Euskadi, a la cola en emprendimiento

Charla con emprendedores organizada por Startinnova./DV
Charla con emprendedores organizada por Startinnova. / DV

El emprendimiento vasco pierde fuelle. Los expertos achacan esta situación a la baja valoración social hacia las personas que inician negocios y también a un sistema educativo que desincentiva el riesgo

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN.

El último informe Global Entrepreneurship Monitor (GEM) ha vuelto a caer como un jarro de agua fría sobre Euskadi. El estudio nos sitúa a la cola de España en emprendedores, es decir, en el número de personas que prevén iniciar un nuevo negocio. En el ranking por comunidades, Euskadi se sitúa la cuarta por abajo, solo por delante de Melilla, Ceuta y Asturias. De este pésimo resultado solo nos consuela que el tipo de empresas que se inician presenta un índice de calidad alto (tecnología, nichos de mercado, empleo). Atendiendo a este criterio, Euskadi escala en el ranking, pero sin llegar a alcanzar los puestos de cabeza.

El Global Entrepreneurship Monitor es un estudio internacional que evalúa anualmente la situación del emprendimiento en los distintos países de la UE, descendiendo en su análisis al marco regional. GEM basa sus conclusiones en dos encuestas, una realizada a la población en general (2.000 personas en Euskadi) y a 36 expertos. Solo el 3,3% de los ciudadanos preguntados indicó que se encontraban en esta situación, frente al 4,3% de media estatal.

En el presente reportaje hemos preguntado a cinco expertos vascos si creen que realmente el empuje para iniciar nuevos negocios en Euskadi está de capa caída y en su caso cuáles serían las razones. En general, coinciden en que nos encontramos en horas bajas y entre las razones citadas se encuentran la poca valoración social hacia el emprendimiento, un lastre que entronca con un sistema educativo que no incentiva el riesgo.

Incertidumbre

Las palabras de Iñaki Peña, profesor de Deusto Business School y uno de los investigadores que ha participado en el informe GEM, resultan clarificadoras. «El impulso para crear empresas se ha ido perdiendo porque a día de hoy priman más la estabilidad y los valores conservadores frente a otros que reconocen la incertidumbre y la tolerancia». Añade que en Euskadi solo la mitad de la sociedad considera que emprender es una ocupación profesional interesante.

Peña subraya que más allá de los problemas financieros o burocráticos, el lastre «real y agudo» es intangible. «La falta de cultura emprendedora o asimilación por parte de la sociedad de valores como el riesgo, requieren de una concienciación que puede llevar décadas. Estos valores hace siglos estaban enraizados en el País Vasco, como en la época de los balleneros o de la industrialización emergente, pero se han descuidado y llevará tiempo recuperarlos. Esta es la dificultad invisible más peligrosa que afronta nuestro territorio».

Respecto al apoyo institucional al surgimiento de nuevos negocios, el profesor de Deusto señala que el presupuesto supera al de otras zonas del Estado, pero añade que la transformación de ese gasto «en valor económico y social ha dado unos resultados que no están a la altura del esfuerzo realizado por los contribuyentes».

Josean Rodríguez, gestor de Emprendimiento de Adegi, también asume que estamos en horas bajas, pero con matices. «El informe GEM nos dice que el número de emprendedores disminuyó drásticamente durante la etapa más dura de la crisis y que se viene recuperando con alguna recaída significativa en los últimos siete años. De algún modo, nos hemos estancado y estamos un poco por debajo de la media europea de las regiones industriales similares al País Vasco».

Añade, como paliativo, que desde la experiencia de Adegi los nuevos proyectos «continúan reuniendo una calidad notable y se sustentan en buenos equipos promotores con capacidad de innovación». La respuesta institucional, en opinión de Rodríguez, se suma a este objetivo de incentivar el surgimiento de nuevas empresas. «Las administraciones vascas realizan un importante esfuerzo en la reducción de la burocracia -un tema que enfada mucho a los emprendedores-, así como en la incubación y financiación de los proyectos de innovación tecnológica».

No obstante, el experto de la patronal considera que se debe mejorar en materia de fiscalidad, «especialmente en la gestión del IVA», así como en el hecho de que un emprendedor «antes de que tenga ni siquiera tiempo de generar negocio y facturar, deba afrontar numerosos pagos, como los de la Seguridad Social y altas en la actividad».

Rodríguez concluye que hay que «sacudirse complejos, enseñar músculo y contar todo lo bueno que tenemos. Y si los datos no son tan buenos como cabría esperar, y el informe GEM es una prueba de ello, sabremos así dónde incidir: el tema cultural y educacional».

Nuevas empresas

Marisa Arriola, directora de Bic Gipuzkoa -incubadora de empresas formada por la Diputación y la Spri- considera que cada año aumenta el número de proyectos. En el primer semestre de 2017, el centro ha evaluado más de cien iniciativas, de las que 53 se han aprobado y recibirán en total 1.460.000 euros. «Desde 2009 -explica Arriola- existe una tendencia creciente en el número de ideas y proyectos que entran en fase de evaluación y que, finalmente, dan paso a nuevas empresas».

La directora de Bic Gipuzkoa señala que la mayor dificultad a la hora de poner en marcha una 'startup' radica en definir un proyecto que ofrezca una «propuesta de valor y un modelo de negocio que les permita crear una empresa que tenga éxito en el mercado. Otros retos son la creación del equipo y disponer de una estrategia de financiación».

Arriola señala que estas iniciativas sí cuentan con respaldo público, aunque añade que resulta necesario «repensar y mejorar» estos apoyos, «sobre todo en las etapas tempranas de los proyectos y propiciar que aflore más capital especializado privado, más capital industrial».

«Inercia alcista»

Joseba Sagastigordia, director de Promoción Empresarial del Centro de Promoción de Mondragón diferencia entre la situación anterior a la crisis y la posterior. En la primera, se generó una «inercia alcista» en el desarrollo de iniciativas. Sin embargo, la recuperación económica de las empresas consolidadas y la creciente demanda laboral «vuelve a minorar ese revulsivo inicial, situando los nuevos proyectos en niveles precrisis».

El experto de Mondragón indica que los problemas financieros, fiscales o burocráticos no son relevantes en el proceso emprendedor. En su opinión, existen dos barreras recurrentes. La primera sería la «propia inconsistencia del modelo planteado» y la segunda «la juventud de los promotores. A medida que el equipo atesora años de experiencia, el proyecto atesora grados de supervivencia».

Sagastigordia coincide con Peña y con Rodríguez en que Euskadi se enfrenta a un déficit de cultura emprendedora. «La empleabilidad debe estar ligada al emprendimiento, como lo está hoy a la empresa industrial tradicional. Y esa cultura debe premiar el riesgo y favorecer el prestigio del que crea. En este sentido, nos queda recorrido». Una de las palancas clave radica en la educación. «Desde fases tempranas se debe fomentar la curiosidad, el afán de exploración, así como los espacios para crear, debatir, hablar en público, negociar...».

Sagastigordia subraya que la nueva economía «exige» incorporar la innovación a los objetivos de la formación. «Las empresas del futuro están ahora en proceso de constitución y esta no es una opción legal, es una necesidad social. Hoy la cercanía a los nuevos negocios incipientes es un elemento de supervivencia para la empresa consolidada».

El experto de la Corporación Mondragón concluye que Euskadi es un «país pequeño como oferta de atracción. Nuestro reto -subraya Sagastigordia- está en ser un nodo relevante y especializado en ese circuito de talento que viaja captando valor, favoreciendo la estancia y promoviendo una cultura de interconexiones permanente».

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