Antxon Garmendia: «El éxito radica en contar con un buen equipo y en la I+D+i»

Garmendia levantó junto a su familia una gran empresa en el sector del plástico./SARA SANTOS
Garmendia levantó junto a su familia una gran empresa en el sector del plástico. / SARA SANTOS

«Hay mucha competencia, pero Gipuzkoa saldrá adelante porque es un territorio emprendedor y además la FP forma jóvenes preparados para cualquier tipo de industria», asegura el fundador y copropietario de Plastigaur

F. S.SAN SEBASTIÁN.

«Es un orgullo recibir un premio que lleva el nombre de Korta, una persona que contaba con unos valores como la capacidad de diálogo y el amor a su tierra». Quien así se expresa es Antxon Garmendia (Ordizia, 1946), un empresario que junto a su familia supo levantar de la nada una compañía como Plastigaur (Andoain), referente internacional en el sector del plástico. Garmendia señala que la clave del éxito radica en rodearse de un buen equipo, llevarse bien con el personal y apostar por la tecnología más avanzada. Se muestra optimista respecto al futuro de Gipuzkoa, porque pese a la competencia existente «tenemos un territorio emprendedor y, además, la FP forma profesionales para cualquier tipo de industria».

Los datos

Ordizia
Antxon Garmendia nació en Ordizia, en 1946, sexto miembro de una familia de ocho hermanos.
Empresario
Fundó junto a su hermano Manipulados Enara y posteriormente Plastigaur.

- ¿Qué supone para usted recibir el premio Joxe Mari Korta?

- No le conocí, pero he sabido de él a través de empresarios y amigos. Todos coinciden en que era una persona con gran capacidad de diálogo y dinamismo, así como en el gran amor que sentía por su tierra y el euskera. Que te den un premio asociado a una persona que tuvo estos valores es maravilloso.

- Usted comenzó su carrera profesional en los años setenta como directivo de Comaypa, posteriormente se hizo empresario y se jubiló tras largos años al frente de Plastigaur. ¿Cómo evolucionó la actividad industrial en ese periodo?

- En nuestro caso, comenzamos con maquinaria de segunda mano. Poco a poco nos dimos cuenta de la importancia que tiene la calidad de lo que fabricas, de ahí que a medida que pasaron los años fuimos adquiriendo maquinaria de alta tecnología. Siempre he sido partidario de contar con equipos modernos, porque son los que marcan la diferencia. Además, abaratan los costes, una cuestión clave en nuestro sector, porque todo se trabaja con resistencias eléctricas.

- ¿Qué papel han jugado las exportaciones en la evolución del negocio?

- Al principio vendíamos solo en el mercado estatal. Las primeras exportaciones se realizaron a Francia. Luego nos extendimos a otros países de Europa, América y África. En la actualidad, el 30% de nuestras ventas se realizan fuera. Somos un referente internacional por la calidad de los productos. De hecho, podríamos incluso exportar más, pero el transporte resulta caro.

- Usted y su hermano dieron el paso de hacerse empresarios en 1978, una época de crisis económica profunda. Fueron valientes.

- Yo trabajaba como director-gerente de la cooperativa de mayoristas de fabricantes de papel. En 1978, un pequeño proveedor de bolsas de papel me dijo que se jubilaba. Le comenté a mi hermano, que estaba a punto de terminar el servicio militar y no tenía trabajo, si le interesaba hacerse cargo de ese negocio y aceptó. Al poco tiempo, pasó los mismo con un proveedor de servilletas de papel. Decidimos formar una sociedad entre los dos hermanos y nuestras mujeres, que también son hermanas, y fabricar los dos productos. Así nació Manipulados Enara. La demanda de servilletas se disparó y compramos una nave en Martutene. Llegamos a fabricar un millón de servilletas diarias.

- Posteriormente, en los años ochenta dieron el salto al sector del plástico.

- Así es. Muy pronto la actividad del plástico empezó a ganar terreno al papel, hasta el punto de que decidimos vender el negocio de bolsas y servilletas para centrarnos de lleno en el polietileno de uso industrial. Plastigaur nació en 1989 y nos desplazamos a una nueva nave de 2.000 metros cuadrados, en Andoain. En 2004 se construyó un pabellón anexo y se adquirió maquinaria de alta tecnología. Fueron momentos de gran expansión.

- También fueron años de violencia extrema de ETA. ¿Cómo lo soportaron?

- Afortunadamente, todo eso se acabó, pero para los empresario fueron momentos durísimos, en los que se pierden las ganas de hacer nada. Con todo lo que supone sacar una empresa adelante, es terrible que encima tengas la amenaza de ETA.

- Su trayectoria como empresario se ha caracterizado por la reinversión, con sucesivas ampliaciones de las instalaciones y de personal. ¿Siente que este empeño por hacer crecer la firma, tanto en su caso como en el de otros empresarios, ha tenido el suficiente reconocimiento social?

- Le voy a contar una anécdota. Hace unos quince años, en un primero de mayo, fui a dar un paseo con mi esposa por el Boulevard. Estaban pasando las manifestaciones y en un momento determinado vino hacia mí una persona que marchaba en el grupo de la CNT y me dijo: 'Si todos los empresarios fueran como usted, yo no estaría en esta manifestación'. Era un trabajador de Plastigaur. Aquello me llenó de satisfacción porque pensé que no estaría haciendo las cosas muy mal cuando un trabajador opinaba así de mí.

- ¿Y la sociedad en general percibe como positiva la labor del empresario?

- No lo sé. Hubo un gobierno que aprobó el Impuesto sobre la Riqueza y las Grandes Fortunas. Era una forma de engañar a la gente, porque era evidente que el que más ganaba pagaba más. Eso ya se hacía y se sigue haciendo ahora. A nosotros nos desmotivaba, porque ese impuesto se pagaba en Gipuzkoa, pero no en Araba o en Bizkaia. Cómo era posible que un empresario de Eibar tuviera que pagar más que uno de Ermua, siendo los dos negocios parecidos. Afortunadamente, vamos hacia la armonización fiscal.

- ¿Cómo ve el futuro de la economía guipuzcoana?

- Gipuzkoa siempre ha sido un territorio innovador y exportador. Hay mucha competencia, pero Gipuzkoa siempre saldrá adelante, porque cuenta con centros de Formación Profesional para dotar de personal a cualquier tipo de fábrica. El espíritu vasco siempre ha sido emprendedor. En todo caso, para que una empresa consiga el éxito es primordial rodearse de un buen equipo humano y que el empresario o el gerente sea capaz de transmitir ilusión, así como tener una buena relación con los trabajadores. También se requiere contar con maquinaria de última generación y apostar por la I+D+i. Cuando a un cliente le das un producto que no espera, si tú lo haces el primero, ya lo tienes como cliente para siempre.

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