Barak Berkowitz: «Los empleos menos cualificados acabarán desapareciendo»

Barak Berkowitz en el parque tecnológico de Miramón, donde impartió una conferencia./LOBO ALTUNA
Barak Berkowitz en el parque tecnológico de Miramón, donde impartió una conferencia. / LOBO ALTUNA
Barak Berkowitz, director de Operaciones del MIT

«Hay que adaptarse a los cambios, quién iba a pensar hace veinte años que existirían trabajos como el de 'analista de datos'»

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN.

Barak Berkowitz ofreció ayer una conferencia entre inquietante y optimista. Desde su cargo como director de Operaciones y Estrategia del MIT Media Lab otea un futuro en el que afirma que la inteligencia artificial mejorará la vida de los humanos. Al mismo tiempo admite que la época de transición en la que nos encontramos será «dolorosa», entre otras cuestiones por la pérdida de puestos de trabajo arrebatados por los robots. Berkowitz participó en la Asamblea de la Asociación de Parques Científicos de España desarrollada en Miramón.

- En su conferencia ha afirmado que los cambios tecnológicos que se están produciendo son de tal calibre que «lo van a modificar todo radicalmente» y que esta transformación será «dolorosa». Un mensaje sin duda inquietante.

- (Risas) Sí, a mí también me llena de inquietud.

- Pero, ¿estos cambios serán para bien o para mal?

- La elección es nuestra. Lo fundamental no es si el cambio es bueno o malo, sino si vamos a ajustarnos a la nueva situación. Los humanos no somos proclives a los cambios, nos gustan las tradiciones. Ahí están las culturas, las religiones, los gobiernos... Son estructuras reacias a afrontar nuevos escenarios.

- Si hay algo que provoca inquietud es la robotización de la industria y los millones de desempleados que puede generar. ¿Quienes piensan así son apocalípticos o tienen razón?

- Tienen parte de razón, seguro. Quienes trabajan en empleos poco especializados los irán perdiendo. Hemos crecido en un mundo en el que definías a alguien por el trabajo que realizaba. Vamos a entrar en otro mundo. En el futuro, no sé cuándo, tendremos que encontrar una manera de redistribuir los recursos y la riqueza que no esté basada en el trabajo.

- ¿Si el desempleo llega a ser masivo, es partidario de implantar una renta básica universal para aquellos cuyo trabajo sea reemplazado por robots?

- Sí, habrá que encontrar alguna fórmula, pero no sé si la renta universal será la más adecuada. Es incuestionable que, por ejemplo, se perderán muchísimos puestos de conductor, porque los coches autónomos serán dirigidos por máquinas. Por tanto, debemos pensar en cómo vamos a organizar un entorno con menos puestos de trabajo y al mismo tiempo conseguir dinero para vivir.

«Será difícil adaptarse a los cambios tecnológicos por la velocidad enloquecida a la que se producen »

«Tendremos que encontrar una manera de distribuir los recursos que no esté basada en el trabajo»

- ¿Un mundo abocado a unos cambios tan radicales, donde las personas pierden sus puntos de referencia, como el trabajo, no es terreno abonado para los populismos?

- Sí, hasta cierto punto ya lo estamos viendo. No obstante, los que nos movemos en el mundo de la inteligencia artificial pensamos que se generarán nuevos puestos de trabajo, pero no sabemos cuáles van a ser. Por tanto, no puedo responder con exactitud a la pregunta de si habrá trabajo para todos, pero lo que sí sé es que habrá disrupciones, es decir, que los empleos que surjan serán muy diferentes a los de ahora. Quién se iba a imaginar hace veinte años que surgiría un trabajo que se llamaría 'analista de datos' o 'programador de teléfonos inteligentes'. Ahora bien, hay que explicar a la gente que tiene que ajustarse a los cambios y los gobiernos deben ayudar en este camino.

- Señala la necesidad de ajustarse a los cambios, pero usted ha resaltado la velocidad exponencial a la que se están produciendo y ha manifestado sus dudas sobre la capacidad de las personas para adaptarse. ¿Se puede acabar creando una sociedad a dos velocidades?

- Todos vamos a tener que engancharnos a las nuevas tecnologías. No nos podemos quedar atrás, aunque será difícil adaptarse a la velocidad enloquecida de los cambios tecnológicos. Hay estudios sobre el daño adictivo que pueden provocar las tecnologías que reclaman la atención del usuario. Uno de los especialistas en este campo, Tristan Harris, miembro del comité ético de Google, afirma que hoy por hoy nuestra economía se basa en el marketing, la publicidad... Esta última reclama atención, que la gente se concentre en tu producto cada vez en periodos más cortos. Es la economía basada en el 'click'. Pero este sistema no sienta bien a nuestro cerebro, porque acaba comportándose como un toxicómano. De ahí que todos debamos aprender a tener un nivel de conexión y de desconexión de las tecnologías.

- Pero este ajuste de las personas y de la economía a las nuevas tecnologías puede ser conflictivo.

- El problema radica en el periodo de transición. Los ordenadores y la inteligencia artificial seguirán ahí estemos conectados o no. Quiero pensar que seguiremos cuerdos, que no vamos a perder la cabeza, pero para ello tendremos que aprender a confiar más en los ordenadores, no menos.

- Usted afirma que los ordenadores serán capaces de igualar las capacidades del cerebro pero, ¿estarán dotados de ética?

- La inteligencia artificial sí estará dotada de ética, tal y como explica Max Tegmark (astrofísico del MIT), en su libro 'Vida 3.0: ser humano en la era de la inteligencia artificial'. Estas inteligencias contarán prácticamente con las mismas características que definen la vida: capacidad de crecer, de reproducirse, marcarse objetivos...

- No deja usted de inquietarme. ¿Podrán tomar el control del mundo?

- Yo también me lo planteo pero, ¿para qué iban a querer dar ese paso? A veces tenemos miedo de acabar siendo meros acompañantes de la inteligencia artificial. Creo que lo fundamental es saber cuánto nos iba a molestar esa situación. Parte del problema radica en que a los humanos nos gusta ser superiores. Nuestra identidad se basa en que estamos al cargo de las cosas, pero el futuro no va por ahí. De aquí a doscientos años la vida va a ser muy diferente.

- Muy diferente pero, y volvemos al principio de la entrevista, ¿para bien o para mal?

- Soy muy optimista, especialmente pensando en el futuro a largo plazo. Cuando recordamos las hambrunas que ha pasado la humanidad y que, gracias a la creatividad de nuestra especie, este sufrimiento se ha mitigado enormemente, me lleno de optimismo. Ahora bien, no soy tan optimista respecto al periodo de transición en el que nos encontramos. Para superarlo, hay que tomar las decisiones ahora. Algunos de los signos menos prometedores aparecen en Estados Unidos -en alusión a Trump- y los más prometedores, curiosamente, provienen de China. No nos gusta su sistema de gobierno pero, aún así, han conseguido que una parte importante de su sociedad, formada por 2.000 millones de personas, se haya subido al tren del cambio.

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