Una apuesta arriesgada, pero con CAF y la Spri como socios en el negocio

F. S. SAN SEBASTIÁN.

Jon Bengoetxea desborda pasión por todos sus poros, hasta el punto de que a su interlocutor le entra la duda de si está ante un visionario de los negocios cercano a alcanzar el éxito o ante un emprendedor excesivamente osado. A favor de la primera opción cuenta el hecho de que Tumaker, nacida en 2014, ha desarrollado una línea de impresoras 3D industriales de éxito. Entre sus clientes se encuentran el Grupo Antolín, Boeing, Boch, Mercedes, Audi, Moulinex... También juega a su favor que el salto a las impresoras de uso doméstico lo ha realizado de la mano de CAF -empresa 'segurola' donde las haya- como socio industrial y de Spri Capital Riesgo -Gobierno Vasco- como socio financiero.

El polígono Ugaldetxo no es Silicon Valley. De hecho, la sede de Tumaker se encuentra en un segundo piso de un pabellón entrado en años. Pero en su interior sí se respira un cierto ambiente californiano. Profesionales jóvenes, piezas impresas en todo tipo de formas y colores, máquinas en proceso de montaje y mucha concentración delante de los ordenadores.

¿Y si no se vende?

Optimismo desbordante pero, ¿y si finalmente el mercado no acepta el producto? ¿Y si tras unos inicios prometedores, Voladd acaba en el desván como un juguete del que la gente se ha aburrido? Hay 'gurús' de la tecnología que advierten de que las impresoras de uso doméstico no tienen recorrido. Uno de ellos vaticinó este negro futuro durante su participación en el XXI Congreso de Máquina-Herramienta, desarrollado recientemente en Donostia.

Bengoetxea asume el riesgo, pero tiene fe ciega en Voladd. Y pone ejemplos para sustentar su optimismo. «Cuando salieron al mercado los discos duros de 3,5 pulgadas, IBM afirmó que no valían para nada, pero cuando eclosionaron los PC domésticos, se comieron el mercado. Motorola -añade el CEO- estuvo a punto de no sacar su móvil a la venta, porque las encuestas mostraban que no interesaba. Steve Jobs ya dijo que no había que preguntar a la gente, porque solo sabe de lo que conoce. Sin embargo, en el momento en que vean un nuevo producto, entonces las cosas comienzan a suceder».

Bengoetxea asegura que él y su equipo comparten esa clave. «Trabajamos para que las cosas sucedan. Me baso en vivencias. Tengo una Voladd en casa y veo como interactúa con mi hijo. Es evidente que a la gente le va a interesar. La noche de Halloween fuimos a una cena con amigos y llevamos un montón de objetos hechos con la impresora. Fliparon».

Quizá la clave radique ahí. En la capacidad de Voladd de hacer 'flipar' a la gente.

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