Egile refuerza su posición como proveedor de los gigantes aeronáuticos

Eduardo Junkera y Alfonso Urzainki, en el nuevo pabellón de Egile, todavía en fase de equipamiento. La inauguración y puesta en funcionamiento se prevé para el próximo mes. / MORQUECHO

La planta de Mendaro se está ampliando para destinarla a superaleaciones y a fabricación aditiva. En el nuevo edificio se producirán piezas ultrarresistentes para las turbinas de los líderes mundiales, como Rolls Royce, General Electric, Snecma o Pratt & Whitney

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN.

El Grupo Egile va a seguir complicándose la vida, una estrategia que, por raro que parezca, le ha llevado de éxito en éxito. La compañía de Mendaro se ha especializado en abordar siempre los proyectos más difíciles, un reto que le ha permitido liderar el mercado internacional en el campo de la mecánica de alta precisión.

No satisfechos con este logro, ha redoblado la apuesta y ahora se va a introducir en la fabricación de piezas todavía más complejas. El objetivo es seguir siendo el proveedor de referencia de los gigantes de la aeronáutica. No hablamos de producir cualquier pieza, sino de aquellas cuyo funcionamiento debe ser perfecto para no poner en riesgo la seguridad del avión. Hasta ahora, estos elementos críticos los producían las propias compañías aeronáuticas. Egile quiere ganarse su confianza para que esas piezas se fabriquen en Mendaro.

Este reto ha llevado a la compañía a construir un pabellón de 2.000 metros cuadrados colindante con las instalaciones actuales. La inversión ha superado los 9 millones de euros, presupuesto que incluye la compra de maquinaria de última generación: robótica colaborativa, integración digital, ciberseguridad... Todo un arsenal de industria 4.0 al servicio de las actividades de dos de las compañías del grupo: DMP (aeronáutica) y Zehatz (troquelería). Las instalaciones se inaugurarán el próximo mes y requerirán la incorporación progresiva de veinte trabajadores altamente cualificados.

El objetivo principal del pabellón radica en atender un nuevo nicho de mercado. Egile ya es una referencia para las grandes compañías del sector aeronáutico, dada su excelencia en la mecánica de alta precisión, pero el grupo ha decido dar un paso adelante. La compañía quiere convertirse en proveedor de piezas fabricadas mediante superaleaciones, una labor que dada su extrema complejidad -un fallo puede provocar la caída de un avión- se la reservan los propios fabricantes de motores.

Altas temperaturas

El presidente de la compañía, Eduardo Junkera, explica que el reto es de envergadura. «El mecanizado de superaleaciones no forma parte del mercado normal de la subcontratación. Sabemos que es un nicho de negocio, pero está ocupado por los fabricantes. Se trata de piezas que soportan altísimas temperaturas, porque se sitúan en las partes calientes de los motores. La base del material con el que están fabricadas es el níquel, muy difícil de mecanizar».

El salto no se ha dado en el vacío. Junkera, que en sus explicaciones conjuga el entusiasmo ante un mercado en extremo goloso con la frialdad de un hombre de negocios, señala que la inversión cuenta con el respaldo de una multinacional -cuyo nombre no revelan-, un primer cliente que asegura solidez al proyecto. Apoyados en esta base, el objetivo inmediato es lograr nuevos contratos. En el punto de mira están, como señala el presidente de Egile, «Rolls Royce, Pratt & Whitney, el consorcio formado entre General Electric y Snecma, fabricante del motor históricamente más vendido del mundo, el CFM56... Sin olvidar otros turbinistas no tan conocidos y que trabajan en el campo de la energía, como MTU...». Junkera termina la enumeración con un gesto que indica que, en realidad, en el radar se encuentran todas las grandes compañías. La previsión es alcanzar una facturación de 15 millones de euros anuales a partir de 2019, con previsión de que crezca a medida que se abran mercados.

Los datos

9 millones de euros
ha invertido Egile en la construcción del nuevo pabellón y en la compra de maquinaria de última generación.
2.000 metros cuadrados
ocupa el nuevo edificio, unas instalaciones que permitirán reordenar la actual sede del grupo.
15 millones de euros
espera facturar el grupo dentro de dos años con la venta de piezas fabricadas mediante superaleaciones.

Junkera afirma que en España no existe ninguna compañía que trabaje con este tipo de superaleaciones para aeronáutica. En Europa, Egile se situará entre las pocas capaces de convencer a los líderes del sector para que externalicen la producción de estas piezas críticas. «Los fabricantes de turbinas son muy competitivos y viven en una búsqueda constante de reducción de costes. Vamos a ser una oportunidad para ellos. Teniendo menos infraestructura y siendo más ágiles, podremos ofrecerles soluciones competitivas».

10% para I+D+i

Llegar a este nivel de excelencia ha requerido una ingente labor en I+D. La compañía destina el 10% de su facturación a este apartado. Alfonso Urzainki, director de Tecnología y Desarrollo de Negocio, explica que Egile cuenta con experiencia en mecánica de precisión desde hace treinta años, «pero hemos ido enriqueciendo esta tecnología para sacarle la máxima rentabildad. Nos hemos complicado la vida y en lugar de buscar soluciones en el exterior, llave en mano, la hemos desarrollado con nuestras capacidades».

Urzainki subraya que «vamos buscando la perfección, de ahí que cada fase del proceso se mida constantemente, al tiempo que retroalimentamos a las máquinas en función de los datos que adquirimos. En resumen, hemos incorporado la tecnología avanzada a la tecnología base con la que ya contábamos».

Este objetivo de ir a la vanguardia en la búsqueda de soluciones ha llevado a la compañía a apostar por la fabricación aditiva, actividad que también se alojará en el nuevo pabellón. Urzainki explica que se optará por el uso de metales en lugar de polímeros, debido a la necesidad de someter a las piezas a procesos posteriores para garantizar la precisión requerida. El director de Tecnología y Desarrollo de Negocio indica que este proyecto requerirá un desarrollo de entre cuatro y cinco años. «La fabricación aditiva se encuentra con el problema de las certificaciones de las piezas de vuelo. Si una de ellas falla, la seguridad quedaría comprometida. Nosotros queremos la máxima perfección y lograr la homologación, de ahí que el plazo de desarrollo sea tan largo».

Junkera añade que esta actividad «la iniciamos para aprender. Los mercados en los que nos movemos no están incorporando esta tecnología de manera masiva. Hay que estudiarla para ver las ventajas competitivas respecto a la situación actual».

Engranajes

Además de las superaleaciones y la fabricación aditiva, Egile quiere estar en punta en el campo de la cinemática (engranajes), un ámbito en el que los componentes también son críticos, «porque el fallo en un diente de la cadena supone que la aeronave cae», indica Junkera sin remilgos. Egile no se arruga ante esta responsabilidad y ha realizado una apuesta estratégica. En este caso, como en el de las superaleaciones, son los propios fabricantes de turbinas los que producen los engranajes. Sin embargo, la compañía de Mendaro realiza estas piezas para dos de las mayores multinacionales, Safran Helicopter Engines y Airbus Helicopter. Un hito con pocos precedentes. La compañía quiere lograr más contratos como proveedor y no descarta convertirse en un fabricante con producto propio.

El presidente de la compañía se muestra orgulloso del puesto alcanzado por Egile, pero no se duerme en los laureles. «Somos maduros en competencias, hemos consolidado nuestra maestría en mecánica y se nos reconoce internacionalmente como líderes en alta precisión, pero no somos lo suficientemente grandes respecto a las posibilidades que tenemos». Toda una declaración de principios que apunta a que Egile seguirá dando sorpresas... positivas.

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