La constructora Isolux pide el concurso y afronta el desguace

J. A. BRAVO MADRID.

La cuenta atrás para la liquidación de Isolux ya ha comenzado; la duda es si será solo parcial o, por el contrario, desaparecerá la compañía tal como se la conoce hoy. Los representantes de los grandes bancos españoles -salvo el BBVA- que son, a la vez, acreedores y principales accionistas de la multinacional se están planteando «seriamente» la posibilidad de trocearla para vender sus activos que sean rentables al mejor postor y, con ello, recuperar parte de lo que se les adeuda, según fuentes del sector.

La decisión no está tomada aún pero es una de las opciones que ha cobrado más fuerza en las últimas horas tras confirmarse ayer que la compañía pedirá el concurso voluntario de acreedores, después de pasar tres meses en la fase previa a esa declaración de quiebra técnica. En todo ese tiempo el consejo de administración se ha mostrado incapaz de convencer a la banca para aportar más fondos, en torno a 400 millones para cubrir las necesidades de liquidez a corto y medio plazo: proveeedores, contratos en ejecución y los dos ERE ya en marcha.

En esta tesitura, y tras aprobar la solicitud formal de concurso ante los juzgados de lo mercantil de Madrid, sus seis miembros encabezados por Nemesio Fernández Cuesta presentaron también ayer la dimisión. Precisamente el presidente fue nombrado hace un año con la anuencia de las principales entidades, con CaixaBank a la cabeza.

El banco catalán se convirtió en julio de 2016 en el primer socio de Isolux, con el 15% del capital. Fue tras la reestructuración forzosa de la deuda del grupo constructor, con el canje de 2.365 millones de euros en créditos por títulos y la asunción de otros 696 millones en avales, solución aceptada por una veintena de entidades privadas y públicas.

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