El crédito ya no es un problema para la pyme vasca

El crédito ya no es un problema para la pyme vascaGráfico

Euskadi es la comunidad autónoma en la que más creció la financiación el año pasado. Las empresas disponen gracias a la pelea que vive la banca de una barra libre de un dinero muy barato que se encarecerá sin embargo en un futuro

JULIO DÍAZ DE ALDA SAN SEBASTIÁN.

El símil de la financiación como la sangre que riega y da vida al sistema económico de cualquier país es más que acertado. Lo saben bien aquellas empresas a las que su proveedor habitual de 'plasma' financiero les cerró el grifo al inicio o a lo largo de la crisis. Esa falta de crédito se llevó a muchas firmas por delante, complicó el crecimiento a las que estaban sanas y preparadas para el envite y ahogó a otras muchas que han llegado casi muertas al día de hoy. Afortunadamente, ese infierno ha pasado ya y las empresas vascas han dejado de sufrir la falta de préstamos que, eso sí, aunque baratos, solo se dan ahora tras exhaustivos exámenes por parte de las entidades financieras, que exigen más garantías que nunca.

Tanto es así que, según datos del Boletín Estadístico del Banco de España, Euskadi es la comunidad autónoma en la que más crece el crédito y, por si fuera poco -y esto es muy importante- donde la relación entre los préstamos y los depósitos ofrece una ratio más saludable, lo que, a su vez, revela la fortaleza del sector financiero. Así, la financiación creció en 2016 un 2,18% interanual frente a una media en España que, lejos de cualquier avance, mostró un retroceso del 3,97%. La relación entre el dinero prestado y el recogido de la clientela (que revela la capacidad de los bancos de pagar esos depósitos) fue del 0,93, frente al promedio estatal del 1,09. En este nuevo tiempo, surgen además para las empresas nuevas vías de captar recursos más allá de la sucursal de toda la vida, y las compañías -es verdad que todavía solo las más grandes, pero todo se andará- se animan también a acudir al mercado mediante novedosas emisiones de deuda.

Las organizaciones empresariales vascas -tanto Confebask como Adegi- se felicitan de que el escenario sea por fin tan distinto al de los años más duros de la reciente crisis, pero recuerdan que el maná que hoy riega el campo empresarial de Euskadi dejará algún día de caer a semejantes precios para, irremediablemente, volverse a encarecer.

Pablo Martín, director del departamento Económico-Fiscal de Confebask, analiza para DV el escenario. «Los datos globales revelan que esa travesía de desapalancamiento (desendeudamiento) que ha vivido el sector privado (empresas y familias) ha tocado a su fin; al mismo tiempo, el 'stock' (la diferencia entre todos los préstamos vivos y lo que de éstos se va pagando o amortizando), que llevaba un par de años estable, empieza ya a crecer», explica.

«El nuevo crédito a empresas en Euskadi sí que ha crecido», subraya Martín, quien detalla que esa 'alegría' en la concesión de préstamos está siendo más intensa en el segmento de las pequeñas y medianas empresas; por otra parte, las que más habían sufrido durante los años de recesión. «Lo que nos dicen las empresas es que sí que se ha abierto el grifo. Poco a poco, pero se ha abierto», añade. Para recordar a continuación que «los bancos también han vivido su propia reconversión y su adelgazamiento en medio de una tormenta perfecta como fue la que supuso una morosidad enorme junto a unas exigencias de solvencia y de coberturas por parte del Banco Central Europeo muy elevadas». «Algo, no nos engañemos, imprescindible para que el sistema aguante», añade.

Aunque no con la alegría de antes, relata el experto, el crédito bancario ha regresado hace ya un par de años a Euskadi. «Hay muchísima liquidez, pero las exigencias de la banca a los clientes son mucho más duras; ahora piden más garantías, más avales, más reavales...», asegura. Y matiza: «Si superas el filtro, tendrás dinero, y dinero barato».

Prueba también de que esa tensión financiera ha amainado es que la Encuesta de Coyuntura que esta semana ha presentado Adegi revela que el de la financiación es el último de los problemas de las empresas del territorio en una lista de doce. Un puesto que, además, ocupa desde hace tiempo.

«En 2015, el 12% nos decía que el crédito le suponía un contratiempo, en 2016 ese porcentaje se redujo al 8,4% y ahora hablamos ya de menos del 6%; hemos vuelto a la normalidad», sentencia Patxi Sasigain, director de Competitividad e Innovación de la patronal guipuzcoana.

Pero, tirando de prudencia, Sasigain advierte de que lo que sí desasosiega a las empresas es «el descenso de los márgenes», lo que puede afectar a la caja y, de manera indirecta, a todo el ámbito de la financiación. El experto de Adegi, que reconoce que la travesía de la crisis ha dejado «algunos 'zoombies'», llama la atención sobre el auge casi desconocido de la financiación no bancaria; un sector en el que las empresas vascas (las medianas-grandes) empiezan a ser activas. La última, en un gesto inédito en la historia del cooperativismo, ha sido Ulma, que acaba de presentar una emisión de deuda en el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF) de hasta 50 millones de euros.

Otra de las grandes ventajas del nuevo escenario es que la diferencia del coste de financiación que pagan las empresas vascas respecto a sus principales competidores europeos se ha recortado enormemente, sobre todo para esas pymes, que apenas sufren hoy un 'gap' del 0,07%.

Se acaba así un lastre con el que han tenido que pelear durante años y que ha supuesto un doble esfuerzo al tejido productivo vasco para mantener -como ha mantenido- la competitividad frente a firmas alemanas o francesas.

Según los datos que maneja Confebask, las pymes, que llegaron a pagar el doble que las germanas, se financian hoy a un precio medio del 2,23%, «la cifra más baja nunca alcanzada y que supone 3,13 puntos menos que en el máximo de abril de 2013, cuando se pagaba un 5,36%».

En este punto, Pablo Martín, que no duda en subrayar la importancia de la política monetaria desarrollada por el Banco Central Europeo (BCE) a lo largo de la crisis, lanza un serio aviso a navegantes: «La retirada de los estímulos del banco central llegará». Dicho en plata, nadie sabe cuándo exactamente (eso sí el proceso se activará a partir de enero), pero Mario Draghi dejará de inyectar oxígeno en la economía continental mediante la compra de activos e, irremediablemente, los tipos subirán. Por ahora, las aguas están calmadas, pero no es menos cierto que al otro lado del Atlántico, la responsable de la Reserva Federal, Janet Yellen, ya ha dejado claro que en breve iniciará el 'tapering' o reducción del balance. Draghi lo hará un poco más tarde y con prudencia, pues la inflación no responde, pero llegará el momento.

En esa tesitura que se adivina para dentro de un tiempo, quien no esté preparado para el largo plazo, volverá a sufrir. Eso mismo advierte Pío Aguirre, director general de Elkargi -la gran Sociedad de Garantía Recíproca vasca-, quien insiste en que por muy saneado que uno esté, «la planificación a medio y largo plazo es esencial para la pura supervivencia».

«El corto plazo está resuelto para algunos, y las empresas que han sobrevivido a la crisis son dignas de felicitación; ¡enhorabuena, eres un héroe! pero has de seguir caminando», advierte Aguirre. A su juicio, «el apetito inversor -dígase el hambre de los bancos por prestar- y la liquidez a expuertas que existe no significan que todas las empresas, sobre todo las pymes, los comercios o los autónomos, tengan realmente ordenadas sus finanzas».

«Hay una catarata de dinero, pero, cuidado, es un poco espejismo, detrás puede haber una pared muy dura», añade Aguirre, que alerta de la necesidad de «pensar a diez años vista». «Muchas empresas temen una rotura de 'stock', pero nadie piensa en una rotura de crédito, que también te puede pasar, y en ese espejismo puedes acabar bebiendo arena», afirma.

El responsable de la primera SGR de España aconseja a los directores financieros vascos (y a quienes realicen esa función en las empresas más pequeñas) que «se esfuercen y piensen estratégicamente». «Que diversifiquen las fuentes de financiación, que mejoren los recursos propios, y si no pueden, que pidan ayuda, que la hay», concluye.

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