la parte inferior de pato. El paseo entre el núcleo del barrio y la entrada de la fábrica de la extinta Fagor Electrodomésticos -ahora Edesa Industrial- resulta agradable en una mañana de comienzos de verano como la de ayer. Primero se pasa por debajo de la iglesia de San Miguel y después un buen puñado de gallinas te acompañan hasta que se vislumbra ya parte de la planta de la extinta cooperativa.

En el recorrido hacen 'running' jóvenes deportistas y se pasean jubilados de edad diversa, en solitario, acompañados, con palos de travesía, con gorra y sin ella. Muchos aficionados también al fútbol que se acercan habitualmente a Atxabalpe, lugar de entrenamiento del Eibar. Y muchos de ellos, por supuesto, ligados al mundo cooperativista, como gran parte de Arrasate.

«¿Has encontrado fácil aparcamiento? Hace diez años aquí no había ni sitio para dejar el coche. Estaba lleno todo y no paraban... No paraban», recuerda Emilio, excooperativista retirado que trabajaba en la rama financiera de la Corporación. «Es un pena ya que esto era la bomba, pero en su día se vio que la cosa se empezaba a torcer», afirmaba en su paseo, señalando -como se ve en la foto que acompaña a este texto- la nueva fachada principal de la planta, con la enseña de Edesa y la remozada zona de oficinas.

No hay ninguna señal que dé idea de que la jornada sea diferente a otras. Entran y salen camiones, trabajadores pasan de un lado a otro de la fábrica y... Quizás, a eso de las dos de la tarde aparecen cuatro hombres encorbatados que entran en las oficinas y rompen la estética de cotidianeidad de un lunes.

Tampoco a José Manuel le altera la noticia del preconcurso solicitado por Fagor CNA. Él quiere saber cuál es el camino para llegar a Atxabalpe, ya que «lo han renovado y quiero ver cómo ha quedado». Comenta que hace cincuenta años que tiene carnet de conducir y que la carretera cuando él llegó con el coche no era tan cómoda como lo es ahora, «aunque había menos coches, eso sí». Sí que conoce que la planta de Garagartza vuelve a pasar por dificultades, aunque entremezcla la situación vivida hace cuatro años con la que esta acaeciendo estos días bajo la propiedad de la catalana CNA. «Pero la situación es la que es, si una empresa no va bien y no vende, echarán a los trabajadores que deba echar o cerrará». Visión simplista de alguien que ha pasado por muchas empresas y situaciones similares. José Manuel continúa su camino, pero lo hace en dirección contraria a la que debería seguir para llegar a Atxabalpe. «Me dicen que es por la carretera, pero hay curvas peligrosas». Curvas peligrosas, quizás las mismas que enfrenta Fagor CNA.

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