Deshojar la margarita

El PNV se encuentra ahora con el dilema de certificar la derrota de Rementeria, la de Azpiazu o buscar un punto de equilibrio

M. ALVAREZSAN SEBASTIÁN.

La reforma fiscal se ha convertido en un quebradero de cabeza para la dirección del PNV, que se ve obligada a navegar entre dos posturas claramente definidas y contrapuestas en el seno de la propia formación jeltzale y la necesidad de alcanzar un acuerdo con el PSE, estratégicamente volcado en marcar un perfil de izquierda.

Rementaría se ha alineado claramente con la idea de reducir el tipo nominal que pagan las empresas porque genera un efecto negativo. El consejero de Hacienda del Gobierno Vasco, el también nacionalista Pedro Azpiazu, no ha ocultado que su prioridad es conseguir más recursos para aumentar el gasto público y que el epicentro debe ser el aumento de la presión fiscal sobre las empresas. Ayer mismo, el consejero de Hacienda defendía una tesis contraria a la de Rementeria. En su opinión, los problemas que relata el diputado general de Bizkaia no son reales porque Euskadi «tiene un Impuesto de Sociedades que contiene incentivos a la capitalización y otras deducciones, que configuran una presión efectiva baja en términos comparados». Claro, que solo para una pequeña parte de las empresas, las de mayor tamaño.

El fondo

28% es el tipo impositivo general
que se aplica a las empresas en el País Vasco.
25% es el tipo que aplica el Estado
, tres puntos inferior al de Euskadi, y que ha permitido ahora a regiones como La Rioja, Cantabria o Burgos presentar una oferta competitiva para atraer nuevas inversiones.

En el inicio de las negociaciones con el PSE, el pasado mes de julio, el PNV creyó haber encontrado la solución a la jaula de grillos que se había generado dentro del partido, con una propuesta salomónica que fue consensuada con el Gobierno Vasco y las tres diputaciones. Así, el PNV propuso al PSE resolver el problema del tipo rebajándolo al 25% o incluso al 24% para lanzar un mensaje de mayor atractivo que el Estado, pero limitando los márgenes de utilización de algunas deducciones, así como la compensación de pérdidas de ejercicio anteriores. Un modelo en el que encajaban perfectamente los discursos de Rementeria y Azpiazu. El tipo general afecta al 87% de las empresas vascas que no aplican deducción alguna -pero también son las medianas y pequeñas, con un impacto bajo en la recaudación-, lo que contentaría al diputado general de Bizkaia. La limitación de deducciones tendría sin embargo un efecto sensible en las grandes compañías -pocas en número pero importantes en recaudación- lo que permitiría obtener un tipo efectivo superior y, en consecuncia, más ingresos para Hacienda. Esto es, lo que reclama el consejero de Hacienda.

Pero esa fórmula, que valía para contentar 'a los de casa' y también para obtener más ingresos, no parece contentar al PSE. «Lo de tocar el tipo a la baja es una línea roja», defienden, lo que sitúa a la dirección del PNV al borde del ataque de nervios. El PSE se ha alineado claramente con Azpiazu. ¿Pueden admitir la derrota de Rementeria? A la margarita apenas le quedan un par de pétalos.

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