Se cumplen cinco años del cierre de Pasaia

La clausura de la central térmica dejó a Gipuzkoa sin su principal fuente de generación eléctrica

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN.

La central térmica de Pasaia se cerró en noviembre de 2012, dejando a Gipuzkoa sin su única fuente importante de generación eléctrica. Con una potencia neta reconocida de 214,7 megawatios, llegó a suministrar en sus mejores tiempos hasta el 25% de la energía eléctrica que consume el territorio. A su vez, supuso una merma de 41,5 millones de euros en los ingresos anuales de la Hacienda foral, el Ayuntamiento de Pasaia y la Autoridad Portuaria. En este último caso, Iberdrola pagaba por dos conceptos, la concesión del terreno (1 millón de euros) y por los tráficos (300.000 euros).

El cierre de la térmica supuso un mazazo para el puerto de Pasaia
La instalación recibía anualmente 700.000 toneladas de carbón, la mayor parte hulla procedente de Rusia. La desaparición de este tráfico supuso un descenso del 20% en el movimiento de mercancías.

El impacto en la actividad del puerto también fue significativo. Anualmente se movían 700.000 toneladas de carbón, la mayor parte hulla procedente de Rusia, suponiendo el 20% del tráfico total de la infraestructura.

Iberdrola cerró la térmica pasaitarra tras 45 años de historia. La eléctrica justificó la decisión por la obsolescencia de la instalación, aunque seguía funcionando sin problemas, la caída de la demanda en los últimos tiempos y la apuesta irreversible de la compañía presidida por Ignacio Galán por fuentes de energía más limpias y más respetuosas con el medio ambiente.

En la planta trabajaban 67 operarios. La mayor parte fueron recolocados en instalaciones de la eléctrica repartidas por todo el Estado. Algunos, los menos, se prejubilaron o se desplazaron a trabajar a Escocia.

El desmantelamiento de la infraestructura, una labor compleja debido a que requería la descontaminación de los terrenos, finalizó en abril de 2015. El desmontaje, que costó 5 millones de euros, conllevó el derribo de la emblemática chimenea que, con sus 115 metros de altura, ostentó el récord de Gipuzkoa.

La desaparición de la central liberó un muelle y 61.197 metros cuadrados de superficie para nuevos usos. La Autoridad Portuaria apostó por utilizar el espacio para promover el tráfico de contenedores, un negocio que crece en todo el mundo, pero que en Pasaia no se había desarrollado por falta de espacio.

El guante fue recogido por un empresario de Oiartzun especializado en transporte de mercancías por carretera, dispuesto a dar el salto al negocio marítimo. Con este fin constituyó TKN-Shipongline. Esta compañía retomó la línea Pasaia-Amberes en septiembre de 2015, abandonada tiempo atrás por la canaria JSV, pero tampoco consiguió rentabilizarla y la cerró en julio de 2016.

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