Arcelor pone en marcha un plan para «mejorar la productividad» de Bergara

Exterior de la planta de Arcelor Mittal de Bergara. / DV
Exterior de la planta de Arcelor Mittal de Bergara. / DV

La firma iniciará en breve la pertinente negociación con los sindicatos, en busca de un acuerdo que podría comportar entre veinte y cuarenta salidas

JULIO DÍAZ DE ALDA SAN SEBASTIÁN.

El complicado sector del acero no descansa en busca de la ansiada y necesaria competitividad. Tampoco en Gipuzkoa, que en los últimos tiempos, como el resto de Euskadi, ha vivido tiempos convulsos para la siderurgia. Esa pelea por ganar el favor del mercado frente a competidores a veces no demasiado leales (véase los chinos, por muchas medidas 'antidumping' que se aprueben en Europa) obliga a los principales actores internacionales a no bajar la guardia.

Es el caso de Arcelor Mittal, que desde febrero del año 2016 tiene en marcha un plan de mejora del ebitda en todas sus instalaciones (no solo en las grandes factorías, sino también en los pequeños talleres) denominado 'Action 2020' que, según confirmaron ayer a DV fuentes oficiales del grupo angloindio y también sindicales, llegará en breve a la planta de Bergara.

«Se trata únicamente de mejorar la productividad, y se va a hacer, por supuesto, de manera pactada y acordada con los sindicatos», explicó la multinacional, que detalló que esas conversaciones ya se iniciaron, de manera un tanto informal, antes del verano. La primera reunión seria iba a producirse hoy, pero cuestiones de agenda la han aplazado 'sine die'.

Según ha podido constatar este periódico, la idea no genera excesiva tensión entre los sindicatos (el comité está conformado por cuatro representantes por parte de ELA y de LAB junto a uno de CC OO), que cuentan con que esas salidas pactadas podrían producirse mediante prejubilaciones. «No creo que haya demasiados contratos de relevo, por desgracia, pues no les veo demasiado partidarios de esta vía», confesaba ayer un miembro del comité de empresa.

Este mismo sindicalista, sin embargo, reconocía que «Mittal las salidas que hace las hace bien, con lo que ahí seguro que no habrá grandes problemas». «La cosa es cómo se apañan los que se quedan», añadió. Según sus palabras, de lo planteado hasta ahora por Arcelor Mittal, las centrales presentes en Bergara dan por hecho que «no se van a tocar cuestiones sociales o económicas en este proceso que ahora se inicia».

Así las cosas, y más allá de las condiciones concretas que se puedan pactar, el centro del debate será cómo trabajar en Bergara (cuya plantilla ya sufrió en el pasado al perder el horno) con menos gente. Y es que, según ha posido saber este diario, el objetivo de la empresa es mantener la actual producción, que ronda entre las 250.000 y las 280.000 toneladas al año.

Horquilla

Aunque aún no hay nada concreto encima de la mesa, fuentes solventes cifran el ajuste de plantilla en una horquilla que va de las 20 a las 40 personas. En la actualidad, Bergara cuenta con una fuerza laboral de 153 personas.

De acometerse un ajuste intenso (siempre dentro de esa eventual horquilla), la plantilla quedaría algo por encima del centenar. Puestos en ese hipotético escenario, la incógnita de los sindicatos presentes en la planta es «si se mantendrán los actuales cuatro turnos y si se podrá hacer todo lo de hoy». «No hay que olvidar que Arcelor Bergara es rentable», añaden las mismas fuentes.

El tren de laminado de esta planta trabaja el llamado perfil comercial, que tiene como destino final el siempre oscilante (aunque hoy parece que al alza) sector de la construcción.

En los últimos tiempos, Bergara ha pasado a producir algunas de las medidas que hasta ahora venían haciéndose en la factoría de Arcelor Olabarria, que poco a poco gana peso y presencia en el grupo y en la que se han hecho notables inversiones.

Es la propia planta de Olabarria la que abastece de palanquilla a Bergara, que antes recibía esa 'materia prima' para sus perfiles de la fábrica de Zaragoza (vendida el año pasado a la gallega Megalsa) y de la malograda Arcelor Zumarraga.

Queda un tanto en el aire el tiempo durante el que puedan prolongarse las conversaciones. «Pueden ser dos meses o alargarse hasta los seis», señala la multinacional.

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